Descubrimientos arqueológicos

El yacimiento de la ‘Pompeya española’ sigue dando alegrías: los arqueólogos desentierran un busto de 2.400 años que reutilizaron los romanos en Albacete

Pompeya española
Hallazgo frente al muro perimetral del granero romano en el Parque Arqueológico de Libisosa. Foto: Consejería de Educación, Cultura y Deportes de Castilla-La Mancha.
  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

El yacimiento de Libisosa, conocido como la ‘Pompeya española’ por el modo en que quedó sepultado de golpe hace más de dos mil años, vuelve a acaparar titulares. En Lezuza, un municipio de Albacete, los arqueólogos llevan casi 30 años revelando restos de una ciudad íbera y romana que la Guerra de Sertorio dejó congelada en el tiempo, con calles y objetos cotidianos involucrados.

En pleno verano de 2025, un descubrimiento añadió una pieza más al rompecabezas de esta ciudad fantasma. Durante los trabajos en un sector de época romana, el equipo dirigido por la Universidad de Murcia dio con un objeto de piedra caliza que, a simple vista, parecía formar parte de la construcción. Un análisis detallado reveló que se trataba de algo más antiguo.

Un busto ibérico de 2.400 años escondido en un muro romano de la ‘Pompeya española’

Lo que apareció entre los escombros no era un simple bloque de piedra, sino la cabeza de una escultura ibérica tallada hace 2.400 años, entre los siglos V y IV antes de Cristo. La pieza, de piedra caliza y tamaño casi natural, conserva ambos laterales y la nuca, aunque perdió el rostro con el paso de los siglos.

En este sentido, no caben dudas de que el hallazgo confirma que la ‘Pompeya española’ de Albacete sigue guardando sorpresas bajo tierra.

Momento de la extracción de la escultura
Momento de la extracción de la escultura. Foto: Consejería de Educación, Cultura y Deportes de Castilla-La Mancha.

Como se puede apreciar en la imagen de arriba, lo único que ha sobrevivido es el peinado: una trenza recogida en la nuca y varios tirabuzones cayendo sobre la frente, un detalle que los investigadores consideran clave.

Ese peinado aportaba información precisa sobre la identidad y el estatus social de quien lo llevaba, y todo apunta a un varón joven, quizá un adolescente, de una familia con posición destacada.

«Se conocen muy pocos ejemplares de estas características en el mundo ibérico», señalan los responsables del hallazgo.

¿Por qué se le llama ‘Pompeya española’ al yacimiento de Libisosa?

El apodo tiene su trasfondo, claro. Libisosa, situada bajo el Cerro del Castillo de Lezuza, funcionó como un oppidum ibero y después como colonia romana hasta que la Guerra de Sertorio, entre los años 82 y 72 antes de Cristo, arrasó la ciudad de un día para otro.

A diferencia de un abandono progresivo, aquella destrucción repentina selló calles, casas y objetos cotidianos bajo los escombros, tal como el Vesubio hizo con la ciudad italiana en el año 79.

Justamente, esa parálisis accidental es la razón por la que Libisosa conserva un volumen de hallazgos poco habitual para un yacimiento de su tamaño.

A su vez, cabe remarcar que el recinto ocupa más de 30 hectáreas, de las que apenas un diez por ciento ha sido excavado desde que los trabajos arrancaron en 1996, y aun así ya se han catalogado más de 155.000 piezas. Los expertos calculan que quedan décadas de trabajo por delante antes de que el lugar revele todo su potencial.

A seguir investigando: el estudio que viene sobre el yacimiento de Libisosa

Lo más llamativo del hallazgo es su segunda vida. Unos 400 años después de ser tallada, la cabeza ibérica terminó formando parte del muro perimetral de un horreum, el granero del foro romano de Libisosa, construido en época del emperador Augusto.

En este sentido, es probable que los constructores desconocieran el origen y el significado de la pieza, y que la usasen simplemente como un bloque de piedra más, aprovechable para levantar el muro.

El proyecto está dirigido por Héctor Uroz Rodríguez, profesor de Historia Antigua de la Universidad de Murcia, junto a los codirectores José Uroz Sáez y Guillermo Trenchs Abellán, con la colaboración de equipos de las universidades de Alicante, Valencia, Barcelona, Cádiz y Madrid.

Este flamante equipo ya ha puesto en marcha un estudio arqueométrico e interdisciplinar de la pieza, que incluye el análisis de la composición de la piedra y la búsqueda de restos microscópicos de pigmento que ayuden a reconstruir su aspecto original.

La pista que podría llevar a la necrópolis ibérica

El hallazgo, confirmado en un comunicado oficial de la Consejería de Educación, Cultura y Deportes de Castilla-La Mancha, está financiado también por el Instituto de Estudios Albacetenses y el Ayuntamiento de Lezuza, y podría ser además la pista que faltaba para localizar la necrópolis ibérica de Libisosa, un espacio que los arqueólogos llevan tiempo buscando sin éxito.

Si la cabeza procede de un monumento funerario, como todo indica, el cementerio original debería encontrarse en algún punto todavía sin excavar del entorno inmediato al yacimiento.

Por ahora, la pieza permanece en los laboratorios de la Universidad de Murcia, donde los especialistas confían en poder datar con exactitud el momento en que fue tallada y determinar si conservó en su día algún tipo de pintura, algo habitual en la escultura ibérica, pero que rara vez sobrevive hasta nuestros días.

Para quienes estén interesados en el tema, los resultados se publicarán en una revista científica especializada en los próximos meses.

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