Monsieur Richebourg: La historia del espía francés que medía 58 centímetros
Los arqueólogos descubren en Turquía una fortaleza de unos 3000 años con el tamaño de 17 campos de fútbol que podría ser la capital perdida de un mítico reino de la Edad de Bronce
Las pinturas rupestres más antiguas del mundo: El hallazgo en Sulawesi que cambia la cronología del arte figurativo
La arqueología continúa de enhorabuena: encuentran en Bulgaria armas y herramientas de los legionarios romanos en una ciudad sagrada
El espionaje a lo largo de la historia ha sido práctica común por todos los gobiernos y responsables políticos. Durante la Revolución Francesa se conoció a un pequeño hombre que sirvió como espía para conseguir información importante a los revolucionarios. Y es que nadie sospechaba de Monsieur Richerbourg, un hombre que medía 58 centímetros y que se vestía de bebé del que nadie sospecharía.
Se desconoce el primer nombre de este intrépido espía. Se sabe que nació en Francia alrededor del año 1768 y que sirvió al los duques de Orleans. Según muchos de los escritos de la época, su inteligencia lo llevo a ser uno de los espías más recordados de la revolución, aunque jamás se identificó con un partido o una bandera.
Imposible de detectar
A pesar de que hoy en día tenemos la imagen del espía apuesto tipo James Bond, o aquellos espías que se infiltraban en las tropas nazis para conseguir información sobre Hitler, Richebourg tenía una particular forma de obtener valiosa información para sus clientes.
Desde joven pasó a formar parte de la corte de sirvientes de los duques de Orleans, pero con 17 años fue reclutado por una de las facciones de la Revolución Francesa que lo llevarían a utilizar su intelecto para otras causas.

Richebourg estaba destinado a ser alguien importante lejos de la mayoría de los enanos de la época que veían como su futuro estaba escrito en la carrera en el circo o en espectáculos de variedades cómicos.
El pequeño espía tenía una gran capacidad para memorizar mensajes. Después, se rasuraba por completo y se vestía de niño y era tapado con una manta. Pasaba por las fronteras sin levantar sospechas y en mucha ocasiones era abandonado dentro de un carrito junto a militares para escuchar lo que decían.
Con la excusa de que lo cuidaran durante un tiempo, los oficiales militares accedían a vigilar al pequeño bebé falso mientras él escuchaba todo lo que decían para luego traspasar esa valiosa información a sus superiores.
Pero como decimos, nunca tuvo bandera ni partido, así que fue válido para trabajar con diferentes personas que buscaban todo tipo de información, ya fueran revolucionarios o partidarios de Antiguo Régimen.
A pesar de ello, en Francia corrió la voz sobre la existencia de un espía enano que se había convertido en alguien muy famoso. Pero nadie consiguió atraparle y vivió sus días como un hombre rico hasta que en 1858, con 90 años, murió.