Bombazo arqueológico: hallan bajo tierra sarcófagos 60 toneladas que redefinen el transporte subterráneo en el Antiguo Egipto
El descubrimiento del Serapeum de Saqqara ha desconcertado a los investigadores durante décadas. Debajo de la arena, una red de túneles alberga sarcófagos de granito cuya colocación parece desafiar las leyes de la física antigua.
Un estudio propone una tesis revolucionaria: el uso de ingeniería hidráulica avanzada para posicionar estos moles mediante la flotación y el hundimiento controlado en el subsuelo egipcio.
Cómo los pesados bloques de granito alcanzaron las profundidades de Saqqara
Durante años, la egiptología académica defendió que cientos de obreros arrastraron estos sarcófagos de 60 a 100 toneladas sobre rodillos y rampas de madera.
Sin embargo, nuevas evidencias geológicas publicadas en ResearchGate sugieren que esta explicación resulta inviable desde un punto de vista técnico. Los análisis confirman que los túneles y las rampas del complejo no se tallaron sobre roca dura, sino sobre un material conocido como esquisto blando.
Este mineral posee una dureza de apenas 2,5 en la escala de Mohs, lo que lo convierte en un terreno extremadamente inestable. Un suelo tan blando sería incapaz de soportar la inmensa presión de los rodillos cargados con decenas de toneladas de granito.
Además, las paredes de esquisto no permitirían anclar con seguridad los cabrestantes necesarios para tirar de las cajas, ya que el material se desmoronaría ante la tensión.
Esta imposibilidad física obliga a replantear la logística del transporte subterráneo en el antiguo Egipto.
¿Es geotécnicamente imposible el transporte terrestre de los sarcófagos en el Serapeum?
La nueva investigación propone la Teoría del Transporte Hidrológico y la Sedimentación. Según este modelo propuesto por el científico Heinz-Dieter Hauger, los antiguos ingenieros no utilizaron la fuerza bruta, sino que aprovecharon el ahora desaparecido brazo Ahramat del Nilo para alimentar una cuenca hidráulica preparada específicamente en Saqqara.
Los sarcófagos habrían llegado a sus nichos mediante un sistema de flotación y hundimiento controlado, utilizando el agua como vehículo para minimizar la fricción y el peso sobre el frágil suelo de esquisto.
Este proceso hidrológico inició el cerramiento de las piezas por sedimentación natural. La evidencia científica sostiene que, durante aproximadamente 1.500 años, el limo y la marga consolidada envolvieron las cajas de granito.
Con el paso de los siglos, estos sedimentos se secaron hasta formar el esquisto blando que los arqueólogos encuentran hoy en las galerías. Esta secuencia explica por qué los sarcófagos parecen estar «empotrados» en un material que no podría haber resistido su paso por métodos convencionales.
La sofisticada ingeniería hidráulica en el Serapeum de Saqqara y las huellas del pasado
Existen pruebas físicas contundentes que corroboran esta tesis. La disposición de las bóvedas en el Serapeum parece optimizada para permitir un flujo uniforme del agua y los sedimentos, un diseño propio de una obra hidráulica.
Además, las paredes de los depósitos presentan estrías similares a huellas dactilares que coinciden con los sedimentos anuales dejados por las crecidas del río.
Incluso el comportamiento de los antiguos saqueadores aporta pistas sobre la naturaleza del terreno. Al intentar mover las piezas, los ladrones se vieron obligados a anclar sus herramientas directamente a las pesadas cajas de granito para obtener estabilidad, ya que el sedimento circundante era demasiado blando para ofrecer apoyo.