Homo Erectus

La historia se tambalea: nuevos fósiles en Georgia sugieren que el Homo erectus no salió solo de África hace 1,8 millones de años

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Blanca Espada

Durante años se asumió que el primer gran salto fuera de África lo protagonizó una única especie: el Homo erectus. Un relato que describía una expansión temprana pero relativamente uniforme, con un único linaje humano ocupando Eurasia hace casi dos millones de años. Sin embargo, el yacimiento georgiano de Dmanisi, uno de los enclaves más importantes del Pleistoceno temprano, vuelve a poner ese escenario patas arriba.

Allí, en las colinas del Cáucaso, aparecieron hace décadas cinco individuos cuyos cráneos y mandíbulas mostraban una variabilidad desconcertante. Durante mucho tiempo, la explicación dominante fue el dimorfismo sexual: machos y hembras muy distintos entre sí, como ocurre con los gorilas. El debate se mantuvo vivo, pero la etiqueta Homo erectus seguía aglutinando a todo ese conjunto fósil. Ahora, un nuevo estudio publicado en PLOS ONE reabre la discusión con una evidencia diferente: los dientes. Y sus resultados apuntan a algo que cambia por completo el relato tradicional. Las diferencias observadas en las piezas dentales apoyan que en Dmanisi convivieron dos taxones distintos, probablemente dos especies primitivas diferentes y no una sola.

Nuevos fósiles en Georgia sugieren que el Homo erectus no salió solo de África

La antigüedad del yacimiento Dmanisi, cercano a los 1,8 millones de años, lo convierte en el registro más antiguo de presencia humana fuera de África. Pero no sólo es cuestión de edad: la diversidad morfológica entre los cinco individuos que allí se hallaron siempre ha sido demasiado grande para encajar cómodamente en una única especie.

Así el contraste entre el cráneo D4500, de aspecto robusto y rasgos considerados más primitivos, y otros como D2282, mucho más gráciles, alimentó la sospecha de que se estaba mezclando más de un linaje. Algunos investigadores incluso propusieron denominaciones provisionales, Homo georgicus para los individuos más robustos y Homo caucasi para los más modernos, aunque nunca hubo consenso para adoptarlas formalmente.

Hasta ahora, la discusión se apoyaba sobre todo en los cráneos. El nuevo estudio ha buscado respuestas en un elemento mucho más estable: la dentición.

Los dientes como archivo fósil

La investigación recuerda que los dientes son estructuras excepcionalmente resistentes y menos susceptibles a deformarse con el paso del tiempo. Por eso, su forma y tamaño pueden ofrecer pistas taxonómicas más fiables que algunos huesos del cráneo. El equipo, liderado por Victor Nery (Universidad de São Paulo) y con la participación de Walter Neves, Leticia Valota y Mark Hubbe, midió el área de la corona de premolares y molares posteriores. Ese dato, aplicado mediante un Análisis Discriminante Lineal, permite comparar patrones dentales a gran escala.

Para ello reunieron una base de datos monumental: 1.572 dientes de 1.080 fósiles, desde australopitecos como Australopithecus afarensis hasta neandertales y humanos actuales. En ese mapa morfológico situaron a tres de los individuos mejor conservados de Dmanisi:

  • D4500 y su mandíbula D2600,
  • D2282 con D211,
  • y el joven D2700 junto a D2735.

Los resultados no han pasado desapercibidos.

Un individuo encaja entre australopitecos; los otros dos, en el género Homo

El análisis de los dientes superiores fue el más revelador. El individuo D4500-D2600, el más grande y robusto, se clasificó con una probabilidad cercana al 78 % junto a Australopithecus africanus, un grupo más antiguo y anterior al propio género Homo. Dicho de otro modo: su patrón dental recuerda más al de homínidos primitivos que al de humanos tempranos.

Mientras tanto, los otros dos especímenes, D2282-D211 y D2700-D2735,  se agruparon sin ambigüedades con especies del género Homo, como el Homo habilis y Homo sapiens.

Con los dientes inferiores el patrón se repitió, aunque de forma menos marcada. Los tres aparecen inicialmente clasificados como Homo erectus, pero con probabilidades bajas. Al observar las segundas opciones, la separación vuelve a manifestarse: el fósil robusto se acerca nuevamente a australopitecos, mientras los otros dos se alinean con especies humanas posteriores como Homo heidelbergensis.

¿Puede explicarse por dimorfismo sexual? 

El equipo no descartó la hipótesis clásica. Compararon la diferencia en medidas dentales con las variaciones entre machos y hembras de gorila y chimpancé, especies con un dimorfismo sexual extremo. Las proporciones de Dmanisi encajaban dentro de ese rango, lo que significa que, técnicamente, podría tratarse de una sola especie.

Pero los autores señalan que esta no es la explicación más sólida. El tamaño de los dientes no es el único factor, dado que la forma, las proporciones y rasgos concretos, como un tercer molar inusualmente grande en D4500, son típicos de homínidos más primitivos. Así, la diferencia no parece solo de sexo, sino de linaje y supera la que normalmente se observa dentro de una única especie de Homo.

Repercusiones: una salida de África más compleja de lo que se pensaba

Si Dmanisi alberga dos taxones distintos, la narrativa de una única expansión de Homo erectus pierde fuerza. El estudio plantea que la dispersión humana temprana probablemente no fue un único evento, sino una secuencia más compleja, con varias oleadas, diferentes linajes coexistiendo y procesos de especiación dentro de Eurasia.

El individuo D4500, con sus rasgos próximos a australopitecos,  plantea cuestiones como ¿corresponde a una migración aún más antigua?, ¿o se trata de un linaje primitivo que evolucionó fuera de África tras divergencias tempranas?

La investigación apunta además a otros hallazgos recientes, como herramientas olduvayenses y marcas de corte en Jordania o Rumanía anteriores a la llegada de Homo erectus, que refuerzan la idea de un panorama más amplio y diverso.

De este modo, el estudio asegura que la evidencia dental apoya la presencia simultánea en Dmanisi de dos especies distintas, identificadas provisionalmente como Homo caucasi y Homo georgicus. Por ello, la salida de África ya no parece una línea recta protagonizada por un solo espécimen. Dmanisi muestra un escenario más parecido a un cruce de caminos, con varias ramas humanas conviviendo, mezclándose o desapareciendo mientras otras avanzaban hacia nuevos territorios.

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