Un ejemplo para el mundo: el pasatiempo al que juegan niños de todo el mundo sin saber que lo inventó un madrileño en los años 60
Cuando hablamos de grandes inventores españoles se nos suele olvidar mencionar a Pedro Ocón de Oro. Sin embargo, este madrileño cambió para siempre los pasatiempos con creaciones como la sopa de letras.
Buscar palabras entre unas letras aparentemente desordenadas parece algo tan sencillo que cuesta creer que se inventó hace tan poco. Pese a ello, la sopa de letras no ganó fama hasta los años 60.
Además, la sopa de letras no fue el único invento de Pedro Ocón de Oro, que desarrolló centenares de juegos que hoy en día encontramos en casi cualquier revista del mundo.
El pasatiempo mundial que inventó un madrileño en los años 60
La sopa de letras se ha convertido en uno de los juegos de palabras más reconocibles del mundo. No necesita tablero, fichas ni instrucciones complejas. Basta con mirar una cuadrícula y buscar los términos propuestos en horizontal, vertical o diagonal.
Lo que pocos saben es que fue un madrileño, Pedro Ocón de Oro, quien lo popularizó en los años 60, como un añadido para hacer más entretenido el periódico.
No podía ser otro el inventor, ya que Ocón de Oro con 16 años ya ganó un concurso de crucigramas del diario Madrid y desde entonces empezó a crear sus propios juegos para diferentes publicaciones.
Por qué la sopa de letras es el juego perfecto para niños y adultos
La sopa de letras es perfecta porque las normas del pasatiempo se aprenden en un segundo y no se necesita ningún material más allá de un bolígrafo para marcar las palabras.
Lo mejor es que se puede adecuar la dificultad a cualquier edad. Un niño puede resolver una sencilla y un adulto puede enfrentarse a una más compleja sin que cambie el principio básico del juego.
Además, convierte la lectura en búsqueda, ya que los ojos recorren letras aparentemente desordenadas hasta que una palabra aparece de golpe. Esa pequeña recompensa es la que hace que el pasatiempo enganche.
Desde un punto de vista educativo, ayuda a reconocer palabras, refuerza la atención y convierte el vocabulario en una actividad lúdica. Los niños lo rellenan sin sentir que están haciendo deberes y los lectores mantienen el periódico en la mano incluso cuando las noticias ya no están de actualidad.
Ocón de Oro entendió muy bien esa mezcla de diversión y esfuerzo mental. Esa lógica se ve en todos sus pasatiempos tenían el punto justo de reto para ocupar un viaje, una tarde o una página arrancada del periódico.
Pedro Ocón de Oro, el madrileño que convirtió los pasatiempos en un fenómeno mundial
Pedro Ocón de Oro fue uno de los grandes nombres de los pasatiempos en España. Nacido en Madrid en 1932, comenzó a demostrar su habilidad con las palabras siendo adolescente y desde entonces desarrolló sus propios juegos.
A lo largo de su carrera creó más de 600.000 pasatiempos, publicados tanto en libros como en periódicos españoles e iberoamericanos. Aunque destacó especialmente por sus jeroglíficos, también ideó formatos propios como el oconograma, el cuadrograma y la transfusión de letras.
Ocón de Oro también dirigió varias publicaciones especializadas, entre ellas Pasatiempos de Oro, aparecida en 1958; Crucigramas Oconoro, lanzada en 1968; Sopa de letras, publicada desde 1976, y Juegoramas.
Falleció en Madrid el 27 de junio de 1999, pero su obra no terminó con su muerte. Sus hijas, Chelo y Paloma, continuaron desarrollando y difundiendo el trabajo de quien convirtió una afición cotidiana en un oficio creativo.