Descubrimientos arqueológicos

Conmoción entre los arqueólogos tras el hallazgo de unas vigas quemadas en Israel: la prueba definitiva de la destrucción del templo de David hace 2.600 años

Templo de David
Madera carbonizada en el yacimiento de Ciudad de David. Foto: Reut Vilf, fotógrafa de la Ciudad de David.
  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Jerusalén guarda cicatrices milenarias bajo su suelo, y una de las más elocuentes acaba de salir a la luz en las excavaciones de la Ciudad de David. Un equipo conjunto de la Universidad de Tel Aviv y la Autoridad de Antigüedades de Israel ha desenterrado unos restos que podrían aportar la evidencia más contundente hasta la fecha sobre el destino final del templo de David.

El hallazgo se produjo apenas unos días antes de Tisha B’Av, la fecha del calendario judío que conmemora precisamente la destrucción de los dos templos de Jerusalén. Los arqueólogos llevaban meses trabajando en el yacimiento cuando dieron con un material que rara vez sobrevive al paso de los siglos.

Vigas quemadas: la prueba que confirma la destrucción del templo de David

La respuesta a lo que los investigadores buscaban llegó en forma de madera calcinada. En el yacimiento del aparcamiento de Givati, dentro del Parque Nacional de las Murallas de Jerusalén, el equipo dirigido por Efrat Bocher localizó vigas de gran tamaño que en su día sostuvieron el techo de un patio interior.

Cuando el fuego arrasó el edificio, la estructura se derrumbó y la madera quedó carbonizada sobre el suelo. Lo verdaderamente asombroso es lo que ocurrió después: el yeso de las paredes, fundido por el calor extremo, cayó sobre los restos y los selló durante 2.600 años.

Cabe remarcar que esa capa protectora es la que ha permitido a los arqueólogos, según explican en un comunicado conjunto de la Universidad de Tel Aviv y la Autoridad de Antigüedades de Israel, confirmar que se trata de restos arrasados por las tropas babilónicas en el 586 a. C.

Por su parte, Bocher resumió la emoción del equipo con estas palabras: «Estamos justo antes de Tisha B’Av. Este descubrimiento te hace sentir que estás presenciando el mismo momento de la destrucción».

Dendrocronología: la técnica que data los restos del templo de David con una precisión sin igual

Hay que señalar aquí que el hallazgo también supone un salto científico. La investigadora Johanna Regev, de la Autoridad de Antigüedades de Israel, explicó que es muy raro encontrar en Israel madera con tantos anillos de crecimiento visibles.

Excavaciones de la Autoridad de Antigüedades de Israel en la Ciudad de David.
Excavaciones de la Autoridad de Antigüedades de Israel en la Ciudad de David. Foto: Reut Vilf, fotógrafa de la Ciudad de David.

Justamente es esta condición la que abre la puerta a la dendrocronología, la técnica que analiza los anillos del tronco para fechar la madera con una exactitud inédita para este periodo.

Y es que hasta ahora, quienes trabajaban con restos del templo de David solo podían fechar sus hallazgos en horquillas de varios siglos.

Gracias a estas vigas, ese margen se reduce a apenas diez años, según detalló Regev. Es una mejora que podría aplicarse a otros yacimientos de la época y ayudar a precisar cronologías que llevan décadas discutiéndose entre historiadores y arqueólogos.

La Ciudad de David y el «paisaje de memoria» que dejaron los babilonios

El Primer Templo, erigido en tiempos del rey Salomón, hijo de David, fue el centro religioso de Jerusalén hasta que Nabucodonosor II lo arrasó durante la conquista babilónica de la ciudad. El episodio marcó el inicio del exilio y sigue siendo uno de los capítulos más estudiados de la arqueología bíblica.

El arqueólogo Yiftah Shalev, codirector de la excavación junto al profesor Yuval Gadot, apunta a un detalle que cambia la lectura del hallazgo: las ruinas no se retiraron tras el incendio, sino que se dejaron visibles.

A su vez, Shalev lo describe como un «paisaje de memoria», es decir, una elección deliberada de dejar las ruinas en su lugar como testimonio de lo ocurrido.

Ese gesto, señalan los investigadores, explicaría por qué buena parte de las capas de destrucción del Jerusalén de la época se han conservado casi intactas hasta nuestros días, en lugar de haber sido niveladas para levantar nuevas construcciones encima. La ciudad, literalmente, convivió durante generaciones con las cenizas de su propio templo.

¿Y qué cambia este hallazgo en la arqueología de Jerusalén?

Para el equipo de la Ciudad de David, el hallazgo no cierra el caso: lo abre. Las vigas seguirán bajo análisis en los próximos meses, y los investigadores confían en poder extraer todavía más información sobre la vegetación y el clima de Jerusalén hace 2.600 años a partir de los propios anillos de la madera.

Ese tipo de análisis, conocido como dendroclimatología, permite reconstruir sequías, cambios de temperatura o disponibilidad de recursos forestales en periodos muy anteriores a cualquier registro escrito.

Aplicado a un yacimiento tan documentado históricamente como Jerusalén, podría convertirse en una herramienta clave para contrastar los relatos bíblicos con evidencia física verificable, algo que lleva décadas siendo motivo de debate entre especialistas.

De momento, lo que queda expuesto en el yacimiento es, literalmente, la huella carbonizada de una noche de destrucción: un techo que se vino abajo, un incendio que selló su propio rastro bajo el yeso derretido y una ciudad que decidió no borrar esa cicatriz de su paisaje.

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