Koldo y Ábalos en su última palabra denuncian que «el proceso estaba predeterminado desde el principio»
El ex ministro y su asesor se presentan como víctimas de un juicio "orquestado" ante el Supremo
El ex ministro de Transportes José Luis Ábalos y su ex asesor Koldo García han utilizado este miércoles su derecho a la última palabra ante la Sala Segunda del Tribunal Supremo para denunciar que el proceso judicial que les ha llevado al banquillo ha estado «predeterminado desde el principio», cargando contra los juicios paralelos, las filtraciones a medios y lo que consideran una campaña de descrédito orquestada.
Tras sus alegatos, el tribunal ha dejado la causa vista para sentencia, poniendo fin a catorce sesiones de juicio oral en las que la Fiscalía Anticorrupción reclama 24 años de prisión para Ábalos y 19 años y medio para García.
Ábalos ha arrancado su intervención con un tono grave y cansado. «Me juego la poca vida que me queda que no es demasiado», ha dicho el ex dirigente socialista y mano derecha de Pedro Sánchez antes de denunciar las condiciones en las que ha afrontado el proceso.
«Venimos esposados, madrugamos, llegamos muy de noche. Es una especie de tortura diaria», ha afirmado, contrastando su situación con la de Víctor de Aldama, el comisionista acusado que ha comparecido en libertad durante todo el juicio.
Sobre el fondo del proceso, el ex ministro ha sido contundente: «Toda esta causa estaba predeterminada. Todo el proceso ha ido con esa predeterminación acompañado con la presión mediática».
Ábalos ha denunciado también que en octubre de 2025 se le obligó a declarar con un abogado que había rechazado expresamente, después de que ese letrado declarara en televisión la noche anterior que no iba a preparar su defensa. «Esto no es limitar el ejercicio de la defensa, es simplemente anularla», ha afirmado.
El ex ministro ha cargado además contra lo que ha calificado de campaña mediática orquestada. «Este juicio paralelo no ha sido una cuestión de una opinión libre. Ha estado orquestada, financiada y guiada», ha dicho, añadiendo que se ha pretendido conformar una imagen suya «tan deshumanizada en lo moral y en lo reputacional, que parezca que es capaz de cualquier hecho».
Ha criticado también que el propio fiscal haya «celebrado» los juicios paralelos: «Me parece pura melancolía hablar del derecho al honor. Es imposible defenderse».
Respecto a las acusaciones concretas, Ábalos ha restado importancia a los hechos que se le imputan. «Dos contratos temporales, ¿eso es colonizar la administración?», ha preguntado en referencia a las contrataciones de Jésica Rodríguez y Claudia Montes en empresas públicas.
Y sobre las supuestas comisiones mensuales: «Yo no tengo nada de beneficios. Me dicen que participo del reparto de 10.000 euros mensuales. ¡Qué barato que soy!».
Koldo: «No me pueden dañar más»
Antes que el ex ministro, Koldo García ha pronunciado un alegato aún más emocional y combativo, en el que ha acusado directamente al abogado de la acusación popular del PP, Alberto Durán, de haberle ofrecido eludir la cárcel a cambio de implicar a más personas.
«A mí también me ofreció el abogado del PP que colaborara, claro, mintiendo y engañando a todos los españoles», ha aseverado, añadiendo que la presión incluía amenazas contra su familia: «Me dijeron: ojo, que pueden ir tu mujer y tu hermano a la cárcel, y entonces tu hija».
García ha insistido en que puede demostrar sus afirmaciones: «Lo que estoy diciendo lo puedo demostrar. No estoy hablando por hablar».
El ex asesor ha negado con vehemencia haber recibido dinero alguno. «No he aceptado ni un solo euro del señor Aldama. No tengo nada. Una furgoneta de 18 años, una moto, hipotecas. He dormido en el coche. Mi suegra me ha pagado el colegio de mi hija», ha relatado.
Y sobre las célebres «chistorras», el término que la acusación vincula a billetes de 500 euros, Koldo García ha ofrecido una explicación diferente: «Era un farol en un mitin delante de Aldama y otros empresarios», negando que se tratara de lenguaje en clave para referirse a dinero en efectivo.
Koldo García también ha mostrado su perplejidad ante la forma en que fue detenido: «Sólo me hago una pregunta. Si yo me ofrecí a darles las llaves, ¿por qué tuvieron que entrar armados hasta los dientes apuntando a una niña de tres años? Métadme en la cárcel pero que alguien me lo explique».
El ex asesor ha concluido su intervención con un discurso lacrimoso en el que ha descrito el estado de devastación personal al que le ha llevado el proceso: «Estoy destrozado, personalmente, socialmente, mediáticamente, profesionalmente. Los medios han dicho de todo de mí. No me pueden hacer más daño». «Entiendo que mis amigos me den la espalda», ha zanjado.
Aldama, por su parte, ha renunciado a ejercer su turno de última palabra.
La sentencia, que deberá pronunciarse sobre uno de los casos de corrupción política más sonados de la reciente historia española, podría llegar antes del verano. Se descarta a priori un avance del fallo condenatorio como sucedió el el caso del ex fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz. Dos hombres que tuvieron casi todo desde el poder aguardan ahora su veredicto desde una celda.