OKENTREVISTA al ex ministro de Asuntos Exteriores

Margallo: «Habría que remontarse a Godoy para encontrar a una persona con el poder de Soraya”

Margallo: "Habría que remontarse a Godoy para encontrar a una persona con el poder de Soraya”

José Manuel García-Margallo (Madrid, 1944) ha escrito Memorias heterodoxas de un político de extremo centro, en las que repasa los hechos más relevantes desde la Transición, que él vivió como un joven diputado de la UCD en las Cortes Constituyentes. El libro también destapa las relaciones entre los miembros del Ejecutivo de Mariano Rajoy. Unas relaciones que, asegura, se vieron enturbiadas por la influencia de la ex vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría.



PREGUNTA. Mucho han cambiado las cosas desde la Transición que usted conoció de primera mano. ¿Tiene el actual arco parlamentario el nivel intelectual para afrontar los retos de España?

RESPUESTA. Es evidente que no. La Transición fue una etapa mágica en la que todo el que tenía algo que aportar se volcó y se implicó en la política. En aquellas Cortes no sólo las cuestiones que estábamos tratando, sino también las personas que las estaban tratando, eran lo mejor de lo mejor. Desde Manuel Fraga hasta Santiago Carrillo. Y los grupos nacionalistas los encabezaban Jordi Pujol o Xabier Arzalluz. Es decir, cada casa presentó lo mejor que tenía.

Uno de los éxitos de la Transición es que todos queríamos acertar. Si ahora aplicasen la misma teoría, estoy absolutamente seguro de que sería posible llegar a los consensos. Lo de ahora, siendo difícil, es infinitamente más fácil de lo que entonces se tuvo que acometer.

P. En su libro señala a Soraya Sáenz de Santamaría como la responsable de envenenar las relaciones personales entre el ex presidente Rajoy y algunos de sus hombres de confianza. ¿Cómo consigue Soraya Sáenz de Santamaría tener tanto ascendente sobre el entonces presidente?

R. La primera observación es que las discrepancias que constato en mi libro son sobre cuestiones políticas que siguen abiertas: Gibraltar, Cataluña y la reforma de las instituciones, empezando por la Constitución y continuando por los grandes pactos que este país necesita, por la Justicia, la Educación, el Pacto de Toledo, de la financiación autonómica, etcétera.

Pero a la pregunta de si tenía poder, yo no he visto en la historia reciente de España nadie con tanto poder. Habría que remontarse a Godoy para encontrar a una persona que tuviese en su mano todos los resortes del Estado. Desde la información del CNI, que estaba en Defensa, a la Presidencia de la Comisión de Secretarios de Estado y Subsecretarios que daba luz verde o roja a todos los proyectos de ley que enviamos desde el resto de los ministerios, el control del Ministerio de Hacienda a través de Cristóbal Montoro… Insisto, no conozco en la historia de España reciente, entendiendo por reciente la historia de España moderna y contemporánea, a alguien con tanto poder.

P. Cuenta en su libro que les llamaban el ‘Valle de los Caídos’. Personas que habían caído en desgracia ante la vicepresidenta y que incluso llegaban a reunirse en sus casas, fuera de las paredes de Génova 13. ¿Existía miedo dentro del partido hacia la figura de la vicepresidenta?

R. Eran reuniones de miembros del Gobierno y sí, nos reuníamos con cierta frecuencia. Eran años muy duros. El poder contrastar con tus amigos personales parte de las relaciones políticas siempre es necesario. Y sí es verdad que nos reuníamos con cierta frecuencia.

P. Imagino que en esas reuniones se hablaría de todo y probablemente de lo que le apreciaba o no Soraya Sáez de Santamaría. En una escala del uno al diez, ¿cuánto le quería la vicepresidenta?

R. Es verdad que no le pedí matrimonio, pero nos llevamos mal personalmente. Las discrepancias políticas fueron muy grandes y arrancaban de lejos. La visión que yo tenía de Cataluña abrió ya la primera discrepancia en 2003, cuando Maragall plantea un Estatuto y yo planteo la necesidad de redactar otro alternativo. También discrepé en cuanto a la profundidad del recurso de inconstitucionalidad. Dije: «Ojo con extender demasiado el recurso y, desde luego, ojo con recurrir aquellos artículos que consagran derechos y libertades que nosotros mismos hemos planteado en Valencia o hemos asumido en Andalucía». Tampoco tuve éxito.

P. Entiendo que le quería muy poco.

R. Eso se lo tendría que preguntar a ella. Yo rezo por ella todas las noches.

P. ¿Considera que ese recelo nace porque su nombre sonó como sustituto de Mariano Rajoy?

R. Eso tuvo origen en un un cónclave empresarial en que se examinó la conveniencia de que Rajoy dejase el puesto a una persona de su absoluta confianza. Y ahí se citó a dos personas: a Ana Pastor y a mí. Cuando una persona que estuvo en la reunión me lo dijo, le respondí: «Mira, aquí no hay más candidato que Mariano Rajoy. Esto es una hipótesis descabellada».

Pero visto esto con cierta perspectiva, creo que sí enturbió las relaciones, que habían venido contaminadas por mis discrepancias en esas tres cuestiones: Cataluña, Gibraltar y la reforma de la Constitución.

P. ¿Le hubiese gustado ser presidente del Gobierno?

R. No hay ni un solo político que diga que no le hubiese gustado ser presidente del Gobierno. La verdad es que hubiese sido una enorme responsabilidad y una enorme carga, y sólo superior en muy poquito a ser ministro de Asuntos Exteriores. No concibo un honor mayor que representar a tu país fuera de España.

P. Hubo un momento en el que en el CNI pasó a depender de la vicepresidenta ¿Tiene la sospecha de que se llevaba un seguimiento de sus conversaciones y movimientos?

R. Pues mira, no me lo planteé. Yo tengo muchos defectos, pero la opacidad no es uno de ellos. Ninguno de sus compañeros puede decir que yo le he exigido un off the record o que haya hecho una filtración. Lo que decíamos en las reuniones lo podíamos decir en cualquier sitio. De hecho, todas mis discrepancias incluso las puse por escrito. No era un tema que me preocupase si estábamos siendo vigilados. Nunca he tenido la sensación del Big Brother del que hablaba Orwell en 1984.

P. Hay otra persona que usted destaca en su libro, una figura clave en cualquier Ejecutivo como es el ministro de Hacienda. ¿Era Cristóbal Montoro de las personas que ponía más palos en las ruedas?

R. Todos los gobiernos, aunque sean de un solo partido, son de coalición entre el ministro de Hacienda y el resto de los ministros. Pero yo fui de los ministros que más sufrí los recortes presupuestarios. Entiendo que justificados, pero yo me solía presentar diciendo ‘soy ministro de Asuntos Exteriores y hasta que llegó Montoro de Cooperación’ porque la Cooperación quedó reducida a nada, a cenizas.

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