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Aviso de Sánchez a Iglesias por sus deslealtades: «Tras los Presupuestos van a cambiar cosas»

Los cambios que Sánchez podría llevar a cabo tras la aprobación de los Presupuestos pueden pasar por una remodelación del gabinete ministerial

Pedro Sánchez
Sánchez mira a su vicepresidente segundo Pablo Iglesias en el Senado. Foto: Dani Gago

La relación entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias no pasa por su mejor momento. Tampoco la que une al PSOE y Podemos en la coalición de gobierno. Pero conscientes de que se necesitan unos a otros, ni socialistas ni podemitas se plantean romper el pacto. Al menos por ahora. Sin embargo, a finales de año o principios de 2021 habrá cambios importantes en el funcionamiento del Ejecutivo. Así se lo ha trasladado Sánchez a Iglesias. «Van a cambiar cosas», le espetó espetó el presidente a su vicepresidente.

Nadie duda, ni entre los partidos del Gobierno ni en la oposición, que la legislatura va para largo. Una vez los Presupuestos Generales del Estado salgan aprobados de las Cortes Generales, a finales de este año, el Gabinete de Sánchez tendrá la capacidad necesaria para aguantar hasta agotar el mandato, aunque sea a base de ir prorrogando estas cuentas. Para el resto de leyes que promueva el Ejecutivo, sostienen en Moncloa, «la geometría variable nos permitirá ir sacándolas adelante».

En Ferraz van más allá y recuerdan que incluso, ante una eventual salida de Podemos antes de la convocatoria electoral por culpa de las tensiones y el desgaste de gobernar conjuntamente, con estos Presupuestos en vigor la parte socialista del Ejecutivo podría continuar al mando de la gestión diaria  en solitario. Eso, afirman, «nos facilitaría también llegar a acuerdos más amplios y transversales con el PP». Actualmente la presencia de Podemos en el Consejo de Ministros bloquea negociaciones tan importantes como la renovación del Consejo General del Poder Judicial o RTVE.

Aunque las diferencias entre los dos socios vienen de lejos, la gota que ha colmado el vaso fue la enmienda antidesahucios que Podemos, junto a ERC y Bildu, presentó al proyecto de Ley de los Presupuestos Generales. En el PSOE se entendió ese gesto como «una deslealtad» y así se lo trasladaron a sus compañeros morados. No gustó nada que se desmarcasen y enmendaran sus propios Presupuestos. Una situación que creó un malestar profundo en el partido de Pedro Sánchez mientras los de Iglesias minimizaban la polémica diciendo que estaba todo hablado, un extremo que negaban en Ferraz.

Con la mirada puesta en sacar adelante los Presupuestos, una especie de salvavidas para una legislatura con una aritmética parlamentaria muy ajustada, en el PSOE no han querido hacer más sangre por esa deslealtad de sus socios y han preferido apaciguarla hasta después de la aprobación de las cuentas. Sin embargo, esta vez, Sánchez, que hasta ahora siempre había silenciado las críticas de gran parte de la Ejecutiva socialista y obviado las presiones para marcar más de cerca a los podemitas, estalló y avisó a Iglesias de que las cosas cambiarían pronto.

La amenaza a su vicepresidente segundo no la acompañó de ningún detalle, según fuentes cercanas al presidente. Aún no tiene claro cómo debe ser. Lo que es seguro, señalan en su entorno, es que «habrá una reconfiguración de poderes». Pedro Sánchez tiene esbozada desde el verano una remodelación del Gobierno que pasaría por una reducción de carteras y la salida de algunos de los pesos pesados de Podemos, como la ministra de Igualdad, Irene Montero, o el de Universidades, Manuel Castells. La cosa podría ir por ahí. Aprovechar el voto a favor de Podemos a las cuentas públicas, momento a partir del cual su apoyo ya no será tan imprescindible, para restarles poder.

Podemos lejos del núcleo duro

Aunque cada lunes se celebran los maitines en La Moncloa entre los equipos del PSOE y Podemos, con sus principales dirigentes al frente, los morados están lejos del núcleo duro de poder del Ejecutivo. El PSOE, según denuncian los de Iglesias, no les mantiene al corriente de las grandes decisiones que se toman y que tienen un fuerte componente ideológico. El mejor ejemplo, recuerdan, es la labor de la vicepresidenta primera, Carmen Calvo, durante la salida del Rey emérito Juan Carlos l de España el pasado mes de agosto. Esas gestiones, de las que no sabían nada los podemitas, provocó el Consejo de Ministros más tenso hasta la fecha. Y aumentó las desconfianzas.

Tras esa polémica, y un almuerzo entre Sánchez e Iglesias  -la forma de arreglar los incendios provocados por los diferentes ministros hasta ahora, pero que no se ha producido esta última vez-, PSOE y Podemos pactaron que se compartiría toda la información entre los socios del Ejecutivo. Sin embargo, tres meses después, con la crisis migratoria en las Islas Canarias o la creación de la comisión que repartirá los fondos europeos para la reconstrucción, se ha evidenciado que no es así. Podemos ha vuelto a los medios para presionar a los socialistas pidiendo la dimisión de Fernando Grande-Marlaska o acusando a Pedro Sánchez de vetar a Iglesias.

Diferenciarse del PSOE

Tras los resultados que arrojó el CIS del pasado mes de agosto Pablo Iglesias tomó la decisión de diferenciarse del PSOE. Podemos no baja en intención de voto pero tampoco sube, pese a formar parte del Gobierno. El líder morado se ha dado cuenta de que no están capitalizando el ejercicio de poder que supone La Moncloa. Por eso, la estrategia pasa ahora por marcar perfil propio y diferenciarse todo lo posible de sus socios socialistas. Y eso, formando parte del mismo Gobierno, significa criticar decisiones adoptadas por ministros del PSOE, como ocurrió en la crisis de Canarias con Marlaska, o presentar enmiendas a sus propios Presupuestos.

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