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Muchos pensionistas guardan todo su dinero en una sola cuenta y los expertos advierten: «Puede salir muy caro»

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Blanca Espada

Muchos jubilados llevan años haciendo lo mismo con su dinero y es que lo dejan todo en la misma cuenta del banco. Es cómodo, no da problemas y, en principio, parece suficiente para el día a día. La pensión entra en esa cuenta, a través de la misma se pagan los recibos y el resto se queda guardado sin tocar.

El problema es que esa forma de gestionar los ahorros, que durante mucho tiempo ha funcionado sin sobresaltos, ahora empieza a preocupar a los expertos. No porque el dinero vaya a desaparecer, sino por algo mucho más silencioso. Y es que dejarlo todo parado en una cuenta corriente puede acabar teniendo un coste que no siempre se ve a simple vista, pero que con los años se nota más de lo que parece.

Muchos pensionistas guardan todo su dinero en una sola cuenta y los expertos advierten

Una cuenta corriente está pensada para el uso diario. Es útil para cobrar la pensión, pagar gastos habituales o tener dinero disponible en cualquier momento. Pero no está diseñada para guardar durante años cantidades importantes sin moverlas.

Cuando alguien acumula 20.000, 40.000 o incluso 60.000 euros en la misma cuenta, lo normal es pensar que ese dinero está simplemente «a salvo». Pero en realidad no está haciendo nada, es decir, que no genera ningún rendimiento y, mientras tanto, el banco sí trabaja con él. El cliente, en cambio, apenas nota ninguna mejora. A simple vista no parece un problema, pero con el paso del tiempo sí lo es si tenemos en cuenta que a la larga esa cantidad que tengamos ahorrada pierde valor.

El dinero no desaparece pero sí vale menos

Aquí es donde está la clave y donde muchos no caen. El saldo sigue siendo el mismo, nadie te quita nada, pero lo que puedes hacer con ese dinero cambia. Si hoy tienes 40.000 euros en la cuenta, dentro de unos años seguirán siendo 40.000. El problema es que no comprarás lo mismo con ellos. Los precios suben y ese dinero, sin moverse, va perdiendo fuerza poco a poco. Es un efecto lento, casi invisible del que nadie, y menos los pensionistas, se da cuenta, y por eso cuesta detectarlo. Pero cuando pasan los años, la diferencia se nota más de lo que parece.

Qué recomiendan los expertos para evitarlo

Para no tener problemas con el dinero que está parado en el banco, la solución que suelen plantear los economistas no pasa por hacer cambios complicados ni asumir riesgos innecesarios. Más bien al contrario sino que en la práctica, lo más habitual es separar el dinero según su uso. Es decir, dejar una parte en la cuenta corriente para gastos diarios y emergencias, y destinar el resto a opciones sencillas que permitan obtener algo de rentabilidad.

Ahí entran productos bastante conocidos y de bajo riesgo, como pueden ser por ejemplo los depósitos bancarios, cuentas remuneradas o incluso letras del Tesoro. No se trata de ganar mucho, sino de evitar que el dinero pierda valor sin hacer nada.

Depender de un sólo banco también tiene riesgos

Otro aspecto que muchas veces se pasa por alto es la dependencia de una sola entidad. Tener todo el dinero en el mismo banco es cómodo, sí, pero también limita bastante. Si cambian las condiciones, aparecen comisiones o surge cualquier incidencia, el margen de maniobra es reducido. Incluso un problema puntual puede complicar el acceso al dinero durante un tiempo.

Por eso, algunos expertos recomiendan tener al menos una segunda cuenta en otra entidad. No es algo imprescindible, pero sí una forma sencilla de tener más control y comparar condiciones.

Qué pasa si tienes mucho dinero en el mismo banco

Hay otro detalle importante que no todo el mundo tiene en cuenta. El dinero en el banco está protegido, pero sólo hasta cierto punto. En general, el Fondo de Garantía de Depósitos cubre hasta 100.000 euros por titular y entidad. A partir de ahí, si todo el ahorro está concentrado en el mismo banco, ya no se aplica esa protección de la misma forma. Por eso, en casos donde el ahorro es elevado, repartirlo entre varias entidades puede ser una forma adicional de reducir riesgos. Que puede parecer una tontería, pero no lo es tanto.

Al final, no se trata de dejar de usar la cuenta de siempre ni de cambiar radicalmente la forma de gestionar el dinero. Lo que señalan los expertos es algo más simple: pararse un momento a revisar qué es lo que se está haciendo con esos ahorros. Porque tener todo el dinero en el mismo sitio es cómodo, sí, pero también puede hacer que uno se olvide de si ese dinero está funcionando o simplemente está ahí parado. Y ese es el riesgo real. No perderlo de golpe, sino ir perdiendo valor poco a poco sin darse cuenta.

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