Guerra en Oriente Medio

El BCE teme que la guerra de Irán se enquiste y produzca un shock energético que hará subir los tipos

Las autoridades monetarias están vigilando todo lo que sucede en el "entorno político mundial"

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Edificio del BCE.
Benjamín Santamaría
  • Benjamín Santamaría
  • Economista, analista, conferenciante y máster de educación con especialidad en Economía. Redactor de economía y empresas en OKDIARIO y autor de 'La economía a través del tiempo' en el Instituto Juan de Mariana. Miembro de la junta directiva del Centro Diego de Covarrubias.

El Banco Central Europeo (BCE) teme que la guerra de Irán se enquiste, lo que podría impulsar al alza el precio de la energía y de otras materias primas y, por tanto, obligarles a cambiar el rumbo de la política monetaria con subidas de tipos de interés. El último informe del banco central señala los riesgos que pueden provocar estos cambios, la mayoría de los cuales se asocian con lo que está sucediendo en Oriente Medio. Así, «los miembros» del BCE han evaluado «que las perspectivas de inflación seguían siendo más inciertas de lo habitual debido a la volatilidad del entorno político mundial».

Entre sus conclusiones, los analistas aseguran que «la inflación podría resultar más alta si se produjera una tendencia alcista persistente en los precios de la energía, o si unas cadenas de suministro mundiales más fragmentadas impulsaran al alza los precios de las importaciones, restringieran el suministro de materias primas críticas y agravaran las limitaciones de capacidad en la economía de la zona euro».

Es decir, las autoridades monetarias europeas han puesto el foco en las causas de la volatilidad, así como en las que están produciendo una «tendencia alcista» en el coste de la energía.

De hacerse esta tendencia «persistente», es decir, de enquistarse la guerra en Irán y el conflicto en la zona, la inflación podría subir y obligar a plantear cambios en la política monetaria del BCE.

Por otro lado, «si el crecimiento salarial se moderara más lentamente, la inflación del sector servicios podría bajar más tarde de lo previsto». Por otro lado, «el aumento previsto del gasto en Defensa e infraestructura también podría provocar un repunte de la inflación a medio plazo», así como «los fenómenos meteorológicos extremos», que «podrían impulsar los precios de los alimentos más de lo previsto».

BCE y el conflicto en Irán

Sobre el miedo del BCE al enquistamiento de la guerra de Irán, Antonio Castelo, analista de iBroker, asegura que «si el cierre (del Estrecho de Ormuz) se prolonga», podría producirse un shock macroeconómico. «A medio plazo, la energía más cara empieza a filtrarse de forma persistente» y «los costes de transporte suben, los insumos industriales se encarecen y los precios finales acaban reflejándolo», explica.

«Un shock energético prolongado tiende a empujar la inflación al alza y el crecimiento a la baja», y esto «es el peor de los mundos para un banco central». «Subir tipos frena demanda, pero no crea petróleo ni gas», sino que «combate parte de la inflación de segunda ronda (salarios, márgenes…) pero no elimina la causa». Por ello, «bajar tipos alivia actividad, pero corre el riesgo de consolidar expectativas inflacionarias».

BCE
Escultura del BCE en Fráncfort. (Getty Images).

Es decir, «el BCE estaría especialmente incómodo» en esta situación «porque la energía pesa mucho en la inflación europea y condiciona la competitividad industrial». «Además, la zona euro convive con diferentes realidades fiscales y con sensibilidades distintas al coste de financiación», advierte el analista.

Por su parte, la Reserva Federal «tendría un matiz adicional». Y es que «EEUU es productor importante y su seguridad energética ha mejorado, pero el consumidor americano sigue pagando gasolina, y el componente político del precio en surtidor es potente». «La Fed miraría con lupa si el repunte del crudo amenaza con desanclar expectativas de inflación», afirma. «Si ese anclaje se pone en duda, el margen para recortar tipos se reduce», argumenta Castelo.

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