impuesto a las energéticas

El sector eléctrico carga contra el nuevo impuesto europeo y alerta del riesgo para la energía barata

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Jose de la Morena
  • Jose de la Morena
  • Jose de la Morena, periodista especializado en economía desde hace más de 15 años, desarrolla su labor en el campo de la comunicación desde el prisma de las tendencias, los números y resultados de las distintas compañías. Una tarea que le ha llevado a conocer a fondo el mundo empresarial. Ha trabajado también en comunicación corporativa y como asesor para distintas marcas internacionales e institucionales.

El sector eléctrico español ha cerrado filas contra la posibilidad de que la Unión Europea impulse un nuevo impuesto a las energéticas vinculado a la guerra de Irán. Lejos de asumirlo como una medida necesaria, las principales compañías consideran que penalizaría justo al modelo que está garantizando precios más bajos y mayor independencia energética en España.

La presidenta de AELEC, Marina Serrano, ha trasladado un mensaje de «tranquilidad» ante el debate, asegurando que el sector «no se siente interpelado» por este tipo de iniciativas. A su juicio, la electricidad es hoy la única vía real para reducir la volatilidad de los combustibles fósiles y, por tanto, gravarla supondría ir en contra de la solución.

En este contexto, el sector advierte de que España ha logrado posicionarse como uno de los países con la electricidad más barata de la UE gracias al peso creciente de las renovables, un modelo que ahora podría verse comprometido por decisiones fiscales erróneas.

Un modelo energético que ya funciona

El sector eléctrico defiende que España es hoy un ejemplo dentro de Europa en términos de independencia energética. Cerca del 80% de la electricidad se produce dentro del país, lo que reduce la exposición a tensiones geopolíticas como la actual crisis derivada de la guerra de Irán.

Este avance se apoya en dos pilares: el despliegue masivo de energías renovables y el papel estabilizador de la energía nuclear. Ambas tecnologías han permitido amortiguar el impacto de las subidas del gas en los mercados internacionales y ofrecer mayor estabilidad tanto a hogares como a la industria.

Según Serrano, este modelo «ya está dando resultados», con precios eléctricos contenidos frente a la volatilidad de los combustibles fósiles. La conclusión del sector es clara: cuanto mayor es el peso de la electricidad en la economía, menor es la dependencia exterior y más resiliente es el sistema energético.

El impuesto, un freno a la electrificación

El principal frente de crítica del sector se centra en la política fiscal. Las eléctricas advierten de que la electricidad soporta una carga impositiva muy superior a la de otras fuentes energéticas, especialmente el gas importado.

De hecho, denuncian que la electricidad paga hasta seis veces más impuestos que el gas, lo que, en su opinión, distorsiona el mercado e incentiva el consumo de energías más contaminantes y dependientes del exterior.

En este sentido, Serrano subraya que «lo imperioso» no es crear nuevos gravámenes, sino corregir esta desigualdad fiscal. Europa, recuerdan, ya ha señalado la necesidad de reducir las sobrecargas impositivas sobre la electricidad si se quiere avanzar en la transición energética.

El sector insiste en que imponer nuevos impuestos a la energía producida en España frente a la importada supondría un paso atrás en competitividad, industria y seguridad energética.

Inversión, estabilidad y competitividad

Otro de los argumentos clave es el impacto que tendrían este tipo de medidas sobre la inversión. Las compañías eléctricas operan con horizontes a décadas vista, movilizando grandes volúmenes de capital en redes, renovables e innovación.

Para ello, reclaman marcos regulatorios estables y predecibles. La introducción de nuevos impuestos, alertan, podría frenar proyectos estratégicos y ralentizar la electrificación de la economía en sectores clave como la industria, la movilidad o la edificación.

Desde el sector recuerdan además su elevada contribución económica y social, tanto en términos fiscales como de generación de empleo e innovación en todo el territorio.

La electricidad como solución

El mensaje de fondo es contundente: la electricidad no es el origen del problema energético europeo, sino la solución. Mientras que las crisis geopolíticas afectan principalmente a las importaciones de combustibles fósiles, la electricidad generada con recursos nacionales (especialmente renovables) permite reducir esa dependencia.

España, destacan, cuenta con una posición privilegiada gracias a su abundancia de recursos naturales, lo que le permite liderar la transición energética si se mantienen las condiciones adecuadas.

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