Uzbekistán, el nuevo destino de la Formula 1 en la búsqueda de más ingresos

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Mundial de Fórmula 1. (Getty)

Hace unos días los amantes de la Fórmula 1 vieron como dos de los Grandes Premios de este año, el de Arabia Saudí y el de Bahréin, fueron cancelados por el conflicto en el Golfo Pérsico. Dos países que hace unos días fueron señalados por Human Rights Watch a los organizadores de la F1 y de la FIA a evitar que sus eventos se celebrasen en Bahréin y Arabia Saudí entre otros países con regímenes autoritarios y utilizados por encubrir violaciones de derechos humanos mediante el «sports-washing».

Sí por un asunto de fuerza mayor, la FIA ha decidido cancelar este evento en el Golfo Pérsico, los amantes de los coches rápidos tendrán muy probablemente otro nuevo destino para poder admirar a Max Verstappen, Alonso y Hamilton: Uzbekistán. Éste, casualmente también es otro país que también aparece mencionado en una carta de Human Rights Watch enviada el pasado 24 de febrero de 2026, a FIA y a F1 preguntando si se adoptaría alguna política para abordar los riesgos de los derechos humanos derivados de sus actividades, pero no recibieron respuesta. De hecho, una semana después, la FIA nombró a Otabek Umarov en su cuadro de Gobierno, por primera vez alguien de Asia Central.

Poco conocido en Europa, pero Umarov es el yerno del presidente de Uzbekistán y una figura influyente en cualquier ámbito en Asia, desde el deporte, visitas de gobierno, llegando incluso hasta en la prensa rosa. Con anterioridad colideraba el Servicio Estatal de Seguridad del presidente, Umarov,  es considerado como los «ojos y oídos» del presidente, se comenta entre bastidores de las élites económicas y políticas de Uzbekistán, una nación rica en gas con casi 37 millones de habitantes. Y aunque no se le conocen fuentes de ingresos oficiales más allá de su cargo público, Umarov suele presumir en redes sociales de gustos caros, entre los que destacan relojes y coches de lujo. Fue él quien consiguió atraer al Congress y Awards de la Fórmula 1 de Tashkent, capital de Uzbekistán, el pasado diciembre. Así, altos cargos de FIA y el mundo de la Fórmula 1 se conocieron en primera persona el país, que quiere organizar al igual que Arabia Saudí y Bahréin, un Gran Premio de Fórmula 1 cada año en Uzbekistán.

¿Qué tiene Uzbekistán que tanto gusta?

El país está ubicado en Asia Central, una región que desde hace siglos fue el tablero del «Gran Juego» por un lado Rusia y por el otro Gran Bretaña por el control de esta  zona del mundo. Sin embargo, si caemos en el pensamiento erróneo de «si no estás con nosotros, estás contra nosotros» no entenderá la nueva dinámica de los países de Asia Central que ahora están emergiendo como actores independientes, y en particular Uzbekistán.  Moviéndose entre Rusia, China, Estados Unidos y la Unión Europa. Gran parte de su éxito radica en adherirse a una sola máxima: decirle a cada parte lo que quiere oír.

Con una Rusia con una presencia militar amplia en Asia Central (en Kazajistán, Kirguizistán, y Tayikistán, pero no en Uzbekistán y Turkmenistán) los uzbekos firmaron en enero de 2025 un Strategic Military Partnership Plan. Durante décadas, ambos países formaron parte de la Unión Soviética, un periodo que dejó una huella imborrable en la infraestructura, el idioma y el tejido social de la región hasta el día de hoy. Esta historia compartida implica que muchos uzbekos aún tengan lazos familiares, conexiones personales o, al menos, un conocimiento del idioma y la cultura rusa. Desde una perspectiva económica, Rusia sigue siendo un socio clave para Uzbekistán.

A pesar de esto, desde la capital del país, Taskent, el presidente de Uzbekistán ha enfocado en su radar a otros dos gigantes del mundo multipolar: China y Estados Unidos para no depender únicamente de Moscú. Con los estadounidenses el negocio bilateral entre ambos países ha excedido más de 850 euros el pasado año, y hoy en día al menos 340 compañías estadounidenses operan en Uzbekistán. Este mismo año, ambos países han establecido un fondo conjunto (joint-investment platform) a través del cual van a implementar durante 3 años un acuerdo de cooperación económica,  programa valorado en casi 34 billones de euros.

Todo esto suena a «música celestial» en los oídos de Donald Trump,  que recibió al presidente Mirzoyev en Washington el año pasado con los brazos abiertos, visita en donde los uzbekos anunciaron la inversión de billones de euros en Estados Unidos. Como primer paso firmaron un acuerdo de compra de 22 aviones de Boeing valorados en  8 billones de euros.

Trump, incluso invitó a su nuevo amigo a unirse al The Peace Council y los uzbekos pagaron como uno de los pocos grandes países la cuota de ingreso de un billón de euros para ser miembros permanentes de este nuevo Council. Para Uzbekistán formar parte de este conjunto no es algo provisional solo para agradecer a Trump, sino una decisión vital para la defensa de su país. Después de su independencia de la Unión Soviética, el país intervino en la guerra civil de su vecino Tayikistán, y otros conflictos con sus países vecinos. Lleva además décadas luchando contra grupos islamistas extremos tanto a nivel doméstico como en el exterior.

Uzbekistán no está libre de problemas

La principal amenaza islamista interna en Uzbekistán ha sido históricamente el Movimiento Islámico de Uzbekistán (MIU), creado en 1998 para derrocar al gobierno e instaurar un califato. Aunque el MIU se ha desplazado en gran medida a Pakistán y Afganistán, sigue siendo considerado una Organización Terrorista Extranjera (OTE) por Estados Unidos y otros países. Casi 96% del país se identifica como musulmán, la mayoría sunní. Actualmente hay más de 10 mil personas en prisión por temas relacionados con grupos del extremo islam.

El país tiene además el temor que grupos de su vecino en el sur, Afganistán, consiga poner un pie en el país e ‘’inspirar’’ a jóvenes hacia el al yihad. Poco conocido en Europa,  es que en Afganistán viven casi 2.5 millones de personas de etnia Uzbeka. Por todos estos motivos el aparato de seguridad y militar controla con mano dura cualquier movimiento religioso, llegando incluso a que en cada mezquita del país solo pueda tener un ‘’imam’’ autorizado por el gobierno. A pesar de esto muchos jóvenes uzbekos han caído ante las llamadas extremas. El año pasado fueron tres personas de Uzbekistán quienes asesinaron a un judío (israelí) en Abu Dhabi la capital de Emiratos Árabes Unidos. Y en Siria, durante la guerra, miles de uzbekos se adjuntan a grupos islamistas extremos como Hayat Tahir al-Sham (HTS)  e ISIS. Lo poco sabido es que los mercenarios uzbekos fueron clave para golpear a Bashar Al Assad en Siria. Como recompensa, el actual presidente de Siria, Ahmed Al-Sharaa (conocido como Al Jolani), nombró incluso a varias personas de Asia Central en su ministerio de defensa. El poder militar uzbekos en Siria fue tan potente, que en octubre del año pasado, cuando el nuevo gobierno Sirio detuvo al comandante Uzbeko Abu Dajano Al-Uzbeki, se produjeron ‘’choques’.  En geopolítica no hay amigos permanentes, solo intereses permanentes.

Con este panorama, los altos mandos en Tashkent, estarán más que motivados y felices de poder atraer eventos mundiales a su país, bajo su deseo de modernizar el país y atraer turismo especialmente del mundo Occidental. Al caminar por las calles de la capital, apenas se ven mujeres con velos o hombres con barbas. Si, sin barba, esto es incluso hasta un punto en el cual el gobierno ha intervenido. La policía del país a menudo incluso llega a detener a hombres con barba ‘’demasiad largas’’: y se les ofrece la opción del afeitado o quedar durante 15 días detenido en la cárcel. Todo vale para no transmitir la asociación con el islam extremo.

Un compendido de diferentes ‘tribus’

También a nivel étnico, el país es una tómbola compleja. Una parte importante del país está formada por Tayikos, que viven mayormente en las ciudades de Samarcanda y Bukhara y que hablan un dialecto persa (diferente del idioma Uzbeko). Durante los años noventa, Uzbekistán vivió de primera mano la guerra civil en su país vecino Tayikistán, que reclamaba estas dos ciudades como parte de su territorio. Además el país tiene una zona autónoma en el norte en la frontera con Kazajstán, llamada Karakalpakstan, en la cual se produjeron grandes protestas (una provincia que busca la independencia del país). Además con su otro vecino. Kirguistán, el país también tuvo sus conflictos territoriales, que en octubre del año pasado ha sido al parecer resuelto mediante un ‘’Acuerdo de Fronteras’’.  Cerca de la frontera con Kirguistán, está la ciudad Andijan, la cual fue el escenario hace 20 años de una de las protestas más masivas en Uzbekistán en que al final murieron casi mil personas por la intervención y represión del estado uzbeko, que culpó de las protestas a grupos de extremistas islámicos.

Ahora dos décadas después, el país, tras la muerte de su anterior presidente, Karimov, está en una era más optimista. El país quiere posicionarse como un país ‘’Euro-Asía’’ en lugar de ‘’solo’’ asiático. Y ha abierto sus puertas hacia el mundo.

Para Europea, Uzbekistán, es también un nuevo ‘’actor’’ clave en el panorama geopolítico. Desde hace algunos años, altos mandatarios de la Unión Europea han acudido regularmente a Asia Central, y especialmente a Uzbekistán (con la primera EU-Central Asia Summit 2025) con el objetivo de aprovechar una posible cooperación con una región que alberga algunas de las mayores reservas de hidrocarburos del mundo y materias primas cruciales. Poco conocido es que la UE es la mayor inversora extranjera en Asia Central y un socio comercial clave junto con China y Rusia.

Con Rusia y ahora Oriente Medio en ‘’llamas’’, para la Unión el Trans-Caspian International Transport Route (también conocido como el Middle Corridor), es más que nunca importante, ya que este corredor consiste en una ruta multimodal terrestre y marítima que atraviesa Asia Central, el mar Caspio, el Cáucaso Sur y Turquía, antes de llegar a la Unión Europea. Y Uzbekistán juega un papel importante en ese corredor.

Con éxito económico, y los ‘’bolsillos llenos’’ gracias a los ingresos del petróleo y del gas, el país ha apostado por el deporte para reforzar su ‘’poder blando’’ y ‘’mejorar’’ su imagen en el mundo. Solo este año el país organizará el Campeonato Mundial de Triatlón, la Olimpiada de Ajedrez y la Copa Mundial de Natación en Tashkent. El próximo año organizará la Copa Mundial de FIFA sub U20 junto con Azerbaiyán. Uzbekistán será también la sede de los Juegos Asiáticos de la Juventud de 2029. El país ha hecho también una propuesta de organizar la Copa de Fútbol de Asia en 2031 junto con el Tayikistán y Kirguistán. El equipo nacional de fútbol de Uzbekistán se ha clasificado para el Mundial 2026 este año en EEUU y jugará en el mismo grupo que el Portugal de Cristiano Ronaldo y contra Colombia. Un escenario ideal para darse a conocer en el mundo.

Cómo dice el dicho en la región ‘’ cada pájaro vuela con sus propias alas’’, Uzbekistán parece haber encontrado la manera adecuada de volar en una región compleja y mantener cierta estabilidad en el país, pero uno puede preguntarse si esta estabilidad se ha logrado a costa de un gobierno eficaz y transparente. Y…si estos eventos deportivos mejoraran la vida del pueblo o tan solo la de un círculo pequeño. La respuesta no llegará con la misma velocidad que un Aston Martin o Ferrari.

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