Sorloth desatasca al Atlético
El gol del noruego ajustició a un Alavés que resistió un caudaloso río de ocasiones rojiblancas
Cuarta sustitución en cinco partidos para un Julián Álvarez cuya actuación volvió a ser discreta
Una onomatopeya recorría el Metropolitano. Uy, murmuraba la grada. Uy al disparo de Almada. Uy al de Barrios. Uy al de Giuliano. Se masticaba, pero no se terminaba de tragar. Hasta que Sorloth, el delantero más en forma del Atlético, derribó el muro de un martillazo. Siguió el acoso rojiblanco, pero nada se movió entre Sivera y la falta de contundencia. Con laboriosidad, pero al final se impuso la lógica, la que sitúa al Atlético como el mejor local de la Liga y al Alavés como el segundo peor visitante.
La distancia de los rojiblancos con la cabeza liguera se queda en nueve, aunque con un partido más. Triunfo que sube al Atlético al tren, si es que todavía queda alguno rezagado que pase por la estación. El retraso ferroviario le vendría bien a Julián Álvarez para ponerse en marcha y cortar la sangría de más de dos meses sin marcar en Liga. Acabó el partido antes de tiempo, tras se sustituido como en cuatro de los últimos cinco partidos. El argentino cayó a banda, se involucró en el juego y aportó desde otro lugar que no es el gol.
Rezuma cierta ansiedad y lo traduce en precipitación a la hora de tomar decisiones. Tanto de local como a domicilio. No así el Atlético en general. Un torbellino de ocasiones en el Metropolitano y mar de dudas lejos de él. Con una versión correcta como la de este domingo le bastó para representar su primera cara. El juego era previsible y dependía de la inspiración de Giuliano para desbordar por banda. El argentino, un martillo pilón no encontró grietas.
Tampoco el Atlético en general, ni siquiera cuando elevaba al cubo su ataque. Entre Almada, Barrios y Giuliano tirotearon consecutivamente sin éxito. Parada sacó bajo palos y Pacheco despejó el par de disparos cuando el uy de la grada mutaba en gol. Eran balas de fogueo. Se movía el Atlético sin Baena y Griezmann -reservados para el segundo acto- y con Almada y Julián en sus respectivos lugares. En el once rojiblanco no se cayó un Pubill que volvió a ejercer como mariscal.
El partido transcurrió de igual manera que cada vez que Ruggeri se prodigaba en ataque, la nada con sifón. Sólo se aceleró al final del primer tiempo la triple ocasión colchonera. El Atlético no se movió de ese papel en la segunda parte. Y ahí salió del atasco, o mejor dicho, le sacó Sorloth de un cabezazo tan potente como ajustado. Gol y cloroformo. Volvió a dormirse el partido entre el Alavés que no incordiaba a Oblak y el Atlético que no encontraba el gol de la tranquilidad. El palo se lo negó a Baena y Sivera al resto.
Y al no obtener botín mayor, Simeone tiró de refugio. Mejor guardar lo que tenemos que perderlo buscando más, debió pensar. Metió a Le Normand y Nahuel Molina en la recta final. Más cemento. El Alavés lo intentó con una oleada de saques de esquina tan caudalosa como ineficaz. Incluso Sivera subió a rematar. Nada pasó. Sorloth calentó a un frío Atlético que se marcha ahora al infierno turco del Galatasaray. En Estambul deberán cantar más gol y menos uy.