PASA A LA FINAL DEL OPEN DE AUSTRALIA TRAS CINCO HORAS DE BATALLA

Un Nadal indestructible vence a Dimitrov y se las verá con Federer

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Rafa Nadal se tira al suelo tras confirmar su victoria frente a Dimitrov. (Getty)

Cinco horas después de pegar, una vez más, a millones de españoles a su televisor, Rafael Nadal cerró una vez más una victoria maratoniana que explica por sí sola porqué es el mejor deportista nacional de todos los tiempos. La leyenda de Manacor venció a Grigor Dimitrov por 6-3, 5-7, 7-6, 6-7 y 6-4 en un encuentro candidato a entrar en la historia del tenis y en el que, como casi siempre, venció el mito. Federer esperaba a su amigo en la final y ya lo tiene. Cómo te iba a fallar, si se trata del gran Rafael Nadal.

Llegar imbatido y con diez victorias consecutivas aporta una confianza que permite jugar prácticamente bailando sobre la pista, pero nada como tener experiencia en este tipo de encuentros para convertir la coreografía perfecta de Dimitrov en un resbalón final e inmerecido. Rafa es capaz de hacer la zancadilla y después llevarse los elogios del rival.

Porque un partido decisivo de Grand Slam dista mucho de ser un choque de estilos en el que el que mejores golpes aporte al juego se lleve el gato al agua, algo que pudo comprobar pronto el búlgaro, que enlazó varios puntos de clase mundial pero veía como Nadal penalizaba el mínimo error para romperle el saque y lograr una ventaja que ya no iba a poder reducir. La efectividad al servicio del de Manacor no es una novedad en este tipo de encuentros, prueba de que al final todo está en la cabeza, todo menos el 6-3 inicial para Rafa, que también lucía en el marcador.

Ganar el primer set podría haber supuesto un golpe muy duro para el bueno de Grigor, de inestabilidad probada a lo largo de los años, pero desde la llegada de Vallverdú a su staff, Baby Federer parece haber añadido a su paleta de golpes el carácter de la leyenda suiza. Leyendo perfectamente el pequeño bajón de piernas de Nadal, Dimitrov lograba su pico de juego para romper saque y hacerse con una ventaja importante (4-1) que le convertía en favorito para anotarse la segunda manga.

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Nadal se lamenta en un tramo del partido. (Getty)

Si se miraban las estadísticas Dimitrov estaba haciendo un muy buen partido, y por fin el marcador se ponía a su favor, pero Rafa, sin ni siquiera rondar su mejor nivel le devolvía el break a golpe de genio. La remontada estaba prácticamente completada, pero si algo se encargan de repetir siempre que pueden los expertos es que casi más importante que romper el servicio de tu rival es mantener el tuyo después.

Ambos jugadores hicieron caso omiso de esa máxima y el encuentro se convirtió en una cúmulo de breaks en los que Nadal salvó cuatro bolas de set para igualar a cinco. A pesar de la heroicidad, el juego del español no estaba siendo el adecuado y esto acabó pesándole, con una nueva rotura de Dimitrov, que a la sexta conseguía cerrar su primera manga de la semifinal.

La igualdad que había marcado el segundo set continuó en el tercero y de nuevo con breaks de por medio el partido caminaba hacia los juegos decisivos con la incertidumbre de no saber quien se iba a adelantar. Por como se resolvían los juegos posiblemente habría que haber apostado por Dimitrov, pues Nadal no encontraba el golpeo correcto y estaba fallando más de la cuenta. A pesar de todo ello, el manacorense era capaz de forzar el tie-break con su mejor juego desde la primera media hora de partido.

Comenzando con mini-break, Rafa tomó las riendas de la muerte súbita, y los impulsos de Dimitrov solo podían igualar el marcador, nunca superarlo. La sombra de Nadal, aun con inhabituales errores de derecha que le hicieron perder puntos, era demasiado alargada, y en el punto decisivo, de nuevo no falló. La final estaba más cerca.

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Rafa Nadal sirve en el partido frente a Dimitrov. (Getty)

Las imprecisiones estaban apareciendo más de lo esperado pero el encuentro estaba a la altura de unas semifinales de Grand Slam. Nadal, con ventaja, había convertido en importante todo lo que va más allá de los golpes y Dimitrov, contra todo pronóstico, estaba aguantando el envite de forma más que meritoria. Como sus predecesores, el cuarto set estuvo marcado por la igualdad, aunque esta vez los batalladores mantuvieron sus servicios con relativa comodidad.

Las batallas las gana Nadal

La tensión se podía cortar con cuchillo y la presión cayó en los hombros de Dimitrov cuando Nadal levantó el puño al confirmar el 5-4 a favor. El búlgaro debía sacar para mantenerse vivo en el torneo y lo hizo con un juego en blanco. Rafa recogió el marrón y esta vez sí, con mucho sufrimiento –pero sin bolas de break– se lo devolvió a Grigor, que puso la decisión en manos de la muerte súbita para minutos más tarde quitársela y tomarla él. Quinto set, era lo justo.

El parcial definitivo abría con un juego de 13 minutos en el que Dimitrov mantuvo su saque y pasó a presionar a Rafa, que también salvó el servicio con una minutada. El clon de Federer lo estaba siendo más que nunca, y a la presencia de su ídolo le estaba añadiendo una defensa digna del mejor Djokovic. Enfrente Nadal, solo ante el peligro, y media España detrás del televisor.

Los siguientes cuatro juegos, además de mantener las tablas, sirvieron para confirmar que el partido acabará como uno de los mejores a cuando la temporada llegue a su final. Dimitrov seguía firme y tomaba ventaja con mucho sudor y golpes a la línea, los mismos que a Nadal se le marcharon fuera en el siguiente por centímetros.

¿Suficiente para romperle? No, es Rafa, la leyenda. No solo levanta el saque sino que rompe el de su rival en el siguiente juego. Grigor Dimitrov estaba haciendo el partido de su vida pero en el momento justo, Nadal había encontrado la grieta e iba a servir para ganar el partido, y de nuevo con la épica como escudo, lo iba a lograr.

Se rumoreaba antes del comienzo del Open de Australia que Rafa Nadal podría volver a vestir su clásica camiseta sin mangas en un futuro cercano. Dejando de lado la voluntad de los amigos de Nike lo único constatable a 27 de enero de 2017 es que a Nadal solo le faltan los hombros descubiertos para volver a esa versión demoledora. El tenis lo tiene, la cabeza también. Dimitrov puede dar fe y Federer la dará. Habemus final deseada.

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