Liga Santander: Atlético – Eibar

El líder se sacude los fantasmas

El Atlético destroza al Eibar (5-0) y manda un mensaje contundente a sus perseguidores.

atletico huesca
Liga Santander 2020-2021 | Atlético - Huesca, en directo.

Arrodillado sobre el césped del Wanda, con los dos pulgares señalando al cielo, Ángel Correa descargó la frustración de una racha infernal. Sus dos goles en dos minutos no sólo valieron para abrir un partido que acabó en una goleada que sostiene al Atlético en el liderato, sino también para enaltecer su dorsal y congraciarse como delantero en el momento en el que más falta le hacía. El Eibar no pudo hacer otra cosa que servir de cabeza de turco y entregar su cabeza en bandeja de plata a un rival que se resiste a entregar la primera plaza del podio. Primera final ganada. Quedan siete por delante.

Cuando Correa abrió el marcador a los 42 minutos, el Atlético no podía ni imaginar que la tarde acabaría en goleada. Durante casi toda la primera parte el equipo mostró los mismos defectos que le han llevado a desperdiciar casi toda su ventaja, pero el 1-0 obró un efecto balsámico que pareció servir para sacudir de golpe todos los fantasmas. Los cinco goles al Eibar le mandan un mensaje contundente a los perseguidores del líder, pero es pronto todavía para saber si ésta es una recuperación efectiva porque lo cierto es que el rival no opuso demasiada resistencia en cuanto se vio por debajo en el marcador. Ahora viene una semana con dos partidos consecutivos y la necesidad de ganarlos ambos. Será entonces cuando pueda medirse la contundencia con la que llegan los rojiblancos a las cinco últimas jornadas del curso.

Ausente a última hora por segundo partido consecutivo el francés Lemar, a Simeone no le quedó otro remedio que fabricar una alternativa inédita. Carrasco abandonó la banda para aparecer por detrás de Correa, obligando a Lodi a cubrir todo el flanco izquierdo. El movimiento no duró demasiado porque el belga tiene características de extremo y no de media punta, pero en el intervalo disfrutó de la primera opción de gol de su equipo en un pase de Llorente que no supo amortiguar con el pecho con el equilibrio suficiente para que el balón no se le marchara largo. Al paso por la primera media hora esa había sido la mejor llegada de un equipo dominador, pero devorado por la ansiedad que no sabía como vulnerar la resistencia de un rival ordenado y cargado de disciplina.

No era cuestión de actitud, sino de atasco mental. El Eibar se dejó colonizar y entregó el balón a cambio de explotar la debilidad defensiva de la banda izquierda rojiblanca. A los 17 minutos Pozo aprovechó la ausencia de Lodi y sacó desde el extremo un pase raso al que casi llega Kevin Rodrigues. Un poco más tarde volvió a crear peligro por el mismo lado, con Simeone gritando desesperado mientras Aleix García se quedaba a un paso de impactar con el balón. Obligado a buscar soluciones, Saúl no tardó en abandonar el flanco derecho para ayudar a tapar la vía de agua de la izquierda. Oliendo la sangre, Mendilibar pidió más audacia a sus futbolistas sin saber que esa sería precisamente su tumba. Pozo dio un par de pasos hacia adelante, Dufur se quedó algo más pendiente de Carrasco y en esas, en el minuto 42, el Eibar cedió un córner. Uno más, el sexto del partido. Con los otros cinco ejecutados sin consecuencias, no había motivos para creer que esta vez podía ser diferente. La tarde, de hecho, no pintaba nada bien.

Pero el fútbol está lleno de sorpresas y esta vez la moneda le salió de cara al Atlético en el momento más inesperado. Koke puso el balón en juego desde el banderín derecho, Herrera prolongó en el punto y de penalty y en el segundo palo fueron al unísono al remate Correa y Savic, aunque fue el argentino el que acabó metiendo la puntera y celebrando su quinto gol de la temporada.

Fue entonces cuando se cumplió a rajatabla la paradoja de la manta: si te cubres la cabeza destapas los pies; si te tapas los pies destapas la cabeza. Difícilmente hay término medio en el fútbol y el Eibar no tardó en comprobarlo porque esa misma banda por la que había puesto el corazón rojiblanco en un puño acabó sellando su propia ejecución. Un minuto después del 1-0 Lodi recibió un pase profundo, prolongó para Carrasco y éste en el área a Correa, que tiró del manual del perfecto equilibrista para dejar con el molde puesto a Esteban Burgos. Luego, en una fracción de segundo, tuvo la clarividencia que le faltó ante Levante, Madrid, Sevilla o Betis y aprovechó con un disparo suave y colocado el espacio que él mismo se había creado. Un gol para solucionar el partido. Un gol para seguir siendo líderes. Un gol para enterrar por fin la maldición.

El 2-0 fue una losa demasiado pesada para un Eibar que se había sostenido en pie 42 minutos, pero que había perdido ahora la fe. Cuando regresó del vestuario lo hizo entregado a su suerte y sin deseos de presentar batalla. El Atlético lo intuyó y se preparó para vivir una tarde de gloria. A los 49 minutos Saúl advirtió el desmarque de Carrasco y el belga, tras eludir en su salida a Dmitrovic, marcó a puerta vacía. Poco después, a los 53, a Marcos Llorente le cayó en el área un rechace que no podía fallar. Desde el 31 de enero en el Ramón de Carranza no marcaba cuatro goles el equipo.

Satisfecho con el resultado, al Cholo empezó a preocuparle el partido del próximo jueves ante el Huesca. Koke y Correa se fueron al banco y se incorporaron a la goleada Vitolo y Dembelé, pero con todo resuelto lo que más les interesaba a ambos era ahorrar esfuerzos. Incluso así el Atlético tuvo tiempo para hurgar otra vez en la herida del Eibar. A los 68 minutos Carrasco pisó el área y a su lado apareció de nuevo Llorente para marcar su undécimo gol de la temporada y redondear la segunda goleada del curso, tras el 6-1 al Granada en el debut liguero.

Si el fútbol es un estado de ánimo, el Atlético ha recibido una dosis brutal de testosterona. Cinco goles para recuperar la fe y para advertirle a Madrid, Barça y Sevilla que no van a entregar las armas tan fácilmente. Por el camino se han perdido muchos puntos, pero el equipo todavía depende de sí mismo. Es el único que puede decirlo, y va a exprimirlo al máximo. Próxima estación: el Huesca de Rafa Mir. 

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