Calefacción

Los técnicos de calefacción advierten: «Si la presión de la caldera baja en otoño, hay que comprobar si hay fugas y luego revisar el vaso de expansión»

presión de la caldera
Manómetro de una caldera. Foto: ilustración propia.
Alejo Lucarás
  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Cuando la presión de la caldera baja nada más arrancar la temporada de calefacción, lo habitual es pensar en una avería grave. Y muchas veces el origen es bastante más simple, aunque eso no significa que convenga ignorarlo, porque una presión insuficiente puede bloquear el aparato justo en los días en que más se necesita y obligar a llamar al técnico de urgencia.

En este marco, las empresas de mantenimiento de calderas coinciden en que el diagnóstico no debe hacerse al azar. Existe una secuencia de comprobaciones, de la más sencilla a la más técnica, que permite descartar causas una a una y saber en qué momento el problema deja de ser una tarea doméstica y pasa a requerir la intervención de un profesional.

¿Por qué la presión de la caldera baja en otoño y en qué orden revisarla?

Partiendo de la base, el motivo más frecuente tiene que ver con el parón del verano. Durante los meses sin uso se forman bolsas de aire en el circuito y, al expulsarlas, el sistema pierde agua y, con ella, presión.

Por eso los técnicos recomiendan seguir este orden: primero purgar los radiadores, después buscar fugas y, por último, revisar el vaso de expansión.

Y antes de tocar nada, conviene saber qué marca el manómetro. Según la empresa Banegas Gas, con la caldera en frío la presión debe situarse entre 1 y 1,5 bares, y con la calefacción en marcha puede subir hasta los 2.

Por debajo de 1 bar se considera baja, y si supera los 3, la válvula de seguridad entra en acción y empieza a soltar agua.

Cabe aclarar que las pequeñas oscilaciones son normales, porque el agua se dilata al calentarse y se contrae al enfriarse. Lo que debe preocupar, advierten los técnicos, es una tendencia constante a la baja, es decir, tener que rellenar la caldera cada pocos días. Ese es el síntoma de que hay algo más detrás y de que toca avanzar en la lista de comprobaciones.

El primer paso: purgar los radiadores y reponer la presión

La OCU recomienda purgar los radiadores antes de cada temporada de calefacción y siempre con el sistema apagado, para evitar quemaduras y que el aire siga circulando. Usualmente, las señales de que hay aire dentro son claras: el radiador se calienta por abajo, pero sigue frío en la parte superior, o se oyen gorgoteos en las tuberías mientras la caldera está en funcionamiento.

El proceso consiste en abrir la llave del purgador de cada radiador hasta que deje de salir aire y empiece a gotear agua. Se aconseja empezar por el más cercano a la caldera.

Al terminar, la presión habrá bajado, así que hay que abrir la llave de llenado hasta situarla en torno a 1,3 o 1,5 bares y cerrarla después.

Si durante los días siguientes la aguja se mantiene estable con la caldera en frío, el problema estaba en el aire acumulado y no hay nada más que hacer hasta la próxima temporada.

En cambio, si la presión vuelve a caer, la purga solo ha servido para descartar la causa más evidente y toca pasar al siguiente punto de la lista.

Segundo paso: buscar fugas si la caldera baja de presión una y otra vez

Una fuga no siempre deja un charco a la vista. Puede tratarse de un goteo mínimo en la llave de un radiador, en un racor o en una junta desgastada, o incluso de una pérdida oculta en suelos y paredes que vacía el circuito poco a poco.

Por eso conviene revisar con calma radiadores, tuberías vistas y uniones en busca de manchas de humedad.

Incluso, la propia caldera también puede perder agua. Los técnicos de Suner señalan como punto habitual la válvula de seguridad, que gotea si está defectuosa o si la presión ha subido demasiado, además de piezas internas que con los años se agrietan o se vuelven porosas.

Si el aparato gotea, pero el manómetro se mantiene entre 1 y 2 bares, la fuga suele estar en el circuito de agua caliente sanitaria.

Tercer paso: revisar el vaso de expansión

Si no aparece ninguna fuga, el principal sospechoso es el vaso de expansión, un depósito con una membrana interior y una cámara de aire que absorbe el aumento de volumen del agua al calentarse.

Y es que cuando pierde aire o la membrana se rompe, la presión sube demasiado con la calefacción encendida, la válvula de seguridad suelta agua y, al enfriarse, el manómetro cae por debajo de lo normal.

Hay una prueba sencilla para detectarlo. Al presionar la válvula del vaso (parecida a la de una rueda), si sale aire, la membrana está bien; si sale agua, está rota. Con el circuito vacío, la precarga suele rondar entre 0,8 y 1 bar, según fabricantes como Sime, aunque Suner considera que recargarlo es una solución temporal y que lo habitual es sustituirlo.

Este último paso ya corresponde a un profesional, igual que el mantenimiento periódico, que sirve también para detectar a tiempo un vaso fatigado.

Por su parte, el Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios (RITE) obliga a revisar las calderas murales de gas de hasta 70 kilovatios cada dos años en las viviendas, un plazo que algunas comunidades, como el País Vasco, reducen a uno solo.

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