Los fontaneros coinciden: «Si el termostato de tu casa está colocado así es un error que puede falsear la temperatura real de la vivienda»

Bajar la calefacción un par de horas antes de acostarse, cerrar puertas para no perder calor, sellar ventanas… Hay quien hace de todo para ahorrar en la factura del gas y aun así siente que su casa nunca coge temperatura. El problema, muchas veces, está en el termostato de tu casa: concretamente, en el sitio donde alguien decidió instalarlo hace años.
En este sentido, varios fontaneros consultados por medios especializados coinciden en el mismo diagnóstico: un termostato mal ubicado puede dar una lectura completamente equivocada de la temperatura real de una vivienda. Y cuando eso pasa, la calefacción se apaga antes de tiempo, aunque el resto de la casa siga fría.
El error de colocación que falsea el termostato de tu casa, según los fontaneros
El fallo que aquí nos concierne (y que probablemente no sea fácil de identificar porque pasa desapercibido) es que muchas veces el termostato está instalado cerca de una fuente de calor, ya sea un radiador, una chimenea o incluso un electrodoméstico que desprende temperatura.
También es un problema habitual colocarlo en una pared exterior, más fría que el resto de la casa, o en un punto donde le da el sol directamente varias horas al día.
En cualquiera de esos casos, el aparato no está midiendo la temperatura real del salón o del dormitorio, sino la de su propio rincón. Un termostato pegado a un radiador registra varios grados más de los que hay en realidad en el resto de la habitación, y uno expuesto al sol de la tarde puede marcar una temperatura veraniega en pleno enero.
Dicho esto, es fácil reconocer el síntoma: el salón, con el termostato en la pared, está a gusto, pero el pasillo o las habitaciones del fondo se sienten frías nada más cruzar la puerta. Muchas familias achacan esa diferencia a la orientación de la casa o a un radiador defectuoso, cuando en realidad el culpable lleva años colgado a pocos centímetros de una fuente de calor.
¿Por qué el termostato ‘cree’ que hace más calor del que hace en realidad?
El mecanismo es sencillo de entender una vez que se conoce el problema. El termostato no sabe nada de la casa en su conjunto: solo reacciona al aire que lo rodea en ese momento. Si ese aire está artificialmente caliente por estar junto a un radiador o bajo el sol, el aparato interpreta que ya se ha alcanzado la temperatura deseada y apaga la caldera antes de tiempo.
¿El resultado? Pues, es una casa que se enfría por partes. La habitación donde está el termostato puede estar perfectamente templada, mientras que el resto de las estancias, sobre todo las más alejadas o las orientadas al norte, se quedan considerablemente más frías, aunque el panel de control siga marcando los 21 o 22 grados de siempre.
El error afecta por igual a los termostatos analógicos de toda la vida y a los modelos programables o conectados a wifi.
La tecnología puede ajustar horarios y temperaturas con precisión, pero si el sensor sigue midiendo el aire equivocado, todo ese sistema inteligente termina calculando mal desde el primer momento.
¿Dónde sí hay que instalar el termostato de tu casa para que funcione bien?
La recomendación de los fontaneros es prácticamente unánime. El termostato debe ir en una pared interior, nunca en una exterior, y en la habitación que más se usa a lo largo del día, que suele ser el salón. Ese espacio marca mejor la temperatura media real de la vivienda que un pasillo o una entrada de paso.
La altura también importa. Lo ideal es colocarlo entre 1,5 y 1,7 metros del suelo, más o menos a la altura de la cabeza de una persona de pie, y lejos de puertas, ventanas o corrientes de aire.
Conviene evitar además los huecos, estanterías o esquinas detrás de cortinas y muebles, porque bloquean la circulación del aire y falsean igualmente la lectura.
Por otro lado, cambiar de sitio un termostato inalámbrico es tan sencillo como desatornillarlo y volver a fijarlo en la pared correcta.
El problema aparece con los modelos cableados, instalados de fábrica junto a la caldera o en el primer sitio que pareció cómodo durante la reforma: ahí, mover el aparato implica repasar la instalación eléctrica, así que conviene consultarlo con un profesional antes de tocar nada.
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Además de revisar la ubicación, los fontaneros insisten en ajustar bien la temperatura objetivo. La recomendación habitual ronda entre 19 y 22 grados de día y entre 16 y 18 grados por la noche, sin necesidad de subir más para notar la diferencia. De hecho, cada grado de más en el termostato puede suponer entre un 7% y un 10% más de consumo energético.
El resto de la revisión pasa por los radiadores: comprobar que las llaves están completamente abiertas, purgarlos para sacar el aire acumulado (ese ruido de burbujeo que a veces se escucha al encenderlos) y despejarlos de sofás, cortinas o muebles que corten la salida del calor.
También conviene vigilar la presión de la caldera, que debería mantenerse entre 1 y 1,5 bares, y revisar las juntas de puertas y ventanas, por donde se escapa buena parte del calor sin que nadie lo note.
Por último, cabe aclarar que ninguno de estos ajustes exige una reforma ni una inversión grande: la mayoría se resuelve con un destornillador, una llave de purgado y un cuarto de hora delante de los radiadores, antes de que lleguen las primeras facturas de la temporada.
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