Según la psicología, las personas que trabajan con el escritorio desordenado no es que sean descuidadas: en realidad es porque así tienen ideas más originales
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Tener el escritorio lleno de papeles, tazas a medio terminar o bolígrafos fuera de su sitio suele asociarse con el descuido, pero la psicología ofrece otra lectura, y es que el entorno en el que se trabaja influye en la forma de pensar más de lo que parece.
Sin embargo, el orden no sale perdiendo del todo. Un equipo de la Universidad de Minnesota comprobó que cada tipo de espacio favorece cosas distintas, y que el desorden estimula la creatividad.
Un escritorio desordenado no da más ideas, sino ideas más creativas, según la Universidad de Minnesota
La psicóloga Kathleen Vohs y sus colegas Joseph Redden y Ryan Rahinel publicaron en 2013 en la revista Psychological Science tres experimentos sobre el efecto del orden y el desorden en el comportamiento.
En uno de ellos, los participantes debían inventar usos nuevos para unas pelotas de ping-pong. Unos trabajaron en una sala ordenada y otros en una desordenada, con papeles por todas partes y material de oficina amontonado. Los dos grupos propusieron el mismo número de ideas, pero unos jueces imparciales valoraron como más interesantes y creativas las del grupo del desorden.
«Estar en una sala desordenada llevó a algo que las empresas, las industrias y las sociedades cada vez quieren más: creatividad», resumió Vohs. En otro experimento, quienes estaban en la sala desordenada preferían un producto presentado como nuevo, y los de la ordenada, uno presentado como clásico. El lugar concreto no importaba: el equipo usó seis espacios distintos y bastaba con ordenarlos o desordenarlos para que el comportamiento cambiara.
Por qué el escritorio ordenado también tiene sus ventajas
«Trabajos previos habían encontrado que un entorno limpio lleva a la gente a hacer cosas buenas: no delinquir, no tirar basura y mostrarse más generosa», explicó Vohs. Su equipo lo confirmó. En el primer experimento, los participantes rellenaban unos cuestionarios en una oficina limpia o en una revuelta, y al salir podían donar dinero a una organización benéfica y elegir entre una chocolatina y una manzana. Los de la sala ordenada donaron más y escogieron con más frecuencia la manzana.
«Los entornos desordenados parecen inspirar a romper con la tradición, lo que puede producir ideas frescas», concluyó Vohs. Los ordenados, añadió, animan a seguir las normas y a no arriesgar. El estudio no concluye, por tanto, que el desorden sea mejor, sino que cada entorno sirve para objetivos distintos.
El trabajo no estudió a personas que tengan siempre su mesa llena de papeles. Los investigadores colocaron a los participantes en salas ordenadas o desordenadas y midieron el efecto del entorno, no la personalidad de quien lo desordena, así que un escritorio caótico no convierte a nadie en creativo por sí solo.
Cómo organizar el escritorio sin perder la creatividad
Las conclusiones de Vohs permiten combinar los dos efectos con algunas pautas sencillas.
- Dividir la mesa en dos zonas: el centro, despejado, para el ordenador o el cuaderno de la tarea del momento, y los laterales para notas, libros abiertos y bocetos.
- Pasar parte del material a la pared, con un corcho o una pizarra, para que las ideas sigan a la vista sin ocupar la superficie de trabajo.
- Guardar en una caja abierta, junto a la mesa, lo que se usó en el proyecto anterior y no hace falta hoy.
- Usar bandejas o carpetas transparentes en lugar de cajones cerrados, para que los proyectos no desaparezcan de la vista.
- Dedicar unos minutos al final de la jornada a tirar lo que es basura, como tazas vacías o envoltorios, y dejar a mano lo que se retomará al día siguiente.
La mesa puede ordenarse antes de revisar cuentas o contratos y dejarse algo más libre cuando toca buscar ideas, como hicieron los investigadores al cambiar sólo el aspecto de las salas.
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