La ciencia no pudo explicar los impactos planetarios hasta el año 1833: un estudio afirma que Dante Alighieri se adelantó a todo el mundo 5 siglos antes

Dante Alighieri escribió la Divina Comedia a comienzos del siglo XIV, sin ninguna formación científica y sin las herramientas que hoy permiten estudiar asteroides o cuerpos celestes. Aun así, un nuevo estudio presentado ante la comunidad de geociencias sostiene que el poeta florentino plasmó en su descripción del descenso a los infiernos detalles adelantados para la época.
Y estos coinciden, punto por punto, con lo que hoy se sabe sobre el impacto de grandes masas contra la superficie terrestre. El investigador que la firma lleva años cruzando textos clásicos con geología y asegura que el pasaje más citado del Infierno esconde una secuencia física coherente: velocidad, penetración y deformación del terreno.
El infierno de Dante Alighieri, la primera descripción literaria de un impacto planetario
El filólogo Timothy Burbery, de la Marshall University (Estados Unidos), presentó su hipótesis en la Asamblea General 2026 de la European Geosciences Union (EGU), celebrada este 2026 en Viena entre el 3 y el 8 de mayo. El trabajo, titulado «Meteorítica y el Infierno de Dante: un análisis de la caída de Satanás como un evento de impacto», propone una relectura geológica de uno de los pasajes más leídos de la literatura universal.
Según su análisis, Dante Alighieri imaginó la caída de Satanás desde el Cielo como el choque de un objeto a gran velocidad contra el hemisferio sur del planeta, capaz de perforar la corteza terrestre y abrir un túnel hasta el centro de la Tierra. Esa imagen, sostiene Burbery, más allá de ser poética, reproduce con notable precisión la física de un impacto real.
En este mismo sentido, Burbery lo resume con una frase que ha dado la vuelta a los foros de divulgación científica: «Los nueve círculos del infierno ya no son solo niveles simbólicos del pecado, sino una descripción bastante precisa de la morfología concéntrica y escalonada que se observa en las cuencas de impacto de varios anillos».
Así, para el investigador, el relato dantesco funciona como un experimento mental de física de impactos, escrito casi seis siglos antes de que esa disciplina existiera.
Un cráter con forma de embudo: la geología escondida en la Divina Comedia
La escala del suceso que describe Dante Alighieri, según el estudio, es comparable a la del impacto de Chicxulub, el asteroide que hace 66 millones de años acabó con los dinosaurios no aviares y alteró el clima del planeta.
Burbery llega a comparar a Satanás con un cuerpo «de forma alargada y tamaño similar al de un asteroide», parecido al objeto interestelar Oumuamua, detectado en 2017 y aún rodeado de misterio entre los astrónomos.
Mientras tanto, el estudio también recurre a otro protagonista de la historia geológica de la Tierra: Theia, el planeta del tamaño de Marte que, según la hipótesis más aceptada, chocó contra nuestro planeta hace unos 4.500 millones de años y dio origen a la Luna.
Para Burbery, ese tipo de colisiones extremas eran precisamente lo que Dante Alighieri, sin saberlo, trataba de imaginar en clave literaria.
1833, el año en que la ciencia alcanzó a Dante Alighieri
Hasta el siglo XIX, buena parte de la comunidad científica seguía atada a los dogmas aristotélicos: los meteoritos se consideraban fenómenos atmosféricos y no fragmentos llegados del espacio exterior.
Ese consenso se rompió en 1833, cuando la espectacular lluvia de estrellas Leónidas (un fenómeno que se repite cada 33 años asociado a la constelación de Leo) aportó pruebas de que esas rocas procedían de fuera de la atmósfera terrestre. Para entonces, Dante Alighieri llevaba casi 500 años muerto.
Según el estudio presentado en la EGU, el poeta se había adelantado a esa conclusión al describir la velocidad terminal del impacto y la ruptura de la corteza, ideas que Burbery define como necesarias para explicar la máxima compresión que un cuerpo así generaría en el núcleo del planeta, desafiando los dogmas aristotélicos que dominaron la astronomía occidental.
El trabajo cita incluso el meteorito Hoba, hallado en Namibia, con una masa intacta de 60 toneladas, como ejemplo de los cuerpos que la ciencia tardó siglos en clasificar correctamente: la misma clase de objeto que, según esta lectura, Dante Alighieri ya había imaginado cayendo sobre la Tierra mucho antes de que existiera un solo instrumento capaz de medirlo.