Reflexión

Proverbio árabe del día: «Las cosas no valen por el tiempo que duran, sino por las huellas que dejan»

Proverbio árabe del día
Mujer viendo fotos viejas. Foto: Pexels.
  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Los proverbios árabes llevan siglos transmitiéndose de boca en boca, primero en los mercados y las tiendas del desierto, y después en libros, redes sociales y conversaciones de sobremesa. Uno de los más repetidos últimamente habla del valor de las cosas y de lo poco que tiene que ver ese valor con la duración.

Antes de entrar de lleno en su significado, vale la pena detenerse un momento. Es fácil leer una frase así y asentir con la cabeza sin pensar demasiado, pero este proverbio árabe en particular invita a algo más incómodo: mirar hacia atrás y preguntarse qué queda realmente de lo que hemos vivido.

¿Por qué este proverbio árabe habla de huellas y no de tiempo?

La frase completa dice: «Las cosas no valen por el tiempo que duran, sino por las huellas que dejan». A simple vista parece hablar de objetos, pero en realidad habla de personas, de momentos y de decisiones.

El mensaje central es que medir el valor de algo por su duración es un error de perspectiva. Lo importante no es cuánto dura, sino qué transforma a su paso.

Un ejemplo sencillo ayuda a entenderlo. Una flor que regala alguien que nos importa puede marchitarse en apenas dos o tres días, pero el gesto que hay detrás, el hecho de haber sido recordado, puede quedarse guardado durante años. O en el caso contrario: un traje que nos compramos y no nos ponemos nunca, ¿nos genera satisfacción aunque nos dure años impoluto en el armario? Seguramente no, porque jamás lo hemos usado.

Lo mismo ocurre con una conversación breve que nos hace cambiar una decisión importante, o con un consejo dado en el momento justo. Ninguno de esos instantes dura, pero todos dejan algo detrás.

¿Qué huella estás dejando tú en las personas que te rodean?

Leer este proverbio árabe casi obliga a hacerse una pregunta incómoda: ¿Qué huella estás dejando tú en las personas que te rodean? Y ojo, que aquí no hace falta pensar en grandes gestos ni en legados difíciles de construir.

A veces la huella más duradera es una palabra dicha en el momento adecuado, la paciencia con alguien que lo estaba pasando mal o simplemente haber estado presente cuando hacía falta.

Esas huellas, aunque invisibles, suelen pesar más que cualquier objeto que se guarde en un cajón.

De los mercados del desierto a las redes sociales: por qué esta sabiduría sigue vigente

La tradición oral árabe, y en particular la cultura amazigh del norte de África, ha construido durante generaciones un repertorio de cuentos, leyendas y refranes que funcionan como pequeñas guías para la vida cotidiana.

Otros proverbios de esa misma tradición insisten en ideas parecidas, como el que recuerda que hay cuatro cosas que nunca regresan (la flecha lanzada, la palabra ya dicha, la vida pasada y la ocasión perdida), o el que compara la paciencia con un árbol de raíz amarga pero de frutos muy dulces.

Todos comparten esa misma idea de fondo. Y es justamente que lo que de verdad importa se mide en profundidad, no en tiempo.

¿Y si lo que de verdad cuenta no es cuánto dura, sino qué deja?

Trasladado a la vida diaria, este proverbio árabe funciona casi como un filtro. Antes de dedicarle horas a algo, cabe preguntarse si esa actividad deja alguna huella real o si simplemente ocupa tiempo sin dejar nada a cambio.

Y desde luego, lo mismo aplica a las relaciones. Hay vínculos que duran años sin dejar prácticamente nada, y encuentros de una sola tarde que se recuerdan toda la vida.

También sirve para mirar el trabajo con otros ojos. Un proyecto puede llevar meses de esfuerzo y desaparecer sin dejar ningún rastro cuando termina, mientras que una sola idea, bien explicada en el momento justo, puede seguir influyendo en otras personas mucho después de haberse olvidado quién la dijo primero.

La cultura actual tiende a medir el éxito en cantidad de tiempo invertido o en cuánto dura algo en pie, pero este proverbio propone justo lo contrario: preguntarse qué se mueve por dentro cuando ese algo ya no está.

Al final, la pregunta que queda flotando no es cuánto va a durar lo que hacemos hoy, sino qué señal deja en quien lo recibe. Esa es, quizás, la única medida de tiempo que de verdad importa.

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