Platón, filósofo griego, sobre el amor: «La mayor declaración es la que no se hace; el hombre que siente mucho, habla poco»
El discípulo de Sócrates ya advertía que el verdadero sentimiento no necesita de grandes discursos ni promesas vacías
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En un mundo lleno de ruido, redes sociales y declaraciones de amor públicas a golpe de «clic», las palabras de Platón resuenan con más fuerza que nunca. El filósofo griego, uno de los pilares del pensamiento occidental, dejó para la posteridad una reflexión que desmonta el romanticismo de escaparate: «La mayor declaración de amor es la que no se hace; el hombre que siente mucho, habla poco».
Para el sabio de Atenas, el amor auténtico no es el que más grita, sino el que se vive en el silencio de los hechos y la profundidad del alma.
Menos palabras y más «Eros»
Para Platón, el amor (o Eros) era una fuerza poderosa que impulsaba al ser humano hacia la belleza y la verdad. Sin embargo, advertía sobre la trampa de la elocuencia. A menudo, quien se deshace en halagos y promesas interminables está usando la palabra para llenar un vacío de sentimiento real.

La idea detrás de su famosa frase es sencilla pero demoledora: cuando una emoción es verdaderamente profunda, desborda la capacidad del lenguaje. Las palabras se quedan cortas, se vuelven pequeñas ante la magnitud de lo que se siente. Por eso, el hombre que realmente ama, prefiere demostrar con su presencia y sus actos lo que su lengua no alcanza a explicar.
La vigencia de Platón en la era del postureo
Si Platón levantara la cabeza y viera el panorama actual de «te quieros» en los pies de foto de Instagram, probablemente se reafirmaría en su teoría. En su filosofía, el amor es una conexión de almas, un reconocimiento mutuo que no necesita validación externa.
El silencio al que se refiere el filósofo no es falta de interés, sino todo lo contrario: es la plenitud. Cuando existe una sintonía real entre dos personas, las palabras sobran. Es en los pequeños gestos cotidianos, en la mirada cómplice o en el apoyo incondicional donde se esconde la declaración más valiente.
Al final, como ya nos enseñó este genio de la Grecia clásica, el amor más puro es aquel que se siente tan fuerte en el pecho que, simplemente, no cabe en una frase.