Voluntariado

Una pareja holandesa busca voluntarios para vivir gratis en la Ribeira Sacra gallega a cambio de trabajar en la jardinería y el cuidado de los animales de su finca

vivir gratis en la Ribeira Sacra
Gallinero del voluntariado en la Ribeira Sacra. Foto: Workaway.
Alejo Lucarás
  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Mientras las ovejas pastan junto a un bosque comestible, en el invernadero cercano están creciendo lentamente las verduras que acabarán en la mesa. Así arranca cada jornada en Finca Castrovello, el rincón de la comarca de Chantada (Lugo), donde toma lugar el voluntariado que abordaremos aquí. Y sin dudas, es ideal para quienes quieran vivir gratis en la Ribeira Sacra gallega.

Detrás del proyecto están Roy y Mia, una pareja que se formó en permacultura en los Países Bajos en 2009 y que decidió instalarse en el interior de Galicia para vivir de la forma más autosuficiente posible. Su anuncio en la plataforma Workaway advierte desde el principio que la experiencia exige algo más que buena voluntad.

¿Cómo es el voluntariado de Roy y Mia en la Ribeira Sacra gallega?

El intercambio sigue el modelo habitual de los voluntariados rurales: alojamiento y tres comidas diarias a cambio de unas horas de trabajo. De base, la cocina es mayoritariamente vegetariana y se nutre de lo que da la huerta, con mermeladas, empanadas y limonada casera. En los días libres, cada uno se prepara el almuerzo en la cocina que queda junto a su habitación.

En lo que respecta al descanso, para conciliar el sueño luego de cada jornada hay varias opciones. La primera es una habitación con una cama doble y otra individual, baño compartido con ducha de agua caliente y electricidad.

La segunda, más rústica, es una cabaña de madera con terraza y vistas, pensada para una o dos personas, sin luz eléctrica (los anfitriones prestan una lámpara solar) y con váter seco. También hay sitio para aparcar una autocaravana.

Desde luego, la ficha no fija un horario cerrado, aunque un voluntario describe una rutina de unas cinco horas diarias, cinco días por semana.

Roy y Mia disfrutando de la vista
Roy y Mia disfrutando de la vista del lugar. Foto: Workaway.

Son Roy y Mia quienes reparten las jornadas de trabajo y de descanso, por lo que conviene aclararlo al llegar. Y cabe aclarar que fregar los platos y poner la mesa no cuenta como horas de trabajo, sino que forma parte de la convivencia, como lo haríamos con nuestras propias familias.

Jardinería, animales y obras: un repaso por el día a día en la finca

La finca, de unas 7,5 hectáreas según un voluntario que pasó por allí, funciona como un proyecto en marcha donde siempre queda algo por hacer. La mayor parte de las tareas se concentra en el huerto y en el bosque comestible, un sistema de cultivo que imita la estructura de un bosque natural con frutales, arbustos y plantas que se protegen entre sí.

El anuncio enumera, entre otros, estos trabajos:

  • Huerto y jardín: siembra, riego, deshierbe, cosecha, poda e injertos.
  • Cuidado de animales: dar de comer al perro, los gatos, las gallinas y las ovejas, limpiar el gallinero y el corral y ayudar con el esquileo.
  • Mantenimiento: leña, vallados, desbroce y reparación del invernadero.
  • Construcción: albañilería, enlucido, alicatado y pintura de vigas.

Como ya se anticipó, el perfil buscado está claro: personas con energía y fuerza física. A cambio, la pareja comparte lo que sabe. Roy es delineante y albañil, y se ocupa de las instalaciones eléctricas y de fontanería; Mia es jardinera, enfermera y cocinera.

Varios voluntarios aseguran haber aprendido a levantar muros, enlucir paredes o esquilar ovejas, además de nociones de permacultura y de vida fuera de la red.

Entre cañones, viñedos y monasterios: ¿Cómo es la Ribeira Sacra gallega?

Que no quepan dudas de que el entorno es otro de los alicientes. La Ribeira Sacra, a caballo entre Lugo y Ourense, forma parte de una Reserva de la Biosfera de más de 306.000 hectáreas que incluye también las sierras de Oribio y O Courel. Los ríos Sil y Miño han excavado cañones de hasta 500 metros de altura, y en sus laderas se cultiva la uva mencía en bancales.

Ese trabajo en pendientes extremas, que se remonta a la época romana, recibe el nombre de viticultura heroica. En la misma zona queda Belesar, donde los viñedos cuelgan en terrazas sobre el embalse construido en 1963 y desde donde salen catamaranes por el cañón del Miño.

Además, la comarca conserva una de las mayores concentraciones de iglesias románicas rurales de Europa.

Y muy cerca se alza el monte Faro, que con 1.187 metros es el punto más alto de la dorsal meridiana gallega y un espacio natural protegido que comparten Carballedo, Chantada y Rodeiro. En este marco, los voluntarios tienen dos bicicletas a su disposición, rutas de senderismo en los alrededores y, a algo más de distancia, las aguas termales de Ourense.

Lo que pide la pareja holandesa para vivir gratis con ellos en la Ribeira Sacra

La estancia mínima es de dos semanas y cada voluntario debe contar con su propio seguro de responsabilidad civil; los anfitriones pueden pedir, además, una copia del pasaporte. No se admite a familias, está prohibido fumar por el riesgo de sequía y tampoco se toleran las drogas ni el consumo excesivo de alcohol. Dentro de las casas, por cierto, se entra siempre descalzo.

A su vez, la conexión es otro aspecto a tener en cuenta: el acceso a internet es limitado, así que conviene llevar datos móviles o acudir al bar del pueblo.

Entre tanto, la parada de autobús más próxima está a dos kilómetros (los anfitriones pueden recoger a los recién llegados) y la estación de tren, a unos 30. Quienes no son ciudadanos de la UE necesitan, además, el visado correspondiente.

Actualmente, la pareja acumula 50 reseñas en la plataforma y luce la insignia de Super Host, con una media de 4,9 sobre cinco en fiabilidad y comunicación. Algunos voluntarios se marcharon antes de tiempo porque el estilo de vida no era lo que esperaban.

Por último, para este invierno buscan otro perfil, alguien que cuide la casa y los animales entre mediados de diciembre y mediados de enero.

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