Psicología

Ni locura ni soledad: el veredicto de los psicólogos sobre hablar con animales como si fueran personas

Hablar con animales
Janire Manzanas
  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Hablar con animales como si fueran personas es un comportamiento que desde hace décadas intriga a la comunidad científica. Conversaciones que para muchos forman parte de la rutina y que resulta tan natural como hablar con un familiar o con un amigo. En este contexto, la psicología señala que se trata de un fenómeno con un amplio abanico de lecturas emocionales, sociales y culturales que dicen mucho más sobre las personas que sobre los animales.

Lejos de ser un comportamiento extraño o aislado, distintos estudios coinciden en que humanizar a las mascotas es una práctica muy extendida. Ahora bien, es esencial no sobrepasar los límites y humanizar en exceso a las mascotas, ya que esto coarta su auténtica naturaleza. «Un perro humanizado es un perro que vive en constante frustración, ya que probablemente no tenga una sola oportunidad en todo el día para ser perro», señala un artículo de la escuela canina Filosofía Animal.

¿Qué dice la psicología sobre hablar con animales?

Desde el punto de vista psicológico, hablarle a una mascota como si fuera una persona guarda relación con la empatía. Las personas que lo hacen suelen proyectar emociones, intenciones y estados de ánimo en sus animales como una manera de establecer un vínculo emocional profundo.

Este fenómeno se conoce como antropomorfismo, y no implica creer literalmente que el animal piensa o razona como una persona, sino atribuirle rasgos humanos para facilitar la conexión afectiva. «Cuando alguien le habla a su perro o a su gato como si lo entendiera todo, en realidad está expresando emociones propias: cariño, preocupación, alegría o necesidad de compañía».

Mascotas como parte de la familia

Uno de los factores clave detrás de este comportamiento es el lugar que ocupan hoy las mascotas dentro del núcleo familiar. Ya no son simples animales de compañía: para muchas personas son sus compañeros de vida.

Aunque los animales no comprendan el contenido literal de las frases, sí responden al tono de voz, la entonación y el lenguaje corporal. Los perros, en particular, son muy sensibles a las variaciones emocionales en la voz humana, mientras que los gatos reaccionan al ritmo, la repetición y la atención recibida.

Desde este punto de vista, hablar con animales refuerza el vínculo, genera rutinas de interacción y transmite seguridad. El animal asocia la voz con cuidado, alimento, juego o calma, lo que fortalece la relación. Además, para la persona, verbalizar pensamientos o emociones frente a un animal que no juzga ni interrumpe puede tener un efecto terapéutico, similar al de hablar en voz alta o escribir un diario personal.

Beneficios emocionales comprobados

Los psicólogos coinciden en que este comportamiento puede tener múltiples beneficios para la salud emocional. Entre los más destacados se encuentran:

  • Reducción del estrés y la ansiedad
  • Sensación de compañía y contención
  • Mejora del estado de ánimo
  • Refuerzo de rutinas y hábitos saludables
  • Mayor conciencia emocional

¿Es una señal de soledad?

Una de las preguntas más frecuentes es si hablar con animales indica soledad o carencias afectivas. La psicología es clara: no necesariamente. Si bien puede ser más frecuente en personas que viven solas, también se observa en familias numerosas. La clave está en el equilibrio. Cuando este comportamiento no reemplaza los vínculos humanos ni interfiere con la vida social, se considera una expresión saludable de afecto.

Inteligencia emocional y sensibilidad

Lejos de ser una excentricidad, este comportamiento se suele asociar a una gran inteligencia emocional. Las personas que hablan con sus mascotas suelen ser más conscientes de sus emociones y más abiertas a expresarlas.

Para muchos dueños, hablarle a su mascota también es una forma de cuidado. Avisarle que van a salir, explicarle una visita al veterinario o tranquilizarlo ante un ruido fuerte forma parte de una rutina que combina lenguaje y afecto. Aunque el animal no comprenda cada palabra, percibe la intención y el tono. Y eso basta para generar confianza.

En definitiva, hablar con animales como si fueran humanas es una manifestación clara de cómo las personas se relacionan con el afecto, la empatía y la necesidad de conexión emocional. Este hábito refleja una sensibilidad especial hacia el entorno y una expresión de apego y comunicación. La psicología explica que poner en palabras emociones, pensamientos o rutinas frente a una mascota ayuda a ordenar el mundo interno, reducir el estrés y generar sensación de compañía.

En un mundo cada vez más digital, acelerado y distante, éstas conversaciones cotidianas cobran un valor especial. Hablarle a un perro, a un gato o a cualquier mascota se convierte en un acto íntimo, sencillo y auténtico que revela la necesidad sentirse acompañado y comprendido. Y cuando ese puente se construye con un perro que mueve la cola al escuchar nuestra voz o con un gato que responde con un ronroneo, la psicología lo reconoce como una forma legítima y saludable de vínculo afectivo.

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