Los monumentos en peligro tras tomar el control los talibanes en Afganistán
El Museo de Kabul así como el minarete y los restos arqueológicos de Jam son algunos de los monumentos "amenazados" por la presencia talibán en Afganistán.
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La presencia talibán en Kabul y en gran parte de Afganistán sigue siendo una situación preocupante para la población del país, pero no solo eso. El patrimonio cultural de Afganistán está en peligro, dado que en el pasado los insurgentes ya acabaron con monumentos como los famosos Budas de Bāmiyān, por lo que se teme ahora que de nuevo el regimen Talibán acabe con otros monumentos.
Los monumentos en peligro tras tomar el control los talibanes en Afganistán
De hecho, la agencia cultural de las Naciones Unidas, UNESCO, solicitaba la semana pasada la protección y preservación del patrimonio cultural de Afganistán, advirtiendo que dañarlo solo podría tener consecuencias adversas para una paz duradera.
Solo hace falta recordar que el Estado Islámico ya acabó hace más de un lustro con las ruinas o el templo de Baal, en Palmira (Siria) y veinte años antes, los talibanes hicieron saltar por los aires los dos gigantes Budas de Bamiyán, que habían estado en nichos excavados en las montañas del valle durante siglos.
Con la situación actual, se teme especialmente por el Museo Nacional de Kabul, así como por los sitios designados como Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, incluido el minarete y los restos arqueológicos de Jam y el paisaje cultural y los restos arqueológicos del valle de Bamiyán.
«Afganistán es el hogar de una amplia gama de patrimonio rico y diverso, que es una parte integral de la historia y la identidad afganas, así como de importancia para la humanidad en su conjunto, que debe ser salvaguardado», dijo la agencia en un comunicado.
Como ya ocurrió en el pasado, la UNESCO está convencida que los talibanes pueden destruir el patrimonio cultural de Afganistán con el fin de acabar con la cultura, la identidad y la historia del país, pero además, como arma contra las poblaciones locales. De hecho, en 2012 la comunidad internacional reconoció la destrucción intencional del patrimonio cultural como un crimen de guerra.
Karima Bennoune, relatora especial de la ONU en el campo de los derechos culturales ha declarado que lo primero es proteger las vidas y los derechos de los afganos, algo que considera de «máxima prioridad», pero «También deben realizarse esfuerzos para garantizar la seguridad de todas las formas de cultura y patrimonio cultural que son esenciales para el disfrute de esos derechos, y para proteger a quienes los defienden en el frente”.
Por ello se ha hecho un llamamiento a las instituciones culturales y educativas internacionales para que inviten a artistas, trabajadores culturales y estudiantes afganos, especialmente mujeres y miembros de grupos minoritarios, a sus respectivos países para que puedan continuar su trabajo en condiciones de seguridad.