Marco Licinio Craso, general romano: «Nadie puede considerarse poderoso si no puede mantener un ejército con su propio dinero»
El general y triunviro romano defendía que la verdadera riqueza debía permitir financiar una fuerza militar completa
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«Nadie puede considerarse verdaderamente poderoso si su riqueza no le permite sostener un ejército entero de su propio bolsillo». Esta es la idea que defendía Marco Licinio Craso, uno de los personajes más ricos e influyentes de la antigua Roma. Su fortuna era tan extraordinaria que el historiador Plutarco recogió en su biografía que el político consideraba que nadie podía ser llamado rico si no tenía recursos suficientes para mantener un ejército a sus expensas. Para Craso, el dinero no sólo representaba comodidad o prestigio, ya que también era una herramienta para conseguir poder político y militar.
Cómo consiguió su inmensa fortuna
Craso nació hacia el año 115 a. C. y construyó su patrimonio aprovechando las oportunidades económicas y políticas de su época. Según Plutarco, una parte importante de su riqueza procedía de las propiedades confiscadas durante las proscripciones de Lucio Cornelio Sila, además de sus negocios inmobiliarios. También compraba edificios afectados por incendios y viviendas cercanas cuyos propietarios, ante el miedo a perderlo todo, aceptaban vender a precios muy bajos.
El historiador griego asegura que llegó a controlar una parte considerable de Roma. Craso también poseía minas de plata, grandes extensiones de terreno y cientos de esclavos especializados en diferentes oficios. Su patrimonio alcanzó, según el cálculo recogido por Plutarco, los 7.100 talentos antes de su expedición contra los partos.
El poder detrás del primer triunvirato
Su riqueza le permitió convertirse en una figura fundamental de la política romana. En el año 60 a. C. formó el llamado primer triunvirato junto a Julio César y Cneo Pompeyo Magno. Los tres compartieron intereses políticos y establecieron una alianza que condicionó el funcionamiento de la República.
Craso aportó especialmente su influencia económica y sus contactos, mientras que César buscaba consolidar su carrera política y Pompeyo mantener el reconocimiento obtenido por sus campañas militares. En el año 55 a. C., Craso volvió a ocupar el consulado y consiguió el gobierno de Siria, desde donde preparó su campaña contra Partia.
Una ambición que terminó en desastre
En el año 53 a. C., Craso dirigió una expedición militar contra los partos que terminó en una de las derrotas más graves de Roma, que fue la batalla de Carras. Las tropas romanas fueron derrotadas por el ejército dirigido por el general parto Surena y el propio Craso murió durante los acontecimientos posteriores al enfrentamiento.