Los expertos en limpieza coinciden: para eliminar el óxido de grifos y sartenes sólo necesitas usar un poco de papel de aluminio
Con una bola de papel de aluminio de tamaño mediano y estos ingredientes podrás erradicar las manchas en el acero
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Con el transcurso de los años, los grifos, ollas y sartenes tienden a acumular manchas de sarro y óxido con su uso y falta de una correcta limpieza. Aunque parecen imposibles de eliminar, y muchos optan por comprar nuevos productos, existe un truco casero sencillo y efectivo y que se encuentra en todos los hogares españoles: utilizar papel de aluminio.
Para qué sirve el papel de aluminio contra el óxido
El papel de aluminio es una de las opciones más interesantes para remover toda la suciedad que ha quedado pegada en los elementos citados sin rayarlos ni desgastarlos. La efectividad de este procedimiento reside en una mezcla de acción mecánica y reacción química sutil. El aluminio es un metal más blando que el acero de las griferías, por lo que actúa como un alisador fino que despega los restos corrosivos sin perjudicar el acabado de la superficie. Asimismo, cuando entra en contacto con el óxido, además de agua o vinagre, se crea una ligera fricción que favorece la vuelta al brillo original en un abrir y cerrar de ojos.
Cómo aplicar el truco correctamente
Para llevar a cabo esta tarea de limpieza detallada no hace falta hacer un gran desembolso. Tan solo es necesario seguir estos pasos:
- Cortar y darle forma: corta un trozo de papel de aluminio y haz una bola de tamaño medio, sin apretar demasiado para facilitar su agarre.
- Humedece el aluminio: moja la bola con agua templada. Para potenciar su efecto sobre zonas donde las manchas se resisten a desaparecer, tanto unas gotas de vinagre blanco como una pequeña cantidad de bicarbonato de sodio son los mejores aliados.
- Frotar con fuerza: pasa la bola sobre las superficies oxidadas de los grifos, sartenes y ollas con una presión firme. Percibirás cómo la mancha empieza a descomponerse rápidamente.
- Enjuaga y seca: una vez finalizado el proceso, lava la superficie con agua y detergente común o jabón y sécala bien con un paño de microfibra para esquivar la posibilidad de que la humedad derive la vuelta del óxido.