Las expertas en limpieza coinciden: para que las puertas queden limpias y no amarilleen «tienes que timpiarlas con agua y jabón en escamas»
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Las puertas son uno de esos elementos de la casa a los que no siempre prestamos la atención que merecen en lo que a la limpieza se refiere. Sin embargo, con el paso del tiempo, acumulan polvo, grasa, huellas y otras manchas que terminan apagando su brillo. Para evitarlo, no hace falta recurrir a productos que prometen resultados milagrosos. De hecho, dos expertas en limpieza han compartido sus trucos para mantener las puertas impecables utilizando ingredientes sencillos y económicos que solemos tener en casa.
Ambas coinciden en que el agua y el jabón son suficientes para retirar la suciedad acumulada. En concreto, una de las fórmulas que proponen utiliza jabón natural en escamas, un ingrediente tradicional que permite preparar un limpiador casero de forma muy sencilla. Con unos cuidados básicos y un poco de constancia, es posible mantener las puertas como nuevas durante mucho tiempo.
El truco definitivo para limpiar las puertas
La primera propuesta llega de la mano de María Belén Romero. Se trata de una fórmula casera muy eficaz para limpiar las puertas lacadas y acabar con las manchas que aparecen con el uso diario. Para preparar este limpiador multiusos necesitaremos los siguientes ingredientes: 300 mililitros de agua templada, 1 cucharadita de jabón natural rallado y 100 mililitros de alcohol de limpieza.
Una vez reunidos todos los ingredientes, debemos mezclarlos y remover bien hasta conseguir que el jabón se disuelva por completo. Después, dejamos que la solución se enfríe y ya estará lista para utilizar. Basta con pulverizarla sobre la superficie y pasar un paño limpio. «Lo aplico en puertas, muebles lacados y también en los tiradores (que son donde más marcas de dedos suelen quedar) y el resultado es brillo, limpieza y cero amarilleo, sin restos grasos», comenta Romero. Según explica, «esta mezcla nunca falla para que tus puertas lacadas se mantengan limpias, sin huellas y no amarilleen con el tiempo».
Por su parte, la experta en limpieza Andrea Caaveiro propone una alternativa todavía más sencilla para dejar las puertas de casa impecables, siempre respetando las precauciones necesarias según el tipo de material y acabado. Su método sirve tanto para puertas blancas como oscuras o de madera y apenas requiere dos productos que solemos tener a mano. «Sólo necesitamos dos ingredientes básicos: agua y jabón», asegura. Si las puertas están muy sucias, recomienda añadir algún producto adicional para una limpieza en profundidad. En estos casos, recomienda añadir a la mezcla «vinagre o amoniaco e incluso si son blancas y tienen alguna mancha complicada puedes limpiarla previamente con piedra blanca».
Ambas coinciden en que la clave está en mantener una buena rutina de limpieza: utilizar agua y jabón en escamas es suficiente para preservar el brillo y el color de las puertas. Además, insisten en no descuidar los pequeños detalles, como los marcos, los tiradores y los rincones de difícil acceso.
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Uno de los fallos más frecuentes al limpiar las puertas es utilizar a estropajos metálicos o esponjas abrasivas. Aunque a primera vista pueden parecer una buena solución para acabar con las manchas más resistentes, lo cierto es que pueden deteriorar el acabado. Asimismo, conviene evitar el agua muy caliente y los productos de limpieza oncentrados, ya que pueden causar deformaciones y acelerar el desgaste del material, sobre todo cuando se trata de maderas delicadas o barnices antiguos.
Cómo limpiar las puertas de madera
La madera es un material que aporta elegancia, calidez y personalidad, por lo que suele ser una de las opciones favoritas para las puertas. Sin embargo, para conservar su belleza natural con el paso del tiempo, necesita unos cuidados específicos. Al tratarse de un material poroso, puede verse afectado por la humedad y estropearse si no se utilizan los productos adecuados. Aunque los modelos actuales incorporar tratamientos protectores, es fundamental limpiarlas con delicadeza para evitar dañar el acabado y prolongar su vida útil.
- Eliminar el polvo con regularidad: conviene utilizar un paño suave y seco o un plumero para retirar el polvo acumulado en la superficie. Es importante prestar atención a las vetas, molduras y pequeños relieves donde puede quedar suciedad.
- Utilizar poca agua y jabón neutro: para la limpieza habitual, lo más recomendable es preparar una solución de agua tibia y jabón suave. Humedece ligeramente un paño, sin empaparlo, y limpia siguiendo la dirección de las vetas de la madera.
- Secar la superficie inmediatamente: una vez finalizada la limpieza, pasa un paño seco para retirar cualquier resto de humedad. Si el agua permanece sobre la madera, puede terminar provocando manchas, hinchazón o deformaciones.
- Aplicar productos específicos para madera: de vez en cuando, podemos recurrir a tratamientos adecuados para este material, como ceras o aceites nutritivos, siempre que sean compatibles con el acabado de la puerta. Estos productos ayudan a conservar su aspecto y mantener el brillo.