Arthur Brooks, experto en felicidad: «Decirle a alguien que es un amigo inútil puede ser uno de los mayores cumplidos»
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Las redes sociales y aplicaciones de mensajería nos permiten hablar a diario con alguien que vive a miles de kilómetros o recuperar en segundos una relación que llevaba años parada. Pero tener muchos contactos no significa necesariamente tener buenos amigos. Arthur Brooks, profesor de Harvard y experto en felicidad, plantea una curiosa forma de distinguir unas relaciones de otras. Según explica, para ser felices necesitamos tener «amigos inútiles».
La expresión puede sonar algo polémico, pero Brooks la utiliza precisamente en el sentido contrario. Se refiere a esas personas de las que no necesitamos obtener nada o de hecho, no esperamos nada: ni oportunidades laborales, ni contactos, ni dinero, ni favores. Son amigos con los que estamos simplemente porque queremos. Por eso, asegura que decirle a alguien que es un «amigo inútil» puede ser uno de los mayores cumplidos.
Arthur Brooks, experto en felicidad: «Decirle a alguien que es un amigo inútil puede ser uno de los mayores cumplidos»
Brooks diferencia entre dos tipos de amistades. En primer lugar están los que denomina «deal friends», personas con las que existe algún tipo de intercambio o utilidad. «Casi todos tenemos un tipo de amigo: ese compañero que nos ayuda a progresar en la vida, aquel del que necesitamos o queremos algo», explica el profesor. No tiene por qué haber nada negativo en este tipo de relación. Puede tratarse de un compañero que nos aconseja sobre nuestro trabajo, alguien con quien compartimos contactos o una persona que nos ayuda profesionalmente.
Además, el beneficio puede ser mutuo. El problema aparece cuando prácticamente todas las relaciones funcionan de esa manera. Frente a ellas están los «real friends», los amigos que permanecen en nuestra vida sin que exista un objetivo detrás. Ahí es donde Brooks introduce su concepto de los «amigos inútiles». No son inútiles como personas. Lo que no tiene una utilidad práctica es la relación.
Por qué estos amigos son importantes para la felicidad
La explicación de Brooks parte de una idea que ya aparece en la filosofía de Aristóteles: no todas las amistades se construyen por los mismos motivos. Hay relaciones que nacen alrededor de una utilidad concreta y otras cuyo valor está en la propia amistad. Un ejemplo sencillo sería ese amigo con el que llevamos años quedando para jugar al fútbol. Quizás no pueda ayudarnos a encontrar trabajo ni vaya a presentarnos a una persona importante. Tampoco esperamos que lo haga.
Quedamos con él porque nos gusta hacerlo. Lo mismo ocurre con quien comparte una afición con nosotros, con ese amigo al que podemos llamar para hablar de cualquier cosa o con la persona que estuvo a nuestro lado durante un momento complicado. No existe un beneficio externo que justifique mantener viva la relación. Y precisamente ahí estaría su valor. «Decirle eso a un amigo es lo más bonito que se le puede decir», sostiene Brooks al referirse a esta particular idea de la inutilidad. Decir «eres inútil para mí», siguiendo su razonamiento, significa en realidad reconocer que no necesitamos nada de esa persona para querer tenerla cerca.
Tener muchos contactos no evita sentirse solo
La diferencia resulta especialmente evidente en el mundo profesional. Con los años podemos acumular compañeros, antiguos jefes, clientes y conocidos de nuestro sector. Algunas de esas personas terminan convirtiéndose en verdaderos amigos. Otras relaciones siguen existiendo mientras se mantiene aquello que las unió. Si cambiamos de empresa, dejamos un determinado sector o desaparece el interés profesional compartido, es posible que el contacto termine perdiéndose.
Brooks no considera que estas relaciones sean malas. De hecho, forman parte de nuestra vida y pueden resultar beneficiosas para ambas partes. Lo importante es que no sustituyan por completo a las demás. Porque es posible tener una agenda llena de contactos, recibir decenas de mensajes y relacionarse constantemente con otras personas y, aun así, echar de menos una amistad en la que no haya que demostrar nada. Con un «amigo inútil» no hace falta pensar qué puede aportar cada uno al otro.
Los amigos con los que estar porque sí
Las redes sociales han cambiado también la manera en la que utilizamos la palabra amigo. Podemos mantener algún tipo de relación con cientos de personas, aunque eso no significa que todas ocupen el mismo lugar en nuestra vida. Para Brooks, merece la pena fijarse especialmente en aquellas amistades que podrían continuar aunque desapareciera todo aquello que aparentemente las hace útiles. Son los amigos que no dependen de trabajar en la misma empresa, compartir intereses económicos o poder hacerse favores.
A veces ni siquiera hace falta organizar un gran plan. Puede bastar con tomar algo, hablar durante un rato o compartir una afición que lleva años reuniendo a las mismas personas. Ahí está la paradoja que propone el experto en felicidad. Un amigo puede ser completamente «inútil» desde un punto de vista práctico y, precisamente por eso, resultar enormemente valioso en nuestra vida.