Maru, hija de Rafa Serna, nos da su primera entrevista tras anunciar que está embarazada: «Supe que iba a ser madre el día del aniversario de la muerte de mi padre»
La hija de Rafa Serna se abre como nunca antes de la llegada de su primer bebé
Recién casada y embarazada, Maru Serna habla de fe, familia y del sueño de convertirse en madre
La emotiva historia detrás del embarazo de Maru Serna
Hay personas que hablan bajito y, aun así, consiguen emocionar. María Eugenia, más conocida como Maru, González-Serna pertenece a esa clase de almas serenas que parecen vivir lejos del ruido, abrazadas a las cosas verdaderamente importantes: la familia, la fe, el amor y los recuerdos que nunca se marchan. Hija del inolvidable Rafa Serna, ha crecido entre sevillanas, abrazos eternos y una manera muy especial de entender la vida, donde los sentimientos siempre van por delante de las prisas.
El pasado 31 de enero vivió uno de los días más felices de su vida al casarse con Juan y ahora vuelve a sonreír ante una nueva etapa que llega cargada de ilusión: la maternidad. Un embarazo que recibió, curiosamente, el mismo día del aniversario de la muerte de su padre, un 26 de febrero. «Nunca imaginé que en ese día celebraría tanta vida», confiesa emocionada.
En esta entrevista con COOL, se abre como nunca para hablar de su infancia en Sevilla, del vacío que dejó Rafa Serna, de la fe que la sostiene en los momentos difíciles y del sueño que siempre tuvo: formar una familia. Un relato íntimo, luminoso y profundamente emotivo sobre el amor, las raíces y esos pequeños instantes que terminan convirtiéndose en hogar.

La niña de Sevilla
Sevilla no solo se lleva en el acento. También se queda a vivir en los recuerdos, en la forma de mirar la vida y en esos pequeños momentos cotidianos que terminan convirtiéndose en eternos. Ella habla de su infancia y es imposible no imaginar una casa en el campo llena de primos, risas y tardes interminables al sol. «Mi infancia fue muy bonita y muy feliz», recuerda con una sonrisa que casi se intuye al otro lado de sus palabras. Creció rodeada «de la familia y de esos amigos que con el tiempo se vuelven familia», en un hogar donde las cosas sencillas eran las más importantes.
Entre todos sus recuerdos hay uno que guarda con especial cariño: la cabaña de madera que construyó Rafa Serna para sus hijos y sobrinos. «Mi padre puso nuestros nombres y los de nuestros primos», cuenta emocionada. Allí pasaban horas jugando, ajenos al paso del tiempo, en esa Sevilla tranquila de verano donde la felicidad cabía en una piscina, una merienda al caer la tarde y una familia unida. «Creo que esos momentos tan sencillos son los que más marcan», reconoce ahora, mirando atrás con nostalgia y ternura.

De sus padres dice haber heredado «el carácter, del bueno y del malo», bromea entre risas. Pero detrás de esa frase también hay mucho amor y admiración. De su madre aprendió «sus gustos, el sentido de la responsabilidad y esa manera tan suya de cuidar los detalles». Y de Rafa Serna heredó mucho más que el físico. «Muchos dicen que hasta la forma de cantar», cuenta divertida, aunque rápidamente añade: «Eso ya es imposible igualarlo». Lo que sí siente muy dentro de ella es esa forma tan intensa de vivir que tenía su padre. «He heredado su manera de disfrutar los momentos y de sentir todo intensamente», explica.
Porque aunque para ella siempre fue simplemente su padre, con el tiempo entendió que para muchísima gente Rafa Serna era también un símbolo de Sevilla. «Mi padre le daba vida a lo que escribía», dice con orgullo al recordar sus canciones y pregones. Una voz capaz de emocionar y de poner palabras a sentimientos que forman parte de la identidad andaluza. «Siempre ha sido muy querido y muy reconocido por su trabajo», asegura. Y aunque reconoce que tras su fallecimiento el cariño de la gente se hizo aún más visible, se emociona al recordar que pudo vivir junto a él ese amor del público en vida. «Por suerte recibió mucho cariño de la gente y yo lo he vivido junto a él». Porque hay personas que dejan huella sin proponérselo. Y Rafa Serna sigue siendo una de ellas.
La fe como refugio
A pesar de pertenecer a una de las familias más conocidas de Sevilla, ella insiste en que los suyos son «muy sencillos». «Nos queremos tal y como somos y nos apoyamos para todo», asegura. Una unión familiar marcada también por la fe, muy presente desde su infancia. «Mi familia es muy creyente y siempre hemos tenido a Dios presente», explica, orgullosa de la educación en valores cristianos que ha recibido.
Lejos de vivir la fe únicamente en los momentos difíciles, reconoce que forma parte de su día a día. «Le ofrezco a Dios todos los momentos que más me cuestan», confiesa. Aunque sí hubo un instante en el que sintió ese apoyo de forma especialmente intensa, fue tras la muerte de Rafa Serna. «Fue cuando más cerca sentí a Dios. Sentía que ambos me empujaban desde atrás para seguir adelante», recuerda.

Ahora, en una etapa especialmente feliz de su vida, asegura que solo le pide a la vida «salud, amor y paciencia», convencida de que «todo llega en el momento adecuado, siempre de la mano de Dios y la Virgen».
Sus primeros meses casada
Maru recuerda el día de su boda como uno de los momentos más emocionantes de su vida. Del brazo de su hermano Rafa, quiso vivir cada segundo con calma. «Me paré, respiré y disfruté de cada paso», confiesa sobre una entrada a la iglesia que define como «especial, diferente y sincera».
Aunque de pequeña nunca soñó una boda concreta, sí tuvo claro el sentido que quería darle cuando Juan le pidió matrimonio. «Quería que recordásemos el porqué de nuestra unión y el verdadero significado del matrimonio», explica. Un vestido clásico, velo largo y la sensación de sentirse ella misma marcaron una ceremonia profundamente emotiva. Y sí, a Maru se le notaba en la mirada que vivía enamorada.

Convertirse en esposa también le ha hecho reflexionar sobre el amor. «El amor de verdad está en lo cotidiano», asegura. Para ella, querer es «elegirse cada día, acompañarse y crecer juntos».
Ahora, pocos meses después del sí, quiero, vive ilusionada ante otra etapa muy especial: la maternidad. «Ser madre siempre ha sido mi sueño», reconoce. Un deseo que afronta con ilusión, calma y mucha fe: «Ojalá poder formar una familia grande juntos».
Mamá en unos meses
La noticia de su embarazo llegó de una forma tan inesperada como profundamente emotiva. «Fue un regalo del cielo», confiesa emocionada. Aunque intuía que podía estar embarazada, jamás imaginó descubrirlo en una fecha tan señalada: el mismo día del aniversario del fallecimiento de Rafa Serna. «Nunca imaginé que en ese día celebraría tanta vida», reconoce, convencida de que, de alguna manera, su padre tuvo mucho que ver en ese momento tan especial.
La primera persona con la que compartió la noticia fue su hermana. «Se lo conté como si fuera un secreto de cuando teníamos 15 años», recuerda entre risas y emoción. Y la reacción de toda la familia no pudo ser más feliz. «Sabían que mi deseo era ser madre pronto», explica agradecida por poder compartir con los suyos una etapa tan importante.

Aunque reconoce que todavía no sabe exactamente qué tipo de madre será, sí tiene claro cómo le gustaría educar a su hijo. «Quiero ser fiel a mí misma, a mis valores y a mis creencias», asegura. Su deseo es transmitirle todo aquello que ella y Juan recibieron de pequeños: amor, unión familiar y unos principios sólidos sobre los que construir un hogar.
Herencia, miedo y futuro
Habla del futuro con ilusión, pero también con una serenidad poco común. Lejos de pensar en grandes cambios imposibles, tiene claro qué mundo le gustaría construir para su hijo desde lo más cercano. «Quiero dejarle una familia unida, que sea un apoyo incondicional», explica. Sueña con un hogar lleno de «buenos amigos, buenas costumbres y un mundo del que disfrutar», poniendo el foco en esas pequeñas cosas que realmente sostienen la vida.
En cuanto a los valores que quiere transmitirle, no duda ni un segundo: «Lealtad, responsabilidad y amor por los demás». Son los principios con los que ella ha crecido y los que, asegura, le gustaría inculcar también a sus hijos. «He tenido mucha suerte con los valores que me ha inculcado mi familia», reconoce agradecida.

Y aunque la maternidad cambia la vida por completo, asegura que no siente miedo. «Para nada, creo que se me dará bastante bien», dice entre risas, dejando claro que está viviendo esta etapa con muchísima ilusión. «Estoy deseando ser madre».
Para ella, la palabra hogar también tiene un significado muy especial. «Es un lugar seguro», explica. Un espacio donde «cabe todo»: las risas, las lágrimas, las preocupaciones e incluso las discusiones. «Es donde algo simple se vuelve extraordinario», reflexiona. Quizá por eso encuentra tanta paz en los pequeños momentos cotidianos. «El solo hecho de estar ya me reconforta», confiesa.