Ganó el Real Madrid al Oviedo pero a nadie le importó. La noticia estaba en la reacción del Bernabéu hacia sus jugadores y el madridismo dictó sentencia. Señaló a varios de los suyos, sobre todo a Mbappé a quien la afición banca dio un último aviso en forma de tremenda pitada. Marcaron Gonzalo y Bellingham en una noche triste y sosa para abrochar una de las temporadas más negras del equipo blanco.
Penúltimo partido de Liga del Real Madrid en el Bernabéu. Bien. Se acaba por fin este suplicio insoportable de un equipo –bueno, equipo, equipo, tampoco– empeñado en autodestruirse. El once de Arbeloa era feo como los periodistas el otro día a ojos de Florentino. Era una alineación incolora y cosida a jirones como la chupa del dómine Cabra. No jugaba ni Mbappé, condenado a esperar la pitada desde el banquillo igual que Bellingham. Al once sí que entraban sospechosos habituales como Carreras, Camavinga (al que Deschamps se lo ha pulido del Mundial), Mastantuono y hasta Alaba. Tal era el carácter de liquidación por derribo del partido.
Por situarles. Eran estos once los que sacaba Arbeloa para componer la alineación del Real Madrid: Courtois; Trent, Asencio, Alaba, Carreras; Tchouaméni, Camavinga; Mastantuono, Brahim, Vinicius; y Gonzalo. Enfrente el Oviedo, ya descendido, que tenía el premio de jugar en el Bernabéu no sé cuántos años después pero el castigo de no jugarse nada. Cosas.
En los prolegómenos hubo pitada selectiva (y flojita) en el Bernabéu. Señalados Carreras, Camavinga, Tchouaméni (el que más), Mastantuono, entre los titulares, y Bellingham (medalla de plata) y Mbappé de los suplentes. El superhéroe de la megafonía fue Vinicius, que se ha portado bien últimamente.
A las nueve y media De Burgos Bengoetxea, alias El Richi, hizo sonar su silbato. Hacía tres años que, por suerte, no pisaba el Bernabéu. Fuera sí se lo han calzado al Real Madrid varias veces. Contra el Oviedo y sin nada en juego ya daba un poco igual. El Bernabéu asistió en silencio a los primeros minutos del partido. La resignación cristiana del madridismo es encomiable.
Tostón Real
A los seis minutos, en pleno ritmo caribeño, tuvo la primera el Real Madrid. La erró Franco (Mastantuono), que se topó con el pie del meta Aarón en su remate a bocajarro tras una buena jugada de Vinicius por la siniestra. No pasó nada, pero nada de nada, en los siguientes trece minutos. Lo volvió a intentar entonces Vini en otra acción individual que acabó en un resbalón y un doble toque a lo Julián Álvarez.
También se afanaba Brahim, que conducía tanto como Fernando Alonso pero más rápido, aunque le faltaba acompañamiento. El Oviedo trataba de ubicarse en modo control de daños. Apenas sufrían los visitantes. El partido era de una levedad insoportable. Camavinga, con la cabeza en otra parte y apenas de cuerpo presente, perpetraba otro partido infame y el Bernabéu se lo recriminó.
Sólo a Brahim y a Vinicius les apetecía el partido. Mastantuono no daba una a derechas, lo mismo que Carreras. La tuvo el Oviedo en el 38 tras una jugada por banda en la que nadie defendió. La pelota llegó a los pies de Nacho Vidal, que la echó arriba con una volea a bocajarro en el área pequeña. Perdonaron los visitantes, pero el Real Madrid no. Vio Brahim a Gonzalo en la frontal tras un robo de Carreras. El canterano controló bien, se giró mejor y remató con precisión y rapidez. Un gran gol de un gran nueve que está en el mercado.
Era el 44 y pudo sentenciar Brahim con un disparo a la escuadra que sacó a mano cambiada el meta Aarón, el mejor de su equipo. Nos fuimos al descanso y regresamos con el mismo esperpento. Entre Tchouaméni y Alaba estuvieron a punto de liarla parda. Calentaba Bellingham. Chuflaba el Bernabéu. Pitos que se tornaron en aplausos para recibir a Santi Cazorla en su último partido en un estadio que fue el suyo durante 12 horas.
Pitada a Mbappé
Salió en el 57 a calentar Mbappé. Silbó el Bernabéu. Mbappé sonreía para disimular. Los primeros en salir fueron Carvajal y Bellingham por Trent y Tchouaméni. Justo antes el Oviedo había marrado el empate. Y en el 67 saltó a jugar Mbappé. Se fue del partido el goleador Gonzalo. Silbó al unísono la afición del Real Madrid. Volvió a sonreír el francés que hizo acuse de recibo de los pitos. Fue una pitada de advertencia y de castigo por sus últimos (inapropiados) comportamientos.
La noticia del partido, que no tenía historia, eran los pitos a Mbappé cada vez que tocaba el balón. Tuvo una que resolvió con un disparo al muñeco. Sí acertaría en el 80 Bellingham en una acción en la que eliminó a un par de rivales y batió por bajo al meta ovetense con un disparo raso y cruzado. Ahí se acabó el partido. El Real Madrid no quiso hacer más sangre y al Oviedo le valía la derrota digna. El Bernabéu ya se había vaciado mucho antes para regresar lánguidamente a casa pero sin atascos.