Quién era la ‘pitonisa de los ricos’: la vida de Flor Bollini entre el poder y la espiritualidad contemporánea
Nacida en Buenos Aires en 1980 y con nacionalidad italiana se formó en Comunicaciones Estratégicas
Viajó por Europa, India, África y América Latina en busca de tradiciones ancestrales de sanación
En determinados círculos empresariales internacionales, su nombre circulaba con discreción, asociado a procesos de transformación personal y liderazgo consciente. María Florencia Bollini, argentina de nacimiento y con nacionalidad italiana, había construido una identidad profesional singular que le valió el apodo de «la chamana de los empresarios de éxito».
Nacida en Buenos Aires en 1980, se formó en Comunicaciones Estratégicas y trabajó en el Parlamento argentino en sus primeros años profesionales. Sin embargo, según relataba en distintos foros, a los veinte años decidió emprender un recorrido vital que la llevó por Europa, India, África y América Latina en busca de tradiciones ancestrales de sanación. Ese itinerario marcó el giro definitivo de su trayectoria.
Con el tiempo, combinó su formación académica con prácticas vinculadas al chamanismo y a sistemas espirituales como el IFA, tradición de origen yoruba centrada en la adivinación y la sabiduría ancestral. Se definía como terapeuta psicodélica, emprendedora creativa y estratega de salud integral, una mezcla de conceptos que conectaba con el lenguaje del mundo corporativo contemporáneo.
Fundó NANA Health, una plataforma dedicada a la investigación y aplicación de terapias psicoactivas con fines terapéuticos. Su propuesta se centraba en la dosificación progresiva y en el acompañamiento estructurado en procesos con enteógenos, defendiendo que, en entornos controlados, ciertas sustancias podían contribuir al tratamiento de traumas, ansiedad y bloqueos emocionales. En su discurso integraba referencias a la neurociencia, la biotecnología y el desarrollo del liderazgo con nociones de medicina ancestral.
Su clientela estaba formada, según su entorno profesional, por emprendedores tecnológicos, inversores y altos ejecutivos interesados en integrar experiencias de expansión de conciencia en su desarrollo personal y estratégico. Más que presentarse como curandera tradicional, construyó una marca que unía espiritualidad contemporánea y mentalidad empresarial. Defendía que su misión no era sanar a otros, sino acompañar a cada persona para que se convirtiera en su propio sanador, y reivindicaba el papel de la mujer como figura de medicina natural en un ámbito históricamente dominado por hombres.
La madrugada del 14 de octubre de 2024, esa figura pública quedó abruptamente asociada a una noticia trágica. Bollini fue hallada sin vida en una villa de lujo de Ibiza tras una fiesta privada que, según la invitación difundida por WhatsApp, prometía ser «salvaje». Los asistentes la presentaron ante la Guardia Civil como la «chamana de los empresarios», habituada a realizar rituales de sapo bufo. Sin embargo, el informe toxicológico posterior no detectó bufotenina en su organismo y las cantidades de otras sustancias halladas no fueron consideradas letales.
Su muerte abrió un debate que trasciende el caso judicial. Por un lado, puso el foco en la creciente presencia de terapias psicodélicas en entornos de alto poder adquisitivo. Por otro, evidenció los riesgos y las zonas grises cuando prácticas espirituales y consumo de sustancias se desarrollan en contextos privados sin supervisión sanitaria.
Mientras la Justicia vuelve a analizar las circunstancias exactas de lo ocurrido aquella noche, el perfil de Flor Bollini permanece ligado a una corriente cultural que mezcla búsqueda interior, exclusividad y experimentación. Su historia, más allá de su desenlace, refleja una tendencia contemporánea en la que espiritualidad, negocio y psicodelia convergen en espacios reservados a una élite global.