V ANIVERSARIO DE OKBALEARES

Joana Manresa: «El turista que compra es por impulso, pero el que mantiene los comercios los 365 días es el residente»

María Antonia Sansó: "El comercio de proximidad es mucho más que comprar y vender; está en nuestros pueblos y forma parte de nuestra identidad"

Mateu Llompart: "La mitad de la cabeza del autónomo está pensando en la carga administrativa, la fiscal y la emocional"

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El pequeño comercio de las Islas Baleares afronta un escenario lleno de retos e incertidumbres. Con motivo del V Aniversario de OKBALEARES, celebrado en el Palacio de Congresos de Palma, la mesa redonda ‘Comercio en Baleares: Entre el turismo y la supervivencia del negocio local’, moderada por Tomás Ibarz, reunió a representantes de la administración, la patronal y el sector privado para analizar el equilibrio entre el flujo turístico, las cargas fiscales y el valor social del comercio tradicional.

Durante el encuentro se coincidió en que las tiendas de barrio son un pilar de la identidad insular, aunque factores como el aumento de costes, la escasez de personal y las trabas de movilidad amenazan su viabilidad.

La Directora General de Comercio del Gobierno de las Islas Baleares (GOIB), María Antonia Sansó, recalcó el valor estructural de las pequeñas empresas. «Yo creo que lo más importante es buscar el equilibrio en cada una de las modalidades», afirmó, destacando que «el comercio de proximidad es mucho más que comprar y vender» y que «está en nuestros pueblos, forma parte de nuestra identidad y lo necesitamos».

Por su parte, la presidenta de la patronal Afedeco, Joana Manresa, recordó que la estabilidad del sector depende del habitante local frente a la estacionalidad turística: «El turismo o el turista que viene a comprar es un súper impulso, pero al final el que mantiene los comercios los 365 días es el residente». Además, alertó sobre la pérdida de personalidad de los núcleos urbanos, señalando que «si no existieran, seríamos todas las ciudades iguales, todas serían franquicias».

Desde la realidad del negocio a pie de calle, Mateu Llompart, gerente de Can Llompart, desmontó el mito de que una gran afluencia de visitantes equivalga a ganancias automáticas. «Una cosa es la impresión que nos da, la primera impresión de que hay mucha gente, mucho movimiento, pero luego hay que hacer las cuentas, hay que ver qué ha quedado en la caja», explicó.

Llompart también advirtió sobre las crecientes trabas para contratar personal capacitado: «El encontrar profesionales cada vez es más complicado, y los que tengan ganas de trabajar también».

En esta línea, Manresa coincidió en que la falta de mano de obra, agravada por la crisis de vivienda, es crítica: «Sinceramente, a día de hoy el máximo problema del comerciante es la falta de personal».

También remarcó el estrechamiento de márgenes: «El problema es la falta de rentabilidad al final, no es vender más o menos; es venta, gasto y al final lo que me queda».

El peso de los trámites y la incertidumbre del relevo generacional centraron otra parte del coloquio. Llompart expuso el desgaste del autónomo, señalando que «la mitad de su cabeza está pensando en la carga administrativa, carga fiscal y la carga emocional».

Ante esto, María Antonia Sansó aseguró que desde la administración se trabaja en reducir barreras: «Tenemos muy claro que hay que facilitar, es decir, sobre todo hay que acompañar al empresario, al autónomo, al comerciante», destacando programas como la cuota cero o la Oficina del Autónomo para aliviar su falta de tiempo.

Finalmente, Manresa criticó los problemas de movilidad y aparcamiento que alejan al comprador del centro: «Si queremos una ciudad viva debemos tener comercios vivos, y para que un comercio sea vivo tiene que tener gente dentro».

Para concluir, Llompart apeló a la adaptación continua del sector recordando que «el comercio está en cambio continuo, estamos en un proceso de cambio y veremos… esperamos que salga algo bueno».

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