Guerra en un chiquipark de Mallorca: un niño no puede celebrar su cumpleaños por una deuda de sus abuelos
Los padres del pequeño, de tan sólo dos años, afirman que ellos no tienen ninguna culpa de lo que pasó hace años

Lo que debía ser una celebración infantil sin mayor trascendencia ha acabado convirtiéndose en un conflicto cargado de reproches, versiones enfrentadas y un pasado aún sin resolver. Un conocido chiquipark de Llucmajor, en Mallorca, se ha visto envuelto en una polémica tras negarse su propietaria a acoger el cumpleaños de un niño de apenas dos años. El motivo, según denuncia la familia, no guarda relación con el evento en sí, sino con una supuesta deuda atribuida a los abuelos del menor.
La situación ha generado malestar entre los implicados y ha trascendido el ámbito privado, convirtiéndose en tema de conversación entre vecinos. El padre del niño, de 25 años, asegura que la negativa del establecimiento responde a «un conflicto antiguo que nada tiene que ver con nosotros ni con el niño». Según su versión, la dueña del local mantiene desde hace años la creencia de que sus padres estuvieron implicados en un fraude eléctrico dentro de una comunidad de vecinos.
«Es una historia completamente falsa», sostiene el padre. «Se dijo que mis padres habían manipulado el contador de la luz de una vecina para pagar menos, algo que no tiene ningún sentido. Ese tema se denunció en su momento y no se demostró nada. En todo caso, si alguien tiene una deuda, sería la comunidad de propietarios. Quien seguro no tiene ninguna culpa es mi hijo de dos años».
Los abuelos del menor, señalados directamente por la propietaria del negocio, también han querido dar su versión. Niegan rotundamente cualquier implicación en los hechos y consideran que la acusación «es ilógica y carece de fundamento». Además, subrayan que el caso fue archivado sin consecuencias legales, lo que, a su juicio, debería haber puesto fin al asunto.
Sin embargo, según la familia, el conflicto nunca llegó a cerrarse del todo. Aseguran que la dueña del chiquipark continúa responsabilizándolos de una supuesta deuda derivada de aquel episodio, lo que habría motivado su negativa a permitir la celebración del cumpleaños.
El caso ha abierto un debate en el municipio sobre hasta qué punto los conflictos personales pueden trasladarse al ámbito profesional, especialmente cuando afectan a terceros ajenos a la disputa, como es el caso del menor. Mientras tanto, la familia busca alternativas para celebrar el cumpleaños del niño, aunque lamenta que no pueda hacerse en «uno de los lugares más emblemáticos para celebraciones infantiles en Llucmajor».
El episodio, aparentemente anecdótico, deja entrever cómo disputas del pasado pueden prolongarse en el tiempo y terminar afectando a nuevas generaciones, incluso en contextos tan alejados del conflicto original como una fiesta infantil.