Festival de Pollença: excepcional Mahler Chamber Orchestra con Trifonov y Harding
El público vibró en todo momento gracias a una magistral interpretación en la inauguración del certamen
Con las entradas agotadas desde hacía días, la Mahler Chamber Orchestra fue elegida para abrir el Festival de Pollença, con el aliciente añadido de contar como solista invitado con el pianista Daniil Trifonov y, a la batuta, con Daniel Harding. El público vibró en todo momento gracias a una magistral interpretación.
El Festival de Pollença ha decidido dedicar su 65 edición, inaugurada el pasado 5 de agosto, a celebrar su historia, ajustando la programación a los principios que inspiraron su creación en 1962, de la mano del violinista de Manchester Philip Newman, quien, a su vez, fue profesor de música de la reina Isabel de Bélgica, y contando desde el principio con el apoyo incondicional de un providencial Bartomeu Siquier, entonces alcalde de la localidad.
En total son nueve fechas: las dos primeras, a modo de preámbulo, los días 1 (Kambrass Quintet) y 17 (Raquel Camarinha & Yoan Héreau) de mayo, y, a partir del 5 de agosto, las siete fechas de la programación oficial. La música de cámara es la seña de identidad del Festival, tal y como fue diseñado por Newman y, después de su muerte, continuado por Eugen Prokov. También la música sinfónica está presente, como recordatorio de la edad dorada del Festival de Pollença entre mediados de los 80 e inicios de los 90 del siglo XX, cuando se le reconocía como el pequeño Salzburgo del Mediterráneo.
Para la inauguración se eligió a la Mahler Chamber Orchestra, la máxima expresión de una orquesta de cámara, con sus sesenta profesores sobre el escenario del claustro de Sant Domingo y, lo más relevante, bajo la batuta de Daniel Harding, sin lugar a dudas el más destacado director de las dos últimas décadas y, en cierto modo, continuador del trabajo de Claudio Abbado, quien en 1997 fundó la Mahler Chamber Orchestra. En su gira del verano de 2026, la orquesta ha elegido un programa único: el Concierto para piano y orquesta n.º 1 de Johannes Brahms y la Sinfonía n.º 8 de Antonín Dvořák. ¿Por qué?
Pues al objeto de emparejar la intensidad romántica de Brahms con la luz optimista y el folclore europeo de Dvořák, rindiendo así homenaje al papel de mentor que ejerció Johannes Brahms sobre el compositor checo. De tal manera que el programa elegido es el reflejo de aquella estrecha relación de finales del siglo XIX y, de paso, permite unir la monumentalidad dramática y el pulso interno del primer concierto para piano de Brahms con el carácter lírico y cercano a la naturaleza de la Octava de Antonín Dvořák.
Pero todavía había más alicientes, al contar como solista con el laureado pianista Daniil Trifonov, la pieza necesaria para encajar con la exigencia titánica de la partitura creada por Brahms, mientras la batuta de Daniel Harding venía a realzar la flexibilidad y el sonido camerístico de alta precisión que viene caracterizando a la Mahler Chamber Orchestra. Todo un recital de virtudes, magistral en definitiva, que dejó boquiabierto al público reunido. Orquesta y solista nos transmitieron la intensidad dramática, el desasosiego del joven veinteañero Johannes Brahms ante aquel intento de suicidio de su mentor Robert Schumann, quien poco antes, en su escrito Nuevos senderos, dedicado a Brahms, le elogiaba con estas palabras: «Es el genio musical del futuro; su maestría al piano le destina a expresar el espíritu de su tiempo».
El concierto de Pollença era el segundo del capítulo español de la gira de la Mahler Chamber Orchestra: el 3 de agosto, en Torroella de Montgrí; el 5, en Pollença; el 6, en la Quincena Musical de San Sebastián; y el 7, en Santander. Tanto como decir que nuestro Festival estaba jugando en la primera división de cuantos festivales de verano se celebran en España, siendo, de paso, líder de los ciclos veraniegos que tienen lugar en Baleares. Líder absoluto. Bien cierto.
Aprovecho para felicitar a Pere Estelrich por su reciente artículo en el DM, titulado Quan el silenci desafina, referido al recital lírico de Juan Diego Flórez el 31 de julio en Cap Rocat, y, de paso, por leerle la cartilla a Illias Tzempetonidis allí donde soltó la boutade de que en Cap Rocat se ofrecía a Mallorca «un nivel artístico que antes no existía». Vaya indocumentado. Le recomiendo que repase los más de 900 nombres propios que han pasado por el Festival de Pollença desde 1962. Se llevará más de una sorpresa.
El paso de Daniil Trifonov por el claustro de Sant Domingo se cerraba con un único bis de su propia cosecha, a través del cual hacía una exhibición de dominio del tempo extremadamente lento y de excepcional sensibilidad. Lo cierto es que se trata de una adaptación libre del breve y solemne himno de la pieza coral sacra Tebe Poem, del compositor ruso Pável Chesnokov. Con absoluta introspección, Daniil Trifonov recorre sin palabras el himno de alabanza, bendición y plegaria, A ti cantamos. Impresionante.
Ahora, entre los días 14 y 22 de agosto, la Mahler Chamber Orchestra pasa a convertirse en residente del Festival de Lucerna, que lo es desde 2003, una vez que Claudio Abbado decidió recuperar la orquesta residente original con el importante refuerzo de músicos de la Mahler Chamber Orchestra.