CRÍTICA MUSICAL

Carl Nielsen nos muestra el horror de la Gran Guerra

Nuevo concierto de la Orquesta Sinfónica de Baleares en el Auditórium con Nil Venditti como directora

Venditti aplicó sus modales inconfundibles para el estreno de 'Fantasía sobre l’Antàrtida' de la mallorquina Mercè Pons Ramis

Carl Nielsen
La joven directora ítalo-turca Nil Venditti.

Después de regalarnos la fastuosidad de una orquesta reforzada para darle cuerpo a la Sinfonía número 1 de Gustav Mahler en el séptimo concierto de abono de la Orquesta Sinfónica de Baleares el pasado 20 de marzo, era llegado el momento de sorprendernos con los contenidos expuestos el día 27 de marzo y que sobre el papel anunciaba una velada más, aunque no fue así en absoluto porque la sorpresa hizo acto de presencia por partida triple.

No me detuve en su momento en el concierto del 20 de marzo porque nada hacía presagiar sorpresas relevantes. En cambio, esta vez había elementos suficientemente reveladores que trascendían los contenidos anteriores en la noche del 20. Para empezar la Simfònica de Baleares (OSIB), cumpliéndose su principal requisito, procedía al estreno de una obra de compositora local, además de prolongar la proyección de un solista local, brevemente presente en el concierto del Día de Baleares el pasado 27 de febrero y por encima de todo hacer resonar con la fuerza cautivadora que se merecía la Sinfonía 4 del danés Carl Nielsen, jugando aquí un papel esencial Nil Venditti.

La joven directora ítalo-turca está viviendo desde la post-pandemia la señal inequívoca de su talento ascendente, reconocido su carisma y la capacidad de comunicación con los músicos de la orquesta, y no de ésta, sino de todas a través del magnetismo y concentración que tan bien captaba el público de inmediato. Nos enamoró a todos por la sinceridad de su batuta y por el tono desenfadado e incansable en cada gesto a lo largo de la velada. El año 2025 es al parecer el señalado para sus debuts deseados, en especial con Borusian Istambul Philharmonic Orchestra, que tuvo lugar el 15 de marzo, solamente doce días antes de presentarse en el Auditórium de Palma, además de otras citas continuadas como directora invitada de la Royal Northern Sinfonia.

Nil Venditti aplicó sus modales inconfundibles para el estreno de Fantasía sobre l’Antàrtida, de la mallorquina Mercè Pons Ramis, que se inspira en el poema de Jacinto Verdaguer. Aquí, además, lo relevante era que estábamos a merced de su último capítulo compositivo, iniciado en 2014: giro radical en la búsqueda de sonoridades delicadas y serenas. Y tanto. Hasta el punto de que no llega a despuntar en ningún momento; limitándose a ofrecernos una sucesión de bien templadas evoluciones de la cuerda. Agradables, es cierto.

Después le llegó el turno al filipino nacido en Ibiza, Rafael Adobas, dotado de un virtuosismo sin discusión para acometer el Concierto para flauta de Jacques Ibert, acabado en 1933, todo él dotado de melodías ingeniosas, y llegados al convencional bis, lo importante fue que Adobas anunciaba que se había inspirado en un fragmento de la Sinfonía 4 de Nielsen a punto de ser interpretada por las OSIB como cierre de este concierto de abono.

Aquí es donde se produjo la gran sorpresa, porque probablemente nadie se había percatado de que llegaba el momento más sublime con el Concierto número 4 del danés Nielsen, también conocido como Lo inextinguible.

En una carta dirigida a su mujer en mayo de 1914, Nielsen explica que está inmerso en «expresar lo que entendemos como el espíritu de la vida». Para ello se planteaba entonces un «movimiento muy variado pero conectado en constante y gran evolución». Añadía: «No puedo explicar lo que quiero». Y poco después, el 28 de julio de 1914, estallaba la Gran Guerra, el detonante evidente de lo que acabaría componiendo; es decir su gran deseo de afirmar «el valor supremo de la vida», sólo que condicionado por estar inmersos en un conflicto bélico de dimensiones desconocidas hasta entonces.

Pensemos que Dinamarca no participaba de la batalla aunque anímicamente sí estuvo completamente condicionada. De ahí que su texto final indicase lo siguiente: «Esta música no se basa en un espacio y tiempo limitados sino en una visión de las capas emocionales, que permanecen caóticas y primitivas. La música es la vida, y como ella, inextinguible». Precisamente éste será el subtítulo de Sinfonía número 4: Lo inextinguible, que llega al extremo de que los cuatro movimientos estén íntimamente conectados, sin intermedio, identificándose en el cuarto movimiento la representación de una batalla en un duelo entre dos timbales, simbolizando enfrentarse dos ejércitos.

Con estos mimbres, la carismática Nil Venditti arrastró a la OSIB al campo de batalla, con sus tintes emocionales, presentidos y trágicamente temidos. Y se vivieron, en la platea, momentos de una gran intensidad.

Palma apenas es consciente del regalo escénico que ha supuesto la semana del 24 al 30 de marzo. El jueves 27, Nielsen. El viernes 28, la posguerra en breves divertimentos escritos por Llorenç Villalonga en Desbarats y el 29 Nacho Duato escenificando en Cantus a los niños de la guerra.

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