Arrastrados por un coche y sin frenos: la temeraria apuesta de dos jóvenes en un polígono de Palma
Ataron una caja de madera, la engancharon a un coche en forma de trineo y circularon por la calle
El reloj marcaba la medianoche y el polígono de Can Valero de Palma se llenaba de adrenalina y motores rugiendo. Dos jóvenes, impulsados por la emoción y la imprudencia, decidieron realizar una temeraria hazaña antes de las carreras ilegales que solían celebrarse en la zona. Con una caja de madera y una cuerda, se subieron como si de un trineo se tratara, siendo arrastrados por un coche con el maletero abierto. La escena, que parecía sacada de un vídeo viral, se tornaba extremadamente peligrosa: la seguridad de la caja era inexistente, y cada metro recorrido suponía un riesgo mortal en plena vía pública.
Mientras los jóvenes eran estirados por el vehículo, decenas de personas aplaudían y reían la osadía, y muchos grababan la escena para subirla a redes sociales, incrementando la difusión de esta imprudencia. Una vez finalizada la arriesgada maniobra, algunos participantes realizaron picas, quemaron rueda y ejecutaron caballitos con sus vehículos, desafiando la ley y la seguridad vial. La tensión en el aire era palpable: no era un juego, sino un peligro real que podía acabar en tragedia.
No es un hecho aislado. La semana pasada, en el mismo polígono y también en Son Reus, se celebraron concentraciones similares de carreras clandestinas, dejando una estela de alarma entre los vecinos. Precisamente, durante la madrugada del pasado sábado al domingo, agentes de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil intervinieron de forma sorpresiva en Son Reus, justo en las inmediaciones de la planta incineradora de Palma, donde numerosos vehículos de gran cilindrada aceleraban a fondo, realizaban trompos y tomaban rotondas a velocidades extremas. La presencia de los coches oficiales, con sirenas y luces activadas, puso fin inmediato al encuentro clandestino, evitando lo que podría haber sido un accidente aún más grave.
Tan solo unas horas antes, en Can Valero, otra concentración ilegal acabó en un choque entre una motocicleta y un turismo, dejando a un joven gravemente herido. Los vecinos, cansados del ruido constante y del peligro que supone la celebración de estas carreras nocturnas, muestran su indignación ante la falta de control. El rugido de los motores se ha convertido en un sonido habitual en varios polígonos industriales de Palma, alterando la tranquilidad de la zona y poniendo en riesgo la vida de todos los presentes.
Por otro lado, algunos de los propios participantes reclaman la creación de un circuito legal con tarifas accesibles, donde puedan practicar su afición de manera segura. Denuncian que el circuito privado de Llucmajor les impide acceder, incluso pagando, y solicitan a las administraciones públicas que intervengan para evitar monopolios que beneficien solo a unos pocos. Entre la adrenalina, el riesgo y la ilegalidad, estas escenas extremas reflejan un fenómeno que mezcla diversión, imprudencia y peligro al límite, dejando en evidencia la necesidad de medidas urgentes de seguridad y regulación en Palma.
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