Ni Canarias ni Madeira: el desconocido archipiélago atlántico de 3 islas que España y Portugal se disputan desde el siglo XV
Hay unas islas, manchadas por tintes geopolíticos, que están donde la mayoría de la gente no mira (porque no puede, claro). Se ubican a 165 kilómetros de Gran Canaria y a 280 kilómetros de Madeira, en pleno Atlántico Norte. Y es que en el mapa son un punto apenas visible. No obstante, en los acuerdos pesqueros y en el derecho internacional del mar, son otra cosa.
Las administra Portugal desde 1971, año en que se declararon reserva natural, y las habitan únicamente dos o cinco guardabosques y personal de investigación científica. Pero su tamaño engaña a quienes piensan que son irrelevantes: lo que rodea estas islas es lo que convierte el archipiélago en uno de los puntos más disputados del Atlántico.
¿Cuál es el archipiélago que España y Portugal se disputan desde el siglo XV?
El archipiélago en disputa por ambos países es el de las Islas Salvajes, que son tres: Salvaje Grande, Pitón Grande y Pitón Pequeña, más una serie de islotes. Juntas no superan los 2,7 kilómetros cuadrados, con el punto más alto a 163 metros sobre el nivel del mar.
La historia comienza con el navegante portugués Diogo Gomes de Sintra, que según los documentos históricos llegó al archipiélago en 1438 y lo bautizó como Ilhas Salvagems. España sostiene que el explorador Jean de Béthencourt avistó estas tierras durante la conquista de las Canarias, pero ese argumento no ha prosperado en el plano jurídico internacional.
Desde el siglo XIX, Portugal adquirió los derechos sobre el archipiélago a familias privadas de Madeira que lo utilizaban para la caza y la pesca.

En 2013, el gobierno español reconoció formalmente la soberanía portuguesa mediante nota verbal ante Naciones Unidas. Con ese gesto, la pregunta de a quién pertenecen las islas quedó técnicamente cerrada. La disputa más importante, sin embargo, sigue abierta.
¿Islas o rocas? El conflicto que determina derechos sobre un área que tiene el tamaño de Extremadura
Lo que divide a Madrid y Lisboa no es ya la bandera que ondea en el archipiélago, sino la interpretación jurídica de qué son estas tierras.
La Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar establece una diferencia concreta: las islas habitables generan una zona económica exclusiva de 200 millas a su alrededor; las rocas inhóspitas, solo un mar territorial de 12 millas.
Portugal defiende que las Islas Salvajes son islas en toda regla y que le corresponde la explotación de los recursos marinos en un radio de 200 millas.
España argumenta que, dado su carácter deshabitado e inhóspito, son rocas, y que la zona económica debería limitarse a las 12 millas. El área en disputa tiene el tamaño de Extremadura.
Alberga caladeros de pesca que los barcos canarios han explotado históricamente, y en 2005 Portugal capturó embarcaciones pesqueras españolas que faenaban en esas aguas.
Las relaciones entre los dos países han incluido también incidentes por sobrevuelos no autorizados sobre el archipiélago, lo que da una idea del nivel de tensión que puede alcanzar un conflicto protagonizado por un territorio que, en superficie, cabe varias veces dentro de Madrid capital.
El perfil de las Islas Salvajes: una reserva natural con biodiversidad de primer orden
Al margen de la política, las Islas Salvajes son un santuario ecológico reconocido. El archipiélago alberga más de 150 especies vegetales y funciona como refugio para aves marinas que anidan en sus acantilados y crían protegidas por el aislamiento.
Sus fondos marinos fueron descritos por Jacques Cousteau como «los más limpios y transparentes» que había encontrado en su vida.
El archipiélago cuenta además con endemismos propios en reptiles y moluscos, especies que han evolucionado en aislamiento durante siglos al margen de la presión humana. La ausencia de actividad ha mantenido ese ecosistema prácticamente intacto, lo que hace de estas islas uno de los espacios de referencia para la investigación ecológica marina en el Atlántico.
Y para quienes quieran visitarlo, pues se toparán con una mala noticia, ya que el acceso está muy restringido. Sin autorización expresa de las autoridades portuguesas, ningún barco puede fondear en sus proximidades. Y esto nos recuerda a lo que ocurre con otras islas prohibidas en el país.