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La UE abre la consulta pública del tabaco entre críticas internas y rebelión de científicos

Los expertos señalan el riesgo de tratar de manera similar productos con perfiles de riesgo distinto

La Comisión Europea ha activado esta semana uno de los movimientos más relevantes de los últimos años en materia de regulación del tabaco y la nicotina. Bruselas ha abierto una consulta pública para revisar la Directiva de Productos del Tabaco (TPD), con el objetivo de adaptar la normativa europea a la expansión de nuevos productos como los cigarrillos electrónicos, el tabaco calentado o las bolsitas de nicotina. La iniciativa se enmarca dentro de la estrategia comunitaria para avanzar hacia una «generación libre de humo» en 2040 y reforzar la protección de colectivos vulnerables, especialmente los menores y los jóvenes.

La Comisión sostiene que el mercado ha evolucionado con rapidez y que la regulación actual necesita actualizarse para responder a esa nueva realidad. Sin embargo, la apertura de este proceso coincide con un creciente debate sobre la solidez de las evidencias científicas y estadísticas que servirán de base para la futura legislación europea.

Parte de esa controversia gira en torno al propio informe de evaluación elaborado por la Comisión para justificar la reforma. El documento ha recibido observaciones críticas del Regulatory Scrutiny Board (RSB), el órgano interno encargado de supervisar la calidad regulatoria de las iniciativas comunitarias. El RSB ha advertido de la existencia de «deficiencias graves» en el análisis presentado por Bruselas.

Entre las principales objeciones planteadas figura la dificultad para determinar qué factores han provocado realmente el descenso del tabaquismo en Europa durante los últimos años. El informe también es cuestionado por apoyarse en datos considerados limitados, fragmentados e inconsistentes, así como por realizar extrapolaciones a escala europea a partir de información parcial. En la práctica, las críticas apuntan a que la Comisión reconoce no poder atribuir con precisión los avances en salud pública a las políticas regulatorias aplicadas hasta ahora y, aun así, sigue adelante con una nueva reforma legislativa.

Al mismo tiempo, crece la contestación desde determinados sectores científicos y sanitarios. Más de un centenar de expertos vinculados a plataformas europeas de reducción del daño han trasladado a Bruselas su preocupación por el enfoque que podría adoptar la futura normativa. En una carta remitida a las instituciones europeas, los firmantes reclaman una regulación basada de forma estricta en la evidencia científica disponible.

Perfiles de riesgo distintos

Entre las advertencias planteadas por estos expertos figura el riesgo de tratar de manera similar productos con perfiles de riesgo distintos. También cuestionan que determinadas decisiones regulatorias puedan construirse sobre una base científica incompleta o insuficientemente evaluada. El debate, sostienen, ya no es únicamente político o regulatorio, sino profundamente científico: cómo interpretar correctamente la evidencia disponible y cómo traducirla en políticas públicas eficaces.

Por otra parte, más de un centenar de expertos vinculados a plataformas europeas de reducción del daño han trasladado a Bruselas su preocupación por el enfoque que podría adoptar la futura normativa después de denunciar que la UE ha obviado 131 estudios científicos que avalan a las alternativas como tabaco calentado, vaper y bolsas de nicotina como medidas efectivas contra el tabaquismo.

Más allá de los aspectos técnicos, el trasfondo de la discusión apunta a un cambio de paradigma regulatorio dentro de la Unión Europea. El foco ya no estaría exclusivamente en el cigarrillo tradicional, sino en el conjunto del ecosistema de productos con nicotina. Ese giro es precisamente uno de los elementos que más división genera entre expertos, reguladores y organizaciones de salud pública.

Uno de los puntos más sensibles es la posibilidad de que la futura normativa no establezca diferencias suficientemente claras entre productos combustibles y alternativas sin combustión, pese a que presentan perfiles de riesgo distintos. Parte de la comunidad científica considera que una equiparación regulatoria podría tener consecuencias tanto sobre el comportamiento de los consumidores como sobre la efectividad de las estrategias de reducción del tabaquismo.

Fracaso de las políticas tradicionales

El debate se produce además en un contexto en el que algunos especialistas empiezan a cuestionar la eficacia de las políticas tradicionales basadas exclusivamente en restricciones y prohibiciones. Los propios objetivos internacionales impulsados durante los últimos años por organismos como la Organización Mundial de la Salud aspiraban a reducciones mucho más intensas del consumo de tabaco para esta década. Sin embargo, la prevalencia de fumadores en buena parte de Europa continúa situada en torno al 20%, lejos de niveles cercanos al 5%.

Hasta ahora, Suecia aparece como el caso más citado dentro del debate europeo, al haber logrado aproximarse a esos objetivos mediante una fuerte reducción del consumo de cigarrillos convencionales y una mayor implantación de alternativas como el snus y las bolsas de nicotina.

En ese escenario, algunos análisis vinculados al ámbito internacional de salud pública empiezan a plantear que las alternativas sin combustión —como el tabaco calentado, los cigarrillos electrónicos o las bolsas de nicotina— podrían desempeñar un papel relevante en la reducción del daño asociado al tabaquismo, siempre bajo marcos regulatorios estrictos y adaptados a las diferencias de riesgo entre productos.