Martín Varsavsky: «La beca que lleva el nombre de mi padre terminó fabricando un ovario artificial»

Martín Varsavsky: «La beca que lleva el nombre de mi padre terminó fabricando un ovario artificial»

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En el verano de 2020 firmé una donación a Harvard en nombre de mi padre. Creé el Fondo de Becas Posdoctorales Carlos M. Varsavsky para pagar el sueldo de un joven investigador en el laboratorio del genetista George Church. El encargo era sencillo de enunciar y absurdo de intentar: fabricar óvulos humanos a partir de células madre.

Esta semana, en el congreso anual de la Sociedad Estadounidense de Medicina Reproductiva en Baltimore, Ferring Pharmaceuticals anuncia la compra de Gameto, la empresa que salió de aquella donación, por hasta 1.382,5 millones de dólares. El óvulo artificial nunca llegó. Lo que salió del laboratorio fue el ovario que lo rodea, y resultó valer eso.

Es la sexta empresa que hago que supera los mil millones de dólares, después de Viatel, Jazztel, Ya.com, Eolia Renovables e Inception Fertility. También es la primera que nació de una donación y la única en la que lo que acabó valiendo mil millones no se me ocurrió a mí.

Mi padre

Carlos Manuel Varsavsky nació en Buenos Aires en 1933. Estudió en el Colegio Nacional de Buenos Aires, se fue a Estados Unidos, hizo un máster en ingeniería física en la Universidad de Colorado y se doctoró en astronomía en Harvard en 1959. Su tesis, sobre las transiciones atómicas que se observan en los espectros de las estrellas, fue durante décadas una obra de referencia.

En 1960 volvió a Argentina como profesor de física en la Universidad de Buenos Aires. Dos años después lo nombraron primer director de lo que terminaría llamándose Instituto Argentino de Radioastronomía. Tenía 29 años. Con piezas enviadas desde Washington, ingenieros y estudiantes construyeron una antena de treinta metros cerca de Villa Elisa. En abril de 1965 captó la línea del hidrógeno de la Vía Láctea. En marzo de 1966 se inauguró el primer radiotelescopio de América del Sur.

Cuatro meses después, la policía del gobierno de Onganía entró a bastonazos en la Facultad de Ciencias Exactas. Mi padre salió de la Noche de los Bastones Largos con la cabeza rota. Renunció a la universidad y se llevó a sus estudiantes al instituto. En 1969, después de que el personal enviara una nota contra el régimen, lo echaron de la dirección. Dejó la investigación para siempre.

En 1977, después de que la dictadura secuestrara y asesinara a su sobrino David Horacio Varsavsky, se fue con su familia a Nueva York. Allí trabajó en la Universidad de Nueva York y después dirigió para Franco Macri el desarrollo inmobiliario de Lincoln West, en Manhattan. Murió de un infarto en un vuelo de regreso a Buenos Aires el 1 de marzo de 1983. Tenía 49 años.

En casa era enciclopedia y profesor a la vez. En una época sin inteligencia artificial, él era la inteligencia artificial de la casa: sabía de todo y contestaba todo. Hablaba mucho de la fuga de cerebros.

En 2019, el instituto que fundó le puso su nombre a un telescopio. ¿Por qué donar entonces a Harvard y no a una universidad argentina? Porque el único laboratorio del mundo que sabía hacer lo que quería intentar estaba en Boston. Y porque mi padre hizo ciencia de primer nivel en Argentina hasta que un gobierno militar decidió que no podía seguir haciéndola. El instituto sobrevivió; él tuvo que irse.

Cómo llegué a los óvulos

A la fertilidad llegué en 2016, con Prelude Fertility, que acabó integrada en Inception. Dos años más tarde armé Overture Life para automatizar el laboratorio de embriología. En mi biografía de Gameto me defino como IVF Dad, padre de FIV, y la etiqueta es literal.

Diez años dentro de las clínicas enseñan algo que los papers no cuentan: el tratamiento funciona y aun así muchas mujeres no vuelven. Veintiocho pinchazos en catorce días, cinco ecografías, análisis de sangre, hinchazón, cambios de humor y un riesgo real de síndrome de hiperestimulación ovárica. Hay quien lo atraviesa una vez y decide que no lo repite, y cada mujer que no repite es un embarazo que no ocurre.

Esa es la idea fija con la que entré en Gameto: si el ciclo durase tres días en lugar de dos semanas, la decisión de intentarlo otra vez sería distinta.

El imposible que no salió

La gametogénesis in vitro consiste en reprogramar células corrientes para convertirlas en células madre pluripotentes inducidas y llevarlas después hasta un óvulo maduro. En noviembre de 2020 le escribí a Church que habíamos creado Gameto para eso. Levantamos una ronda semilla de unos 3 millones de dólares entre amigos y otros emprendedores.

Resultó enormemente complejo, y lo sigue siendo. Fabricar un óvulo desde cero todavía no está al alcance de nadie.

Lo que sí estaba al alcance apareció por un camino lateral. Un óvulo madura dentro de un folículo, rodeado de células de la granulosa que lo alimentan, le mandan señales y fabrican hormonas. Christian Kramme, un doctorando de Harvard cuya tesis pagó la beca de mi padre, encontró la combinación de genes que permite producir esas células. Fabricaban estrógeno y progesterona y se organizaban en estructuras parecidas a folículos. Kramme es hoy el director científico de Gameto.

Teníamos unas células que sabían hacer de ovario y ningún óvulo artificial al que acompañar.

Dina Radenkovic

A Dina Radenkovic la contraté en 2021 como cofundadora y consejera delegada. Tenía 26 años. Creció en Serbia durante las guerras de los noventa, estudió en el Reino Unido y se licenció en Medicina y Fisiología en el University College de Londres. Era socia de SALT, uno de nuestros inversores semilla, cuando le ofrecí el puesto.

Contratar a una médica de 26 años para dirigir una empresa de biotecnología fue la decisión más discutida que tomé en este proyecto, y la mejor. Su conclusión cambió la compañía: si todavía no podíamos fabricar un óvulo, podíamos fabricar el ovario. Las células de Kramme hacen fuera del cuerpo lo que el folículo hace dentro. Se ponen óvulos inmaduros en una placa con ellos y terminan de madurar.

Ese producto se llama Fertilo. La paciente toma hormonas dos o tres días en lugar de dos semanas: alrededor de un 80% menos de inyecciones. Se le extraen los óvulos inmaduros, pasan un día en cultivo con las células y después se fecundan como en cualquier otra fecundación in vitro. Las células nunca entran en su cuerpo.

Dina levantó 127 millones de dólares en cinco rondas, sacó el producto adelante en Australia, Japón, Argentina, Paraguay, México, Perú, India y Singapur, y llevó a Gameto a una fase 3 autorizada por la FDA. Yo puse el dinero al principio y la elegí. Lo demás lo construyó ella.

El 16 de diciembre de 2024 nació en la Clínica Santa Isabel de Lima la primera niña concebida con esta técnica. Para agosto de este año eran cinco bebés y más de veinte embarazos.

Lo que todavía no sabemos

La objeción que más escucho es que con menos estimulación se obtendrán menos óvulos, y que en fecundación in vitro los números mandan. Es una hipótesis razonable y sigue abierta: medirla con rigor es para lo que sirve el ensayo de fase 3 que la FDA autorizó en enero de 2025. Hasta que termine, cualquiera que afirme el resultado en una dirección o en la otra está opinando.

Lo que hay hasta ahora apunta en nuestro favor. En un estudio con 40 pacientes en México y Perú, los óvulos madurados con Fertilo alcanzaron la madurez el 70% de las veces frente al 52% del medio convencional. Los ciclos con Fertilo lograron un 44% de embarazos tras la primera transferencia, más del doble del 20% habitual con maduración in vitro.

Y queda el argumento de que ningún ensayo mide. Una mujer que termina un ciclo de tres días está mucho más dispuesta a hacer un segundo y un tercero que otra que acaba de pasar dos semanas pinchándose. Tres ciclos suaves superan a un ciclo brutal que nadie quiere repetir.

Más allá de la fertilidad

La FDA todavía no ha aprobado ninguna terapia con células madre pluripotentes inducidas. Trabajamos además en Ameno, un organoide ovárico implantable para retrasar la menopausia, con 10 millones de dólares de ARPA-H, la agencia de investigación sanitaria del Gobierno estadounidense.

Hay una lección argentina en todo esto. La fuga de cerebros de la que hablaba mi padre se frena construyendo los lugares donde esa gente quiere trabajar, y sosteniéndolos cuando a alguien se le ocurre firmar una carta que al gobierno de turno no le gusta. Mi padre construyó uno de esos lugares y lo echaron de él. Sigue en pie, cerca de Villa Elisa, con su nombre en la antena.

Las células que Ferring compra esta semana salieron de una beca que lleva ese mismo nombre.

Martín Varsavsky es emprendedor. Preside Gameto. Antes construyó Viatel, Jazztel, Ya.com, Eolia Renovables, Prelude Fertility y Overture Life.

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