La patología proctológica más compleja

Dos novedades terapéuticas para acabar con el ‘viejo’ problema de la fístula anal compleja

Se suele presentar en pacientes jóvenes y de edad media

Es importante un diagnóstico temprano y tratamiento irá encaminado a cerrar la fístula preservando la función esfinteriana

fístula anal
Fístula anal.

Una fístula anal es el término médico para un túnel infectado que se desarrolla entre la piel y la abertura muscular al final del tubo digestivo (ano). Según la Clínica Mayo, «la mayoría de las fistulas anales son el resultado de una infección que comienza en la glándula anal y esta infección causa un absceso que drena espontáneamente o debe drenarse quirúrgicamente a través de la piel cerca del ano; luego, la fístula forma un túnel bajo la piel y se conecta con la glándula infectada».

Es la patología proctológica más compleja que existe y generalmente es necesario realizar una cirugía para tratar una fístula anal. «La fístula anal es una comunicación entre el canal anal (orificio interno) y la piel perianal (orificio externo). Al ser la patología proctológica más compleja que existe, es importante su manejo por cirujanos colorrectales con amplia experiencia», explica a OKSALUD el doctor Mauricio García Alonso, responsable de la Unidad de Proctología del Centro Médico-quirúrgico de Enfermedades digestivas (CMED) y de la Unidad de Cirugía y Aparato Digestivo Vithas-CMED del Hospital La Milagrosa.

La fístula anal se suele presentar en pacientes jóvenes y de edad media, que precisan de varias intervenciones quirúrgicas, con postoperatorios incómodos y alteración de la calidad de vida y laboral, con bajas intermitentes. Suelen aparecer tras un absceso perianal y, por tanto, «constituyen dos caras de una misma enfermedad: el absceso es la fase aguda y la fístula anal la fase crónica», destaca el experto.

Los factores que predisponen a sufrir una fístula anal son el sobrepeso, el exceso de sal y la dieta grasa, la diabetes, la cirugía anorrectal previa, el hábito tabáquico, el alcoholismo, el tiempo de defecación prolongado y el sedentarismo.

Clasificación

Las fístulas anales suelen manifestarse como una supuración crónica en la región perianal, en muchas ocasiones tras el desarrollo de un absceso previo y se pueden clasificar según la relación del trayecto fistuloso con el esfínter anal en: superficiales; interesfintéricas; transesfintéricas (bajas, medias o altas); supraesfintéricas y extraesfintéricas.

También se puede clasificar según su complejidad: fístulas simples (aquellas que presentan una afectación mínima del aparato esfinteriano y que pueden tratarse mediante una fistulotomía -superficiales, interesfintéricas y algunas transefinterianas bajas-) y complejas (transesfintéricas medias y altas, supraesfinterianas y extraesfinterianas; transesfintéricas bajas en pacientes con riesgo de incontinencia anal; fístulas en margen anal anterior en mujeres; fístulas con trayectos múltiples y reproducidas y fístulas en pacientes con E. de Crohn, inmunodeficiencia, etc.).

«El diagnóstico se realiza mediante una exploración física en consulta por parte de un cirujano colorrectal; ecografía endoanal; resonancia magnética pélvica (pacientes con Enfermedad de Crohn o fístulas muy complejas o multioperadas); manometría anal (puede ser necesario con clínica o riesgo de incontinencia anal); y colonoscopia (pacientes con sospecha de Enfermedad de Crohn o cáncer colorrectal)», destaca el doctor García Alonso, quien sostiene que el tratamiento es «siempre quirúrgico una vez realizado el diagnóstico» con el «objetivo de cerrar la fístula preservando la función esfinteriana» y resaltando la importancia del diagnóstico temprano.

«‘Viejo’ problema con nuevos tratamientos»

«En los últimos años han aparecido nuevos procedimientos mediante los cuales el riesgo de incontinencia anal es ínfimo. Concretamente, existen dos novedades terapéuticas para acabar con el ‘viejo’ problema de la fístula anal compleja», avanza el especialista en Proctología, quien detalla que durante la cirugía se realiza, primero, una exploración del canal anal, y luego se identifica el orificio externo e interno, así como el trayecto fistuloso y su relación con el aparato esfinteriano.

Así, entre las novedades en el tratamiento de la fístula anal compleja recomendadas por el doctor García Alonso se hallan:

  1. Empleo de ‘plugs’ o tapones: es una sustancia sólida y biocompatible (biomaterial), que, introducida en el trayecto fistuloso, tiene como objetivo favorecer el cierre del mismo. Es un implante biocompatible que se incorpora al tejido del receptor mediante el crecimiento celular normal y microvascular. En quirófano se realiza la introducción del ‘plug’ rellenando el trayecto fistuloso. Está especialmente indicado en fístulas transesfinterianas medias/altas, fístulas supraesfinterianas, fístulas anteriores en la mujer y en pacientes con antecedentes o riesgo de incontinencia anal. Los mejores resultados se obtienen en fístulas con trayecto único y largo sin cavidades adyacentes, y con orificios interno y externo identificados correctamente.
  2. Tratamiento con láser FilaC (Fístula Láser Closure): fibra láser desechable que produce energía a 360°, que se introduce en la fístula mediante maniobra de Seldinger (a través del orificio fistuloso externo). Con la punta de la fibra colocada en la abertura interna, se generan 10W de energía láser de forma continua, mientras se desplaza lentamente la sonda a través del trayecto (a un milímetro por segundo). La radiación láser causa el cierre del tejido circundante permitiendo la curación de la fístula. Está indicado en fístulas transesfinterianas medias/altas, fístulas supraesfinterianas, fístulas anteriores en la mujer y en pacientes con antecedentes o riesgo de incontinencia anal.»En nuestra experiencia, el FilaC presenta mejores resultados en fístulas con trayectos finos, empleando los ‘plugs’ para trayectos más amplios» destaca el responsable de la Unidad de Proctología del CMED.
    La intervención en ambas opciones se realiza con sedación o anestesia epidural y tiene una duración de 30 minutos, aproximadamente, en régimen ambulatorio, es decir, sin necesidad de permanecer ingresado en el centro en el que se ha llevado a cabo.

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