Cómo cuidar la salud emocional y la alimentación puede ayudar a los pacientes con cáncer
El programa entrena tanto el autocuidado como la capacidad de recibir u ofrecer el cuidado de otras personas

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El abordaje integral de las personas con cáncer incorpora nuevas estrategias dirigidas no solo al control de la enfermedad, sino también a mejorar el bienestar y la calidad de vida durante el tratamiento. Dos estudios presentados en el Congreso de la ESMO de 2026, que se ha celebrado en Madrid del 23 al 27 de octubre, aportan nuevos datos sobre el papel de la salud emocional y la alimentación.
El primero es un estudio prospectivo y multicéntrico que ha evaluado el Entrenamiento de la Mente Compasiva (CMT por sus siglas en inglés), un programa de ocho semanas que combina mindfulness y ejercicios para desarrollar la compasión. El trabajo incluyó a 503 participantes, más del 80% pacientes con cáncer, y comparó el CMT con mindfulness y con un grupo control en lista de espera.
«La compasión la entendemos como la motivación y la acción para atender el sufrimiento. El programa entrena tanto el autocuidado como la capacidad de recibir u ofrecer el cuidado de otras personas», explica la autora de estudio, la Dra. Begoña Mellado, oncóloga médica del Hospital Clínic de Barcelona, investigadora IDIBAPS y profesora titular de la Universidad de Barcelona.
Tras ocho semanas, el grupo CMT mostró reducciones significativas de la depresión, la ansiedad y el malestar psicológico, además de mejoras en autocompasión y descentramiento, es decir, en la capacidad de tomar distancia de pensamientos y emociones difíciles. También se observaron mejoras en calidad de vida, funcionamiento y síntomas como fatiga, dolor e insomnio.
Las mejoras psicológicas fueron superiores a las observadas en el grupo control y en el grupo de mindfulness, incluso tras la corrección por comparaciones múltiples. No obstante, al tratarse de un estudio no aleatorizado, los investigadores señalan que los resultados son prometedores, pero deben confirmarse en ensayos clínicos aleatorizados.
La adherencia fue elevada: el 75,8% de los participantes completó el programa CMT. Además, el 90,2% no refirió ningún perjuicio percibido y no se produjeron abandonos atribuidos a malestar emocional causado por la intervención.
«Creemos que sí es viable incorporar este tipo de programas a la atención oncológica habitual», señala la Dra. Mellado. No obstante, destaca que su implementación debe contar con profesionales formados, una evaluación previa y seguimiento, y estar coordinada con los equipos de psicooncología.
Para la especialista, «el apoyo psico-oncológico debería formar parte de la asistencia habitual, no ser un recurso al que solo se llega cuando el sufrimiento es muy intenso». Asimismo, recuerda que las intervenciones basadas en mindfulness y compasión pueden complementar, pero no sustituir la atención psicológica o psiquiátrica especializada cuando sea necesaria.
La alimentación y el microbioma
El estudio de intervención dietética para reducir la toxicidad de la inmunoterapia (FORX por sus siglas en inglés) analiza si incorporar al menos 30 tipos diferentes de plantas a la semana -verduras, frutas, legumbres, frutos secos y semillas- durante las primeras 12 semanas de inmunoterapia puede modificar el microbioma intestinal y reducir los efectos adversos inmunomediados.
«Sabemos cada vez más que el microbioma está implicado tanto en la evolución del cáncer como en la eficacia y la toxicidad de los tratamientos. Por eso nos preguntamos si podíamos mejorar su composición modificando la alimentación de una manera sencilla y aplicable fuera del entorno clínico», explica Marthe Verhaert, de la Universidad Libre de Bruselas (VUB) y del Hospital Universitario de Bruselas (UZ Brussel).
En total, 54 pacientes fueron evaluables para el análisis principal. Durante la intervención, la ingesta media de fibra aumentó de 20,2 a 28,8 gramos al día. Además, el 75% de los pacientes cuyos registros dietéticos pudieron analizarse consumió más de 25 gramos de fibra diarios durante el periodo de tratamiento activo. A las seis semanas, también se observaron cambios en la composición del microbioma.
«Añadir 30 plantas diferentes a la semana es factible y permite aumentar de forma sostenida la ingesta de fibra, incluso durante el tratamiento activo contra el cáncer», señala Verhaert.
El 53,7% de los pacientes desarrolló algún efecto adverso relacionado con el sistema inmunitario durante el tratamiento, aunque la mayoría fueron leves. Solo se registraron dos acontecimientos de grado 3 y ninguno de grado 4. Estos resultados iniciales son prometedores, pero será necesario realizar análisis adicionales para determinar si la intervención dietética contribuye realmente a reducir la toxicidad de la inmunoterapia.
«Todavía tenemos que comprender mejor qué significan los cambios observados en el microbioma desde el punto de vista funcional y clínico», concluye Verhaert.
Hacia una atención oncológica más integral
Ambos trabajos reflejan el creciente interés por incorporar al tratamiento oncológico factores relacionados con el bienestar psicológico, los hábitos de vida y la calidad de vida.
Mientras el estudio CMT aporta resultados prometedores sobre el potencial de las intervenciones basadas en la compasión, el estudio FORX explora una vía de investigación relacionada con la alimentación y el microbioma.
«Cuidar a nuestros pacientes significa tratar su enfermedad con el máximo rigor científico, pero también cuidar de la persona que vive con ella y de quienes la acompañan», concluye la Dra. Mellado. «Podemos trabajar juntos hacia una oncología integral y humana».