Religión Católica

Santa Clara de Asís: biografía, milagros y legado de la fundadora de las clarisas

Descubre la historia de Santa Clara de Asís y el legado de la fundadora de las clarisas.

Vida en conventos españoles en la historia

Dulces en el convento

Restauración de antiguos monasterios

Monjas
Santa Clara de Asís.
Francisco María
  • Francisco María
  • Colaboro en diferentes medios y diarios digitales, blogs temáticos, desarrollo de páginas Web, redacción de guías y manuales didácticos, textos promocionales, campañas publicitarias y de marketing, artículos de opinión, relatos y guiones, y proyectos empresariales de todo tipo que requieran de textos con un contenido de calidad, bien documentado y revisado, así como a la curación y depuración de textos. Estoy en permanente crecimiento personal y profesional, y abierto a nuevas colaboraciones.

Nacer en el seno de una familia noble en la Italia del siglo XIII solía significar una existencia marcada por los casamientos pactados, los banquetes largos y el cuidado de un patrimonio que medía su valor en tierras y linajes. Clara Offreduccio de Favarone rompió ese guion previsible una noche de la Cuaresma de 1212. Dejó atrás el palacio familiar de Asís por una puerta trasera, la que los cronistas medievales llamaban la «puerta de los muertos», un detalle simbólico que anticipaba la absoluta ruptura con su pasado. Su huida no respondía al capricho de una adolescente rebelde, sino a un arrebato espiritual que ya venía gestándose tras escuchar los sermones encendidos de San Francisco de Asís, un vecino de su misma ciudad que había trocado sus ricas vestiduras por el sayal áspero de los mendigos.

Comienza su aventura en solitario

La joven Chiara encontró refugio temporal en una pequeña capilla benedictina mientras su familia, furiosa ante el escándalo social que semejante fuga suponía, intentaba por la fuerza hacerla regresar a casa. No lo consiguieron. Con una determinación férrea que desconcertó a sus propios parientes, la muchacha se aferró a los altares del templo y mostró su cabello recién rapado, una declaración pública de que su vida ya pertenecía a otro ámbito muy alejado de los intereses dinásticos de los Favarone.

Pocos días después se le uniría su hermana Inés, y juntas darían forma al germen de lo que el tiempo consolidaría como la Orden de Santa Clara o de las clarisas, un colectivo de mujeres dispuestas a vivir en la más absoluta pobreza material.monjas clausura alicante cura negacionista coronavirus

Una estricta clausura

Instaladas de manera definitiva en el diminuto convento de San Damián, las hermanas vivían bajo una regla de clausura tan estricta que hoy nos cuesta aquilatar en toda su dimensión. Descalzas sobre la piedra, ayunando la mayor parte del año y durmiendo sobre simples jergones de paja o tablas desnudas, las clarisas no pedían limosnas para acaparar graneros, sino estrictamente lo necesario para el sustento diario.

Clara asumió el liderazgo de la comunidad casi sin buscarlo, guiada por un carisma silencioso que atraía tanto a mujeres de la aristocracia local como a campesinas humildes dispuestas a compartir el frío de aquellas paredes húmedas del valle umbro.

Un conocido episodio

Los relatos de la época recogen episodios extraordinarios que la tradición popular elevó a la categoría de prodigios. El más célebre ocurrió cuando las tropas mercenarias al servicio del emperador Federico II amenazaron con asaltar el monasterio de San Damián aprovechando el desorden de las guerras italianas. Postrada en el lecho por una enfermedad crónica que la consumía lentamente, Clara pidió que la llevaran hasta las murallas portando una pequeña cápsula de plata que contenía el Santísimo Sacramento. Cuentan las crónicas franciscanas que los asaltantes, impresionados por una presencia tan vulnerable pero imponente, se retiraron de inmediato sin causar daño alguno a las monjas.

Aquel episodio no hizo sino reforzar la aureola de santidad que ya la rodeaba en vida, un respeto reverencial que compartían figuras coetáneas como San Antonio de Padua, quien predicaba por los caminos de Italia mientras el monacato femenino encontraba en Asís un modelo radical de desasimiento.

Una lucha continua

Clara peleó durante décadas con el mismísimo Papado para conseguir el llamado «privilegio de la pobreza», un documento pontificio que prohibía a su orden poseer cualquier tipo de bienes raíces o rentas fijas. Quería depender exclusivamente de la Providencia y del trabajo de sus propias manos.

Su salud, castigada por los rigores del ayuno y las vigilias nocturnas, se quebró definitivamente hacia el final de sus días. Durante casi tres décadas apenas pudo abandonar la cama, pero desde allí continuaba hilando lana para confeccionar corporales destinados a las iglesias pobres de la comarca y dictando cartas a otras abadesas de Europa que intentaban imitar su estilo de vida. En esos escritos late una hondura mística que anticipa la agudeza psicológica de mentes posteriores como Santa Teresa de Jesús, combinando un sentido práctico implacable con una intensa vida interior.Monja de clausura

Llega el final

Cuando falleció en agosto de 1253, el cortejo fúnebre congregó tanto a cardenales y nobles como a la gente común del pueblo llano que la consideraba su protectora. Curiosamente, en su lecho de muerte estuvo acompañada por frailes y allegados que recordaban los consejos de aquel tiempo fundacional en el que los santos parecían caminar por los polvorientos caminos de Umbría con la misma naturalidad con la que un padre de familia rezaba por el bienestar de su hogar, evocando la devoción sencilla que siglos más tarde mantendrían figuras tan entrañables como San José en la piedad popular mediterránea.

Su legado sobrevivió a las presiones eclesiásticas que intentaron suavizar su norma tras su marcha, demostrando que la radicalidad evangélica, cuando nace de una convicción tan limpia, deja huellas imborrables en la memoria colectiva.

Lo último en Religión

Últimas noticias