¿Queda algo más que decir de Sánchez?
Después de ocho años larguísimos de poder no queda español alguno en el viejo reino que no tenga cabal conocimiento respecto al alma podrida de Pedro Sánchez, sus actitudes antidemocráticas y sus costuras autocráticas. Junto a ello una nefasta gestión en todo lo que afecta al gasto público, la utilización de los impuestos y el destino final que da al dinero que les birla a los ciudadanos.
Desde 1 de junio del 2018 Sánchez ha utilizado todo tipo de artes para el usufructo personal del dinero que no le pertenece y, de paso, sus aledaños familiares han intentado forrarse indirectamente porque tienen a un marido y a un hermano en el poder de la nación. Como ha traspasado todas las líneas rojas, no tiene ni conocimiento siquiera de la magnitud de las tragedias y dramas que ha hecho deglutir a la vieja nación española.
No hay más que detenerse a observar su reacción y la de sus edecanes ante el desastre de Urda para comprobar el grado de maldad y putrefación que les rodean. Después de los 69 muertos, que se suman a la no menor tragedia de Adamuz, trata de que el consiguiente despido del inexportable Oscar Puente les sirva para retomar la deshilachada campaña electoral. Lo de los muertos y heridos (muchos de ellos de gravedad, que vivirán el resto de sus días sin poder olvidar lo ocurrido) les importa tanto como una higa. Y hasta se han permitido el lujo, en medio de tanta degradación como obscenidad, de chotearse del conjunto del pueblo español.
En efecto. Como no todos somos iguales, hay que permitir a Sánchez y a sus cuates que hagan su macabra campaña, sigan mintiendo, manipulando y riéndose del respetable. Ya no hay palabras para describir la decadencia moral, económica y política en la que han sumido a España.
Ahora lo que resta es demostrarle al sanchismo que se pudo reír del pueblo español durante ocho años, pero ni un minuto más tras el 29-N. Sólo después de que hayan desalojado las dependencias ministeriales y monclovitas podremos hacernos cabal idea de la magnitud de la catástrofe para los intereses colectivos y nacionales, amén del daño inferido en sus intereses económicos a unos esquilmados ciudadanos, muchos de los cuale siguen dando apoyo al sátrapa.
El tiempo de las palabras y las lamentaciones terminó. Ahora hay que enfrentar el tiempo de los hechos y de las patadas democráticas en el trasero de un impostor y sus deudos.
PD. La detención del ex chófer de Sánchez por la UCO, Cristian Corvillo, amigo personal y de correrías del todavía jefe del Gobierno, viene a cerrar el círculo de presuntos delincuentes alrededor del primer ministro. Es tal el hedor que habrá que buscar una montaña de votos en contra para mandarle definitivamente al averno. Pasará a la historia por corrupto y criminal.