Pucherazo a fuego lento

Sánchez, Pedro Sánchez, PSOE, elecciones

Tras el éxito de nuestro Manual para políticos corruptos ¿Cómo actuar en caso de ser pillados?, llega el Curso sobre cómo dar un pucherazo. Profesores expertos en compras de votos en Andalucía, urnas escondidas en Ferraz, doble voto en el extranjero, alteraciones del censo o en el control o posición de dominio en empresas que intervienen en el proceso electoral (Correos e Indra) te dan todas las claves. Inscripciones en Moncloa.

Con estos antecedentes, lo normal es que nos quieran vigilar. Hay que ser un panoli para fiarse. Así que lo primero que hemos de hacer es atacar a los que dudan y quieren vigilarnos. Ya sabemos que querer vigilar es lo responsable y que eso es defender la democracia, pero les acusaremos justo de lo contrario: de irresponsables y de querer cargarse la democracia. Es el mundo al revés, pero funciona.

Introducción al curso

En Cómo mueren las democracias (2018), Levitsky y Ziblatt nos cuentan que estas pueden terminar no solo por golpes militares, sino también por culpa de líderes que, tras alcanzar el poder, cambian las bases de la democracia; como cuando se politiza un Tribunal Constitucional, se acosa a la Justicia, se le dice a la Guardia Civil que mire para otro lado o se coloniza la fiscalía general. ¿Les suena?

Entre el clásico golpe de Estado y el paulatino deterioro a que se refieren aquellos profesores, aún queda otra forma de destruir una democracia: el pucherazo de toda la vida, que antaño se hacía a la brava y hogaño sutilmente, sin que se note, indoloro. Es el pucherazo a fuego lento, una forma imperceptible de ganar elecciones y así seguir pareciendo una democracia. Ello se consigue con manipulación, mucha manipulación. Antes, durante y después. Aquí se lo contamos.

Lección 1. Manipular antes.

Dejar las cosas para el final no es de profesionales. Empecemos desde el principio. Primero, con la ayuda de la sincronizada, colonizando RTVE y comprando (con dinero público, claro) espacios y periodistas en prime time que informen y opinen lo que nosotros queramos. Y, si ello no basta, damos una nueva televisión gubernamental que eche una mano.

Segundo. Si las encuestas reflejan que estamos en caída libre, será más difícil parar esa caída y, si hubiera que retocar el resultado, es mejor que no parezca que la derrota iba a ser por mucho para que no cante. Para ello tenemos al CIS (también con dinero público, por supuesto), que cocinará sus encuestas con mucho azúcar. Tezanos está en ello.

Y tercero, como las encuestas de verdad, no las del CIS, nos dicen que España no nos quiere, colamos en el censo electoral a los de fuera. A ver si encontramos votos allá donde no nos sufren tanto y donde aún pueden pensar que el socialismo es algo romántico que no arruina a las familias y se carga la democracia. Nuestros consulados ya trabajan a toda máquina. Para que luego digan que la Administración no es eficiente. En esto no importa si los nuevos votantes tienen derecho o no a la nacionalidad; hacemos una instrucción que supere a la ley y dé vía libre a los consulados, pasamos de comprobaciones farragosas a dar pasaportes como si no hubiera un mañana. Cuantos más pasaportes fabriquemos, mejor, y mejor también si son de aquellos sitios y grupos donde más probable es que nos voten. Eso ya sabemos hacerlo y tenemos amigos en Cuba, Venezuela y Buenos Aires que nos ayudan. También podríamos haber reparado «injusticias históricas» en el País Vasco, pero allí no interesa. Además, los de Junts no se enteran de que en ese caladero tienen poco voto que pescar y cada día que pasa sin que apoyen una moción de censura, más días tenemos para dar pasaportes. Luego, cuando hablan, parecen muy listos, pero míralos. Sigamos.

Lección 2. Manipulación durante.

Los que quieren que el proceso sea limpio tienen ocurrencias de vez en cuando para vigilar el escrutinio electoral y ponernos difícil «retocar» el resultado. Eso no nos conviene. Aquí van algunas ideas que debemos evitar:

Primera: Que el voto por correo se cuente en urnas diferentes para poder detectar si hay una desproporción significativa que pueda evidenciar un fraude. Esto ya lo hemos evitado. Además, esto podría vulnerar el derecho al secreto del voto en zonas rurales donde el voto por correo puede no llegar a la decena en una urna. Pero esa excusa sería fácilmente superable: Podrían proponer que el voto por correo se recoja por municipio (no por mesa). Con ello se mantiene el secreto del voto, se evita el riesgo que conllevan tantos desplazamientos con sobres de votos en la jornada electoral y se consigue esa medida propuesta que permite detectar desproporciones sospechosas.

Segunda: Otra idea que se les puede ocurrir es que exista videovigilancia en todos los depósitos de sobres de votos y en los lugares donde se manipulan los votos (para su reparto) y que se permita el acceso al sistema de videovigilancia por parte de los representantes de los partidos y de las Juntas Electorales. Y la tercera medida que pueden querer reforzar es el acceso y control por parte de los representantes de los partidos y juntas electorales a los datos totales y agregados por la empresa encargada del escrutinio para comprobar, aunque sea con muestreos, la fidelidad en la traslación de datos de cada mesa a la aplicación y los agregados.

Estas cosas podrían ponernos más difícil el pucherazo, así que, si se plantean por la oposición, recuerda lo que decíamos: hay que ponerse estupendos, hacerse los ofendiditos y decir que están generando desconfianza, que son como Trump y que es un insulto a los empleados de Correos. Y ya plegarán.

Lección 3. Manipulación después.

Si se sospecha de fraude, quizá el asunto llegue a las Juntas Electorales. Aquí es más difícil intervenir.

Normalmente, los jueces y otros miembros de las juntas electorales son gente seria, señores que se visten por los pies y señoras de poca broma que, si detectan un pucherazo, lo investigarán y denunciarán. Por eso conviene, al menos, seguir con nuestra campaña de descrédito de los jueces y mantener intervenido el Tribunal Constitucional. ¿Qué haríamos sin Pumpido?

Y hasta aquí nuestro curso rápido sobre pucherazos a fuego lento. Y recuerda que si la democracia es alternancia, ya no mola. Que solo merece la pena ser demócrata mientras estén los tuyos. Y que antes que demócrata eres socialista y, antes que socialista, sanchista. Todo sea por nuestro líder y por Begoña.

Y no se pierdan nuestro próximo curso gratuito Cómo llegar a ser Pachi López. Inscripciones abiertas. Preferencia: alumnos sin certificado de escolaridad.

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