José María Ridao, el cónsul postrado ante el César
Que al frente del consulado de España en Buenos Aires, organismo dependiente del Ministerio de Exteriores encargado de tramitar las 650.000 peticiones de nacionalidad en aplicación de la conocida como Ley de Nietos, esté José María Ridao, es señal de que el Gobierno ha puesto al frente de la maquinaria para fabricar nuevos españoles, con derecho a voto, a un hombre de la más estricta confianza del sanchismo. Ridao formó parte del consejo editorial de El País y, en 2019, fue incluso adjunto a la dirección. Y en ese periódico dejó claro que no era muy partidario del PP, hasta el punto de llegar a acusarlo de «linchar» a Pedro Sánchez.
O sea, que es muy hincha del presidente del Gobierno, en parte por la cuenta que le tiene. Poco antes de las elecciones de 2023, en su tribuna La España feroz, criticaba que el Partido Popular no había «desarrollado una campaña electoral», sino «el acto final de uno de los más descarnados linchamientos políticos contra un presidente de Gobierno desde la aprobación de la Constitución en 1978, quizá sólo comparable al que padeció Felipe González».
Y es que, según Ridao, los populares siempre han «combatido» al PSOE «con una inquina desproporcionada». Según el cónsul en Buenos Aires, «lo que el Partido Popular ha pretendido hacer de Sánchez es algo infinitamente más devastador para la convivencia entre españoles: un chivo expiatorio. Un chivo expiatorio contra el que cualquier recurso puede y debe ser empleado, ensañándose con su persona, ya que con el balance político, económico y social de su gestión no existen verdaderas razones para hacerlo».
Y, en pleno fervor sanchista, concluía: «Los ciudadanos votan por lo que creen y por la España que quieren sin ser por ello ni mejores ni peores españoles: ese es el más elemental derecho que estrategias como la que ha seguido el Partido Popular del váyase, señor González, de la traición a los muertos o, ahora, de Sánchez o España, nunca ha terminado de reconocer». Dicen que de bien nacidos es ser agradecidos: el goloso cargo en el exterior de Ridao no merecía otra cosa que postrarse ante su jefe.