Así se celebró el pase de España a la final del Mundial en Palma: bengalas, cánticos y camisetas de Francia quemadas
La plaza de las Tortugas y la céntrica calle Jaume III se convirtieron en el escenario de una celebración histórica que no se vivía desde 2010
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El repaso histórico de España a Francia en las semifinales del Mundial se vivió con especial energía en la ciudad de Palma, donde miles de aficionados se concentraron en sus calles para celebrar con efusividad un nuevo pase a la gran final, la segunda de nuestra historia.
A pesar de que la selección de Luis de la Fuente no sufrió durante el partido, los aficionados españoles liberaron toda la tensión nada más escuchar el pitido final del árbitro. En cuestión de minutos, la plaza de las Tortugas y la céntrica calle Jaume III se convirtieron en el escenario de una celebración histórica que no se vivía desde el año 2010.
El bengaleo estuvo presente durante toda la celebración, pero también los cánticos como «¡Yo soy español, español, español!». Tampoco faltaron las banderas rojigualdas, las bufandas y las camisetas del equipo. A todo este jolgorio se le sumaron las bocinas de los coches que pasaban por la zona.
Sin embargo, la alegría extrema también hizo sacar el lado más radical de algunos aficionados, que profirieron insultos a Kylian Mbappé e incluso quemaron camisetas de la selección francesa.
La otra cara de la moneda la ofreció la celebración en las calles de Madrid, donde el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, mandó a la Policía a cargar contra los aficionados españoles que celebraban el pase a la final del Mundial. En plenos festejos tras el triunfo ante Francia en semifinales, varios agentes de policía pegaron a varias personas que estaban en los alrededores de la plaza de Cibeles.
El Gobierno de Sánchez creó un dispositivo de seguridad impropio de un estado de felicidad como el que había en el centro de Madrid tras el partido del Mundial en el que ganó España a Francia. Muchos de los aficionados que estuvieron en la plaza de Colón siguiendo la final en pantallas gigantes se fueron a las calles del centro de la capital para festejar este éxito.
Sin embargo, Marlaska, ministro del Interior, ordenó cargar contra estos aficionados que simplemente estaban celebrando. El motivo fue que había que agilizar y despejar el tráfico, sin entender todo lo que estaba ocurriendo y que lo que allí había era gente feliz que celebraba un éxito deportivo de gran altura como llegar a una final de un Mundial.