Repaso mundial y a la final
España se mete en la final del Mundial tras derrotar 2-0 a Francia con una exhibición de fútbol colectivo
Oyarzabal, de penalti, y Pedro Porro hicieron los goles de la selección en un soberbio baño táctico de Luis de la Fuente a Deschamps

España volvió a ser piña y se metió en la final del Mundial. ¡Qué manera de jugar al fútbol, madre mía! Nos metimos sin sufrir ante Francia, la selección más temible del campeonato, a la que desactivamos hasta convertirla en un equipo de medio pelo. El equipo (EQUIPO en mayúsculas) de Luis de la Fuente es tan bueno que hizo malos a Olise, Mbappé y compañía. Oyarzabal primero y Pedro Porro después anotaron los goles de la selección española para abrochar un pase a la final que vino precedido de un repaso. Sí, un repaso mundial.
Estábamos donde soñábamos. Donde queríamos. Donde debíamos. España afrontaba la segunda semifinal de un Mundial de fútbol en toda su historia y lo hacía ante la todopoderosa Francia, que más que una selección parecen Los Vengadores, porque tienen la más formidable colección de futbolistas con superpoderes del torneo juntos, aunque no el mejor equipo, porque el mejor equipo somos nosotros.
De la Fuente repitió equipo y volvió a sentar a Pedri. La meritocracia para nuestro seleccionador es sagrada y los once que salieron ante Bélgica no han dado motivos para los cambios, así que España salió con estos once elegidos para ganar a Francia y alcanzar la ansiada final del Mundial: Unai; Porro, Cubarsí, Laporte, Cucurella; Rodri, Fabián; Lamine Yamal, Olmo, Baena; y Oyarzabal.
Deschamps tiene un equipo hecho desde el primer día y lo retoca según la ocasión como el (la) que se cambia el color de las uñas. Ante España hizo dos cambios: entraron Tchouaméni, en cuidados intensivos para este partido, y Barcola, para dar una mano a Digne en el marcaje de jaula a Lamine Yamal. La selección de Francia, así leída, acojona lo suyo: Maignan; Koundé, Saliba, Upamecano, Digne; Tchouaméni, Rabiot; Dembélé, Olise, Barcola; y Mbappé.
Sonó La Marsellesa –ahí salimos perdiendo–, luego el Lolololo y empezó el fútbol en el imponente estadio de Dallas. Por cierto, salíamos con la camiseta molona, la blanca-beige, pero con el pantalón rojo. Los franceses salieron a presionar arriba, pero muy arriba. Rodri equilibró la primera escaramuza de Mbappé mientras Olise merodeaba emboscado y ladino.
Francia pone el vértigo
España se quedó con la pelota y se defendió con ella. Posesiones largas y calmadas, horizontales como las rayas del Celtic de Glasgow y un pelín insípidas. Francia, con un Mbappé inspirado y ubicuo, era puro vértigo. Había motivos para el acojone. Vale, hablo por mí. La selección no arriesgaba un pase por miedo a las contras y Luis de la Fuente estaba más serio que un notario.
Baena desperdició una falta golosa en la frontal en el minuto 10 por la que vio una merecida y temprana amarilla Rabiot, que había pisado a Dani Olmo. España se sacudió el susto inicial de los bichos franceses y había partido. En el 14 el colegiado salvadoreño, de los de gatillo fácil, le perdonó una amarilla clara a Olise por un pisotón en el tobillo de Rodri. ¿Se imaginan a los dos en el Madrid el año que viene?
Un minuto después llegó la primera estampida de Mbappé, de esas que hacen temblar los vasos de agua, abortada por una magnífica y salvadora cobertura de (don) Pedro Porro. La asistencia había salido de los pies de ese verso suelto que tiene dos acentos y se llama Dembélé. Pero el más listo de la clase se llama Lamine Yamal. Y lo explico.
Corría el minuto 20 y una pelota llovida en el área grande la iba a despejar de volea Digne. Lamine adivinó el despeje, corrió a meter el cuerpo y el próximo lateral del PSG, en lugar de despejar la pelota, despejó a Yamal. Penalti tonto, obsceno y clamoroso. Iván Barton, colegiado salvadoreño de los bragados, no lo dudó y se fue al punto de penalti, pese a las protestas consensuadas de los franceses. La pena máxima la ejecutó Oyarzabal y, aunque Maignan adivinó el lado, el balón acabó dentro. Golazo. Nos poníamos por delante justo al filo de la pausa de hidratación.
El pillo Lamine Yamal
Un minuto después, más buenas noticias para España y malas para Francia. Se rompió Saliba, el mejor central del mundo, y tuvo que ser sustituido. Ni por esas entró a jugar Konaté, ese central-armario que ha fichado el Real Madrid que se va a ir del Mundial absolutamente inédito. Sospechoso por lo menos. Salió a jugar Lacroix, central con nombre de marca de relojes.
El viento, como cantaba Camela, soplaba a nuestro favor pero nuestro amor por la pelota no iba a zarpar. Dominaba España, Cubarsí y Laporte mantenían a Mbappé a raya y Baena rondó el segundo en una acción que abortó in extremis el meta Maignan con una salida al bulto. Luego vino nuestra mejor ocasión en un taconazo de Olmo, seguido de una asistencia letal de Lamine que iba a consumar Fabián hasta que se cruzó milagrosamente Upamecano.
Después, ya cerquita del descanso, Unai hizo su primera parada en el partido. El descanso, no les engañaré, nos venía la mar de bien. Apretó Francia, resistió España y alcanzamos la orilla del intermedio con el valiosísimo 1-0 a nuestro favor que nos ponía un pie en la final del Mundial.
Regresamos del descanso al filo de la perfección. No nos creaban problemas y la pelota estaba más cerca del área de Maignan que de Unai Simón. La tuvo Lamine en el 50. Otro aviso. Era el momento de que España cerrara el partido. Deschamps ponía caritas en el descanso pero no encontraba soluciones. Francia estaba desactivada.
El segundo de Porro
Deschamps, que había sacado a Koné por el amonestado Rabiot al descanso, metió también a Doué por Barcola en el 56. España toreaba a Francia con la pelota. Y así llegaría el segundo, en una jugada de burreo total de nuestra selección. Lo marcaría Pedro Porro para abrochar una jugada coral de un equipo engrasado y perfecto. El lateral, el mejor del Mundial, se apoyó en Dani Olmo, que le devolvió una pared milimétrica para que el jugador del Tottenham no perdonara ante Maignan. Pues 2-0 y la final más cerca.
Tras el segundo, con España desatada y Francia rota, llegó el tercero. Lo marcó Lamine Yamal, pero el colegiado lo anuló por fuera de juego. Tenía razón. Daba igual porque el partido era nuestro por muchos esfuerzos en solitario que hiciera Mbappé. Todo en vano, porque la selección de Luis de la Fuente se mostraba superior e intratable.
A la desesperada Deschamps quitó a Olise y Digne para meter a Cherki y Theo Hernández. Agotaba los cambios Francia y respondió De la Fuente con en primero en España: Ferran por Oyarzabal, que se había vaciado en defensa y encima había marcado el primero. Luego en el 77 entraron Merino y Pedri por Fabián, que se había marcado un partidazo, y Dani Olmo, siempre brillante.
Exhibición final
Trató de apretar Francia pero en modo Uruguay. Unai Simón, metidísimo en el partido, abortó un par de desmarques de Mbappé. De la Fuente agotó cambios de España en el 83. Fuera Pedro Porro, que acabó roto, y Baena; dentro Marcos Llorente y Nico Williams. Los franceses estaban frustrados, tanto que Mbappé vio una amarilla por golpear a Unai Simón en un gesto de pura impotencia.
En los minutos finales a España sólo le quedaba guardar la ropa para vestirla en la final. Lo hicimos. Los nuestros dibujaban verónicas ante los franceses, que no dejaban de embestir con la testuz baja. Incluso Nico Williams llegó a tener el tercero en sus botas pero erró. No importaba porque el partido estaba (casi, casi) hecho y nuestro pase a la final también. Lo cerramos tras los siete minutos de prolongación, que vivimos tranquilos y nerviosos a un tiempo, y nos metimos en la final del Mundial. Allí esperaremos a Inglaterra o a Argentina, pero a este nivel ya nadie nos da miedo.