Desmontando el miedo
Desde distintos ámbitos políticos se está acusando a los de Abascal de no entrar en los gobiernos por no querer asumir el coste de gobernar. Que prefieren la comodidad de la oposición y así evitar tomar decisiones, gestionar problemas reales y enfrentarse al desgaste que inevitablemente conlleva ejercer el poder. Y llegado ese punto quedar en evidencia, porque la política real —la de los expedientes, los plazos, los presupuestos y las decisiones difíciles— es más compleja que la oposición. Sin embargo, ese planteamiento empieza a resquebrajarse en cuanto se observa lo que ya está ocurriendo.
Es un argumento que, como todos los relatos eficaces, funciona mientras no se contraste con la realidad. Porque la realidad, en cuanto se analiza con detalle, resulta bastante menos cómoda para quienes sostienen ese discurso de manera reiterada. Entre todos los casos posibles, en Andalucía hay un gobierno de Vox que desmonta todo falaz alegato con el que pretenden erosionar su política y su reputación. Concretamente, el del grupo municipal de Bormujos, un pueblo de 26.000 habitantes situado en el cordón metropolitano de Sevilla.
Allí, desde hace tres años, Isabel Madera, la portavoz del grupo municipal, lidera Urbanismo, una de las delegaciones más determinantes que existen en cualquier estructura local. Una concejalía que, lejos de ser menor ni de una posición decorativa, es el núcleo donde se decide el modelo de municipio, el desarrollo económico, la planificación del territorio y el acceso a la vivienda. Es, en términos reales, uno de los espacios donde más se gobierna.
Y lo que ha ocurrido en Bormujos en este tiempo desmonta, con hechos, el relato del supuesto miedo. Y porque gobernar es tomar decisiones en lugar de evitarlas, basta con hacer un breve repaso a los tres años de legislatura de Madera.
En materia de obras, se ha logrado agilizar proyectos y evitar una penalización cercana a los 700.000 euros heredada de la inacción del anterior gobierno. Se ha puesto en marcha el nuevo PGOM, tras 30 años de vigencia del anterior, con el objetivo de diseñar un municipio adaptado a las necesidades actuales y no a una planificación obsoleta. Y se ha impulsado la construcción de un Edificio Multifuncional concebido como foco de innovación, desarrollo económico y modernización urbana. No son anuncios. Son decisiones ejecutadas.
En vivienda, el impacto es aún más evidente. Se ha creado una Oficina de Vivienda orientada a facilitar el acceso real a la vivienda, la cual no existía pese a la obligatoriedad por censo; se han levantado, a día de hoy, dos promociones de VPO para jóvenes y familias del municipio. Una completamente vendida y la otra en proceso, y se ha puesto en marcha una tercera —Bormujos Village— introduciendo modelos de vivienda industrializada que permiten abaratar costes y facilitar el acceso, poniendo de manifiesto que no solo se saben tomar decisiones valientes e innovadoras, sino que se buscan las soluciones reales que sean necesarias para satisfacer la necesidad del municipio.
Además, se han activado mecanismos de desahucio frente a la okupación ilegal para devolver esas viviendas a quienes realmente tienen derecho a ellas, y se ha desarrollado el programa EV Joven mediante acuerdos con entidades financieras para facilitar la entrada inicial a la vivienda protegida. Esto no es teoría política. Es gestión.
En paralelo, se ha priorizado claramente el interés de los vecinos. Se ha finalizado el Centro de Mayores en pleno núcleo urbano, dotándolo de servicios e instalaciones de calidad, y se ha mantenido una posición firme frente a políticas recaudatorias que cargan sobre los ciudadanos, como el conocido «basurazo».
A ello se suma una estrategia de revitalización del municipio con iniciativas como el Plan Vita Centro, orientado a transformar el casco urbano mediante la implantación de plataforma única, mejora estética de fachadas, soterramiento de instalaciones y dinamización comercial.
Y, además, se han diseñado proyectos de futuro que marcan dirección política y que van desde iniciativas como Lagoons City —la conocida «playa de Bormujos»— hasta la conexión de los núcleos urbanos mediante pasarelas o la propuesta de una Escuela de Hostelería. Es decir, planificación, ejecución y visión.
Para no saber gobernar los de Abascal, en Andalucía lo están bordando.
La cuestión, por tanto, ya no es si existe voluntad de gobernar. Es si existe interés en reconocer que esa capacidad ya se está ejerciendo. Porque cuando se gestionan áreas clave, cuando se toman decisiones complejas, cuando se ejecutan proyectos estructurales y cuando se asume el desgaste que implica transformar un municipio, el debate se convierte en evidente, dejando ver las tretas que esconde y que no es otra que erosionar la marca Vox ante el auge constante de voto, pese a que también se empeñen en maquillarlo de fracaso. En política, los relatos se construyen con palabras, pero se desmontan con hechos. Y en Bormujos, los hechos ya están encima de la mesa.
Quizá el problema no es que Vox no quiera gobernar. Quizá el problema no sea que Vox tenga miedo a entrar en los gobiernos. Ante la lucha encarnizada contra Vox, quizá lo que habría que plantearse es si el miedo lo tienen quienes urden las narrativas con el encarecido objetivo de evitarles gobernar, no vaya a ser que cuando puedan demostrar realmente cómo trabajan los de Abascal, el resto se quede en evidencia.
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