Un tesoro gastronómico casi extinto: un pueblo de Castellón de 1.700 habitantes resucita 8 variedades autóctonas de tomate
La agricultura afronta grandes retos, pero a veces se nos olvida la relevancia de mantener la biodiversidad. Por suerte, en España todavía se están recuperando variedades agrícolas de nuestros antepasados. Y en un pueblo de Castellón lo están logrando.
Concretamente está ocurriendo en Viver, un pequeño municipio castellonense, gracias a la Cooperativa de Viver y a la Universidad Politécnica de Valencia (UPV). La idea es llevar al mercado un tomate diferenciado, de calidad elevada y con un sabor reconocible.
En total han devuelto al campo ocho variedades autóctonas del Alto Palancia que permanecían conservadas en el Banco de Germoplasma del COMAV. El proyecto arrancó en 2024 e hizo su primera cosecha en el verano de 2025.
Cómo un pueblo de Castellón ha devuelto a la agricultura ocho tomates autóctonos
El punto de partida no fue una sola variedad perdida, sino una colección mucho más amplia. El trabajo partió de 24 entradas de tomate recogidas en la comarca del Alto Palancia y conservadas por el Instituto de Conservación y Mejora de la Agrodiversidad Valenciana.
Después analizaron los rasgos morfológicos, agronómicos y de calidad, con atención al rendimiento, la uniformidad, la composición química y las características nutritivas.
De ahí salieron ocho tipos varietales con mayor potencial. En concreto, Acostillado de Viver, De Penjar de Viver, Terrero de Viver, Valenciana Blanca-Rosa de Viver, Rosado Plano de Jérica, De Penjar de Jérica, Del Pebre de Jérica y Valenciana Blanca de Altura.
Con el nombre ya se ve que no son tomates genéricos con una etiqueta local, sino variedades ligadas a pueblos concretos del Alto Palancia y a una forma de cultivar que había quedado fuera del gran circuito comercial.
Por qué los tomates del Alto Palancia pueden volver al mercado agrícola
Desde hace un tiempo muchos consumidores buscan algo más que una pieza bonita por fuera. En el tomate importa el sabor, la textura, la calidad interna y el vínculo con la tierra.
Por eso la UPV trabaja en la caracterización, la tipificación, la selección, el estudio de enfermedades y la mejora genética. La cooperativa aporta el cultivo y la capacidad de llevar el producto al mercado.
De hecho, uno de los pasos más delicados está en el programa de retrocruzamiento. El objetivo es introducir resistencia frente a enfermedades detectadas en la comarca sin borrar las características de calidad que hacen reconocibles a estas variedades.
Si el tomate tradicional vuelve al campo con problemas agronómicos difíciles de manejar, su recorrido comercial será más limitado. Si conserva su singularidad y gana resistencia, puede convertirse en una opción más rentable y competitiva para la agricultura local.
Cómo es Viver, el pueblo de Castellón que recupera tesoros hortículas
La Comunidad Valenciana tiene pueblos muy particulares, pero la posición de Viver en el mapa le da un toque especial, ya que está en el valle que une a la región con Aragón.
También conocido como Viver de las Aguas, pertenece a la comarca del Alto Palancia. Está situado al suroeste de la provincia de Castellón, y cuenta con 1.729.
Su término se asocia a más de cincuenta fuentes y a un paisaje de transición entre el clima mediterráneo y el interior turolense, con zonas fértiles regadas por manantiales y una tradición agrícola muy marcada.
El pueblo no se ha elegido al azar, ya que la economía viverense se ha apoyado históricamente en el sector primario. La vid tuvo un peso destacado, aunque la filoxera de finales del siglo XIX dio más protagonismo al almendro y al olivo.